Al ingresar a la torre Morisca o torre del Reloj, la guía Miriam Naula da la bienvenida a los visitantes y comparte con ellos la historia de varias fotografías antiguas que reposan en la base de la estructura; les habla de las características y curiosidades de este espacio turístico que cumple 93 años en su actual dirección, en la av. Malecón y República de Guayaquil (antes 10 de Agosto).

Esta guayaquileña, de 41 años, es una de los cuatro guías del Museo Municipal que se encargan de ofrecer recorridos gratuitos a los visitantes que asisten a la torre Morisca.

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Naula, quien es graduada en Turismo en la Escuela Superior Politécnica (Espol), lleva doce años como guía en el Museo Municipal y seis en la torre Morisca, siendo la más antigua en esa labor en este punto turístico de más de 20 metros de alto, construido sobre una base octogonal por el ingeniero Francisco Ramón y el arquitecto Joaquín Pérez Nin y Landín, ambos catalanes.

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“Escogí la carrera porque me gusta el servicio, conocer y viajar. Siendo estudiante en Las Peñas (Espol) veía cómo este lugar se reconstruía. Sin imaginarme, venía caminando por acá e iba a la biblioteca por horas”, recuerda la guía sobre su etapa universitaria, cuando se daba un cambio de imagen a la zona del malecón.

En la parte inicial de los recorridos, ella suele iniciar su exposición con detalles relevantes de la historia de la torre del Reloj, que antes se ubicó en la casa del Cabildo y mercado de la Orilla, y luego, desde el 24 de mayo de 1931, se situó en una estructura definitiva en su actual posición.

También les habla del origen del reloj, que fue traído de Inglaterra en septiembre de 1842, en la segunda presidencia de Juan José Flores, mientras era gobernador Vicente Rocafuerte.

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Ella dice que le gusta poder contar estos pasajes históricos para que la comunidad pueda conocer las situaciones y ejemplos de unión que hubo en esa época para dejar un legado a la urbe. En ese entonces, por ejemplo, la puesta de la torre del Reloj pudo ser ejecutada por el apoyo recibido por Manuel Antonio de Luzárraga, quien prestó dinero.

“Si no se unifican fuerzas, no se puede lograr y hacer grandes cosas. Poder acceder a un espacio público y poder subir para conocer sobre el funcionamiento de la maquinaria es una oportunidad importante para los visitantes”, explicó.

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A diario, ella suele recibir variedad de visitantes: ciudadanos locales adultos que por primera vez conocen el espacio, ciudadanos procedentes de cantones aledaños, migrantes que retornan a la urbe y turistas extranjeros. Entre el público pueden variar los perfiles: estudiantes, docentes y profesionales de distintas ramas, como científicos y marinos.

Recorridos gratuitos se ofrecen de jueves a sábado, de 10:00 a 17:00. Foto: José Beltrán

“Para muchos ciudadanos, aunque no se lo crea, es la primera vez que vienen a la torre. Personas de 60, 50, 40 años... toda la vida han vivido aquí y no sabían que este lugar ha sido de acceso al público y menos gratuito”, dice la guía.

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En parte del recorrido, los visitantes acceden al segundo piso de los cuatro que tiene la torre. Allí conocen sobre el sistema que opera al reloj y además pueden observar por los vitrales para avizorar puntos estratégicos, como el Palacio Municipal, la Gobernación del Guayas, la calle 10 de Agosto y el tramo ahora bautizado como República de Guayaquil, y también el río Guayas. En ese punto, durante varios minutos suelen quedarse los visitantes para tomarse fotografías.

“Era importante (esta torre) porque esta es una ciudad puerto; y usted, si viene navegando por el río, lo primero que ve es una torre, un baluarte, la fortaleza de la ciudad. Esta torre era importante que tuviera un reloj, porque vienen de otros lados y se ubican en el tiempo local. Poder acceder a un espacio público y poder subir para conocer sobre el funcionamiento de la maquinaria es una oportunidad importante para los visitantes”, expone ella.

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Entre las anécdotas, ella recuerda que hay muchos visitantes que recuerdan la historia de Dante Reyes Moreno, conocido como el Cuentero del Muisne, quien sacó provecho del desconocimiento de una pareja de suizos, que eran coleccionistas de cosas antiguas, para ofrecerles la venta de este espacio.

Concretaron la transacción y al día siguiente, cuando volvieron, se dieron cuenta de la estafa. Muchos llegan por la curiosidad de ese episodio.

Miriam Naula (d) es una guía de la torre Morisca. Durante guianza a jóvenes que visitaron espacio. Foto: José Beltrán

“Que sepan que el lugar está abierto; que puedan conocer parte de la historia. Es el único lugar (de este tipo al) que pueden acceder en la ciudad: la Catedral tiene su torre, el Telégrafo tiene su reloj, pero no se puede llegar. Hay quienes piensan que es de difícil acceso, pero ya cuando vienen ven que es cómodo y accesible”, remarca Naula.

A diario, en promedio, esta guía suele realizar la guianza de un total de 40 personas, que se distribuyen en pequeños grupos de máximo cinco personas. Los tours gratuitos se dan de jueves a sábado, de 10:00 a 17:00. Previamente, ellos llenan una hoja con datos básicos de identificación.

Sobre su trabajo en ese sitio, ella remarcó que debe estar en constante lectura de archivos históricos para enriquecer sus recorridos y estar preparada para las consultas de visitantes.

“Es enriquecedor. Uno siempre está aprendiendo, porque hay mucha información. Tenemos la suerte de que tenemos la biblioteca; entonces, para un tema de consulta recurrimos a las fuentes bibliográficas, para dar una información correcta al visitante. Uno aprende de ellos: es un intercambio de conocimientos”, dijo.

En sus labores, a la par con sus tres colegas, Naula además comparte la guianza en el Museo Municipal y participa de investigaciones, preparaciones y la puesta en marcha del programa de mediación cultural Jornadas de Narración y Cuenta Cuentos, que consiste en presentar dos programas al mes sobre hechos históricos.

A nivel local, ella resalta los recorridos históricos que recientemente promovió el Municipio, bajo la guía de profesionales, para dar a conocer distintas rutas relevantes en la historia de la urbe, como de los piratas y espacios patrimoniales. (I)