Su visión del chocolate es transgresora. “Cuando yo empecé, hace ocho años, veía que la chocolatería lucía monótona, repetitiva, siempre observaba lo mismo en cuanto a sabor, textura, color, forma. Y de alguna manera, como yo era pastelera, traje un poco de eso a mi chocolatería”.

A través de una entrevista telefónica, Melissa Coppel nos cuenta cómo su mente pastelera comenzó a idear la manera de convertir una barra de chocolate en un postre. O, mejor aún, cómo preparar un postre que luzca como barra. “Empecé a incorporar elementos completamente ajenos al mundo del chocolate dentro de un bombón, texturas mucho más suaves, compotas con una vida útil más breve, pedazos de galletas, de brownie, de bizcocho y así, de alguna manera, revolucioné la parte interna del bombón”.

El color también fue área de experimentación para Melissa. “En esos tiempos, tampoco nadie estaba poniendo mucho color en los bombones. Y así empecé a trasladar esa parte estética de la pastelería en los chocolates”. Y así sus creaciones fueron pintándose de tonos, convirtiéndose en parte vital de su trabajo. “Hoy en día, todo se vende con imágenes”. Aunque, indica, siempre se interesa más por el sabor, la textura y el corte del producto. “Me apasiona mucho más imaginarme cómo se verá un bombón cuando lo corto que como luce por fuera (…). Soy una Libra perfeccionista y quiero ver perfección por fuera y por dentro”.

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Bombón Nutty-Nut. Se prepara con ganache de castaña, ganache de chocolate amargo Guayaquil 64% y crujiente de nibs de cacao.

Siempre feliz en la cocina

Melissa Coppel es una caleña considerada una innovadora en el oscuro mundo de los chocolates. En 2016 fue distinguida dentro del ránking “Top 10 Chocolatiers in North America” por la revista Dessert Professional. Y en 2013 ganó la competencia de “Chocolatier of the Year”, concurso organizado por el portal PastryLive.com, en Atlanta.

Nació en Cali hace 38 años. Fue una pésima estudiante en el colegio, pero desde pequeña sintió un interés por el arte y la gastronomía. “Cuando me gradué, mi mamá me dijo que lo único que yo disfrutaba era la cocina, pero como hace 20 años no había ninguna escuela de gastronomía, comencé a estudiar hotelería y turismo, carrera en la que enseñaban cocina un par de horas a la semana”.

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Después de graduarse viajó a Estados Unidos para tomar cursos cortos de esa especialidad. Regresó a Cali y enseñó talleres de gastronomía a entusiastas para ahorrar dinero que la ayudaría a viajar a Argentina. “Ya había tomado la decisión de ser pastelera. Estudié con un francés que ahora es muy famoso porque sale en televisión; se llama Olivier Hanocq. Éramos cuatro estudiantes que íbamos a su casa. Fueron seis meses”.

Se casó con Alain Coppel y viajó a Estados Unidos para estudiar en el French Pastry School de Chicago. Luego se mudaron a Las Vegas, donde laboró en Joel Robuchon at the Mansion, un restaurante de 3 estrellas Michelin, y posteriormente en los hoteles Caesars Palace y Bellagio. Pero ya con una hija, que hoy tiene 7 años, decidió salir del área de los hoteles, por ser asfixiante. Fue socia de Jean-Marie Auboine Chocolates, empresa que proveía esos productos al por mayor a los hoteles de la zona, hasta que hace tres años abrió su propio negocio, Atelier Melissa Coppel, que recientemente se transformó en Melissa Coppel Chocolate and Pastry School. “Dicto cursos de tres o cuatro días. Me encargo del 90% de las clases, aunque también invito a chefs del extranjero”.

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Melissa Coppel  se define como una Libra perfeccionista. Está casada y tiene una hija de 7 años. Pronto abrirá una tienda virtual.

También viaja mucho enseñando este arte. “Yo creo que todos tenemos un propósito en este mundo. La vida tiene que ser más que levantarte, trabajar, hacer dinero y acostarte a dormir. He encontrado una motivación especial en ser profesora. Me he dado cuenta de la importancia que represento como mujer latinoamericana en la mayoría de las escuelas a las que he ido. En academias de Japón y Europa he sido la primera mujer que ha enseñado. Es algo bien fuerte. Y no es por falta de talento. Es falta de apoyo”. Por ello, su labor docente le brinda una especial alegría. “Enseño una semana en Las Vegas. Y paso el resto del mes viajando. Ya he visitado países como Australia, Japón, Italia, Alemania, Polonia, Ucrania, México y Bolivia”. El próximo año tiene planeado enseñar en Suiza, Escocia, Rumania, Singapur, Israel... “Me estoy dedicando a ser embajadora de las mujeres”.

Además, para fines de este año prevé abrir una escuela online para cubrir más países con sus enseñanzas y una tienda virtual para abarcar más lugares con sus bombones. Todo aquello es parte de su dulce negocio.

Yo creo que todos tenemos un propósito en este mundo. La vida tiene que ser más que levantarte, trabajar, hacer dinero y acostarte a dormir. He encontrado una motivación especial en ser profesora.Melissa Coppel