Entre la población médica se conoce la diferencia que puede existir entre un medicamento de marca o innovador y su par genérico. En la práctica esa diferencia podría ser mínima y no conllevaría inconvenientes a quienes consumen el segundo para aplacar algún problema de salud, según especialistas consultados.

Francisco Hernández, experto en farmacología, explica que en el mercado se venden los medicamentos conocidos como innovadores, que no son otra cosa que los productos de marca, producidos desde moléculas nuevas por las transnacionales farmacéuticas, sometidos a ensayos clínicos para alcanzar niveles altos de seguridad y eficacia (como ha sucedido con la búsqueda de la vacuna contra el nuevo coronavirus), y que salen a la venta cuando han conseguido terminar la fase 3.

“Los países donde se crean esos medicamentos les dan a las transnacionales unas patentes que duran unos diez años; después de más o menos diez años de utilizar el medicamento en determinado país —uno de estos es Estados Unidos—, se libera la patente de ese producto y puede ser producido como genérico”, detalla Hernández, quien es docente de Farmacología Clínica de la Universidad de Guayaquil.

El especialista agrega que cualquier laboratorio puede producirlo, cumpliendo las normas establecidas por el país donde se patentó el fármaco, para luego etiquetarlo con el nombre propio del principio activo o con otro de su preferencia para su pronta comercialización.

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“El producto genérico difiere del innovador porque es otra materia prima, entre otras cosas, con las que se produce el producto innovador. La materia prima de un país de primer mundo, como Inglaterra, Canadá, Estados Unidos, Japón, difiere de los otros países”, indica el farmacólogo.

Entonces, para que el medicamento experimental pueda considerarse un genérico intercambiable y competir con el fármaco de marca, explica, debe superar una prueba de farmacoequivalencia —cuya variación no debe superar el 20%—, en la que un individuo sano la consume, va a la sangre para absorberse, metabolizarse en el hígado y excretarse por vía renal (generalmente).

Días atrás, un usuario de Twitter aseguró que, tras pedir un análisis de laboratorio privado a tres productos que entregó una institución pública a sus pacientes, se determinó que esos fármacos contaban con menos del 65% del principio activo, es decir, el componente principal que produce los efectos deseados cuando se trata una dolencia, como el paracetamol, elemento clave de varios productos que se usan para controlar la fiebre y el dolor.

Esta persona, que conversó con EL UNIVERSO, aseguró que presentó una queja formal al Ministerio de Salud Pública (MSP), cartera de Estado a cargo de la aprobación de las compras de medicamentos, para que se investigue. Este Diario solicitó una entrevista al MSP, pero no se concretó una cita hasta el cierre de esta publicación.

El ciudadano dijo que se siente indignado, porque cuando su padre fue atendido en una casa de salud pública se pidió que la familia comprara medicina que no había en estocaje: “Mi padre muere en ese hospital y teníamos que salir de madrugada a buscar medicamentos. Esa es mi motivación. Porque los medicamentos que estaban administrándole tenían que ser los que estaban en bodegas y no los que debían ser administrados como tal”.

“Gente se llenó su bolsillo y no está en la cárcel, mientras la gente moría en los hospitales. Lo que se necesita es eliminar los medicamentos genéricos de mala calidad que están en las instituciones”.

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Cuando la medicina se convierte en un placebo

Para el farmacólogo Hernández, cualquier medicina con una variación considerable de los niveles de un remedio de marca es un placebo, una sustancia que carece de acción terapéutica pero que genera una sensación de mejoría en el paciente convencido del poder curativo de la pastilla, polvo, jarabe, etc.

Con él concuerda el doctor Jhon Cuenca, clínico intensivista, quien menciona que esa diferencia la evidencian los pacientes en las consultas.

“En el momento en que conversas con el paciente, él nos dice: ‘No, no es lo mismo. Cuando cambié no fue lo mismo, se me subía la presión’. Uno lo ve en la práctica clínica diaria. De allí que se debería hacer el seguimiento de los productos genéricos o bioequivalentes, ver la biodisponibilidad y bioequivalencia (la igualdad de efectos biológicos de dos medicamentos) entre el genérico y de marca. Si el producto dice que tiene 500 miligramos de paracetamol, que tenga los 500 miligramos de paracetamol”, comenta el doctor Cuenca, quien señala las consecuencias en cuadros crónicos.

“Por ejemplo, en un diabético, que si no está bien controlada su glucosa, va afectando con el tiempo el control metabólico, hay más azúcar, alteración de la función renal, alteración vascular, probablemente el pronóstico del paciente va a cambiar. O un paciente que tiene un proceso bacteriano, va a tener menos respuesta clínica sobre esa bacteria y va a tener problemas en cuanto a la resistencia”, cita como ejemplos.

Cuenca sostiene que por la difícil economía de los pacientes, doctores recetan medicamentos bioequivalentes a los de marca, que en la práctica tienen que combatir satisfactoriamente las dolencias.

¿Los controles son suficientes?

Este Diario solicitó una entrevista al departamento de Comunicación de la Agencia Nacional de Regulación, Control y Vigilancia Sanitaria (Arcsa) para preguntar sobre los controles que ejecuta a la medicación genérica en el país, pero no hubo respuestas.

En su página web, sin embargo, la Arcsa tiene colgada información sobre alertas de supuesta falsificación de medicamentos.

Por otro lado, en la página 52 del documento ”Rendición de cuentas 2020″ se informa sobre la capacidad de análisis del laboratorio de referencia: “Durante el 2020 se ingresaron 2.107 muestras (alimentos, medicamentos, productos naturales, dispositivos médicos, entre otros), del total fueron analizadas 1.968 y el 7,7% de muestras están pendientes, siendo la principal causa la falta de metodología analítica y no contar con los patrones de referencia”. Veintisiete muestras fueron rechazadas.

La química Sofía Iguago indica que los estudios químicos que se deben hacer a las medicinas que se comercializan en el país son importantes para evitar un problema de salud generalizado.

“Viene, por ejemplo, un ibuprofeno. Lo primero que se hace es un análisis espectrofotométrico, que indica si el producto es ibuprofeno, porque supongamos que le pusieron harina y no es ibuprofeno. La espectrofotometría da una huella digital del producto. El ibuprofeno tiene ese comportamiento con la luz ultravioleta, de acuerdo al rango de onda que le demos”, detalla la experta.

En cambio, si se quiere conocer la concentración del principio activo, Iguago explica que se realiza una cromatografía líquida: “Esta le da la concentración de en cuánto está, en la que viene el producto”.

La química dice que la Arcsa debe ser muy estricta con los controles y recomienda a la ciudadanía evitar la compra de medicinas en lugares no autorizados para la comercialización de esos productos de uso delicado, ya que se han registrado casos de falsificación y adulteración de fármacos, o venta de mercadería caducada. (I)