El COVID-19 se ha convertido en una sombra para decenas de personas en los últimos dos años. Si bien en esta nueva ola de contagios miles que estaban ‘invictos’ pescaron la variante ómicron, hay otros que ya llevan padeciendo dos y hasta tres veces de este virus. Unos lo pescaron en el 2020 y volvieron a tenerlo en el 2021 o lo agarraron en estos días del 2022.

Los síntomas son tan variados y unos cuentan que hasta diferentes frente a sus primeras experiencias, algunas de las cuales dejaron secuelas.

Vanessa Robles comentó que estuvo diez días aislada recuperándose del COVID-19 por segunda ocasión. Esta vez con la variante ómicron y con dos dosis anti-COVID-19.

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Ella comentó que sintió dolor al cuerpo, malestar, fiebre, dolor de cabeza, como un especie de trancazo.

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La joven recordó que en el 2020 estuvo infectada con el virus, los primeros cinco días fueron con síntomas tratables en casa, pero el día 9 sintió que iba a morir.

“Fue un resquebrajamiento en mi salud. Sentí que me ahogaba, me llevaron de emergencia a la clínica Kennedy Alborada, me pusieron sueros, oxígeno, me estabilizaron y estuve internada dos semanas”, recordó.

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Lo peor es que tuvo que aguantar de espaldas el tratamiento. Sentía que le quemaban los pulmones porque no le podían poner antiinflamatorios al ser alérgica, y sufrir de deficiencia de glucosa lifosfato. “Me tocó aguantar todo. Luego pude recuperarme”, dijo.

Igual situación vivió Jorge, residente del sur de Guayaquil. Su esposa, Pierina, comentó que el pasado 17 de marzo empezó con fiebre, escalofríos, sudoración excesiva, fatiga, dolor de cabeza, dolor de cuerpo, pérdida de apetito, pérdida de gusto y olfato, diarrea y dificultad para respirar que luego se convirtió en neumonía, todo el proceso fue más de 17 días.

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“A mí ya me habían entregado una hoja de ingreso para el hospital de Los Ceibos, pero mi doctora obstetra que vigilaba mi embarazo en ese momento me dijo que no lo lleve allá porque no salía vivo en ese momento de la crisis sanitaria”, señaló.

Ella comentó que hubo noches en que tosía tanto, se desesperaba tanto que creía que en cualquier momento iba a ser su último suspiro. “Recuerdo que el doctor que lo trató en el barrio me dijo, ya solo Dios lo puede salvar, porque otras personas en menos días se han ido”, indicó.

Mientras que en el contagio que vivió hace unos día fue diferente, él solo tuvo un día de fiebre, escalofríos, dolor de cabeza, dolor de articulaciones, y tos que le duró más de tres días.

El doctor Orlando Pin explicó que este virus ha pasado por diversas mutaciones a una velocidad bárbara desde las cepa original de Wuhan, alpa, beta, gamma, delta... y ahora la ómicron. “El problema es las personas que no se vacunan, ellos son una máquina para hacer mutaciones, por eso que es necesaria la vacunación porque si ya nos enfermamos con una cepa, sí podemos contagiarnos con una nueva”, comentó.

Añadió que lo principal es evitar enfermarse de COVID-19, ya que independiente de la variante, quien se infecta del virus va a tener un sistema inmunológico débil. “Si alguien no se ha vacunado y se enferma con ómicron puede ir a parar a hospitalización, depende del sistema inmunológico”, comentó.

En eso coincide el médico intensivista Alberto Campodónico. Él explicó que el virus inicial y las primeras variantes fueron fuertes, lo llevaban a la cama del malestar de los síntomas o a hospitalización, ahora también se evidencian casos complejos de la enfermedad a quienes están contagiados con la variante delta y con ómicron los que no se vacunaron.

Pacientes llegan a diario a los centros médicos y hospitales para recibir atención por complicaciones respiratorias en este nuevo repunte de casos en la ciudad. Foto: Jorge Guzmán. Foto: El Universo

En otras provincias también se cuentan personas que han tenido que lidiar más de una vez con el virus y sus secuelas. María Eulalia Pesántez fue diagnosticada con COVID-19 por segunda ocasión este año. Ella, con calma, espera cumplir su aislamiento en casa para hacerse una nueva prueba para saber si sigue infectada. Mentalmente se siente mejor en relación con su primer contagio, pero siente que trece meses después aún tiene secuelas físicas, entre ellas la falta parcial de olfato.

Ella no sale de su casa desde el miércoles 29 de diciembre, ya recibió sus dos dosis de la vacuna Sinovac. Recuerda que en noviembre del 2020 notó el contagio por síntomas fuertes como decaimiento, una saturación de oxígeno muy baja, mucha fiebre y falta de olfato. Siendo justamente este último el que le hizo poner sobre alerta para practicarse la prueba.

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En esta segunda ocasión, la sintomatología fue diferente y solo sentía dolor de cabeza, congestión nasal y dolor muscular. Pensó que le iba a dar una fuerte gripe, pero al conocer que su cuñado dio positivo decidió hacerse una nueva prueba, la que finalmente confirmó su sospecha.

Ahora se recupera con medicamentos y tomando muchos líquidos, en especial las conocidas ‘aguas de viejas’, que no son más que aromáticas de diferentes tipos de hierbas.

La primera vez estuvo encerrada en su habitación durante 22 días, a su hijo solo lo veía con la puerta entreabierta y como es natural tenía mucha incertidumbre.

Bernardo Vega es un médico e investigador de la Universidad de Cuenca que desde el inicio de la pandemia mantiene un estudio estadístico de la evolución del coronavirus en Cuenca. En su último reporte publicado días atrás refirió que entre el 27 de diciembre y 2 de enero en Azuay se conocieron 24 casos positivos por día y existe una aceleración de 70 contagiados en relación con la semana pasada.

https://www.eluniverso.com/guayaquil/comunidad/guayaquilenos-se-recuperan-del-covid-19-en-sus-casas-con-cuidados-medicos-particulares-por-temor-a-complicarse-en-hospitales-debido-al-aumento-de-casos-nota/

Cristian Sornoza, quien tuvo diversas secuelas por el doble contagio, aún dice que afectan su normal vivir en su natal Santa Ana, en Manabí. Él recordó que el primer contagio que tuvo fue en mayo de 2020.

Y aunque Sornoza no se realizó en aquella época la prueba para comprobar con certificación médica el contagio (por escasez de pruebas), manifestó que tuvo todos los síntomas, desde pérdida de olfato, gusto, malestares corporales y otras secuelas.

El olfato y gusto lo perdió por un mes, pero luego volvió. Mientras que el segundo contagio sí pudo confirmarlo con pruebas, fue en marzo del 2021.

“En la primera vez que me contagié sí sentía ciertas cosas, ciertas texturas, en cambio en la segunda lo perdí completamente, a tal punto que me comí un guineo con cáscara y todo y la única diferencia fue la textura”, señaló Sornoza, quien durante los tres meses siguientes comió sin sabor ni gusto.

Fue tanta la angustia y depresión por el hecho de no distinguir los sabores, que estuvo en depresión, lo que a su vez generó problemas gástricos que aún trata con medicamentos.

Pese a consultar con médicos sobre cómo superar los problemas de falta de gusto y sabor, esos inconvenientes los superó a las pocas horas de ponerse la primera dosis de vacunas contra el COVID-19, que se puso en junio pasado. Para confirmar si recuperó el gusto fue a comprarse un ceviche.

Sornoza indicó que aún tiene secuelas como las de cansarse si corre o sube escaleras, y por ejemplo dejó de comer maní, porque el gusto le sabe a perfume. (I)