El olor nauseabundo inunda los interiores de las casas y negocios. Sauces 4, en el norte de Guayaquil, es una de las zonas más afectadas por la pestilencia que generan las lagunas de oxidación ubicadas en el sector de Samanes y que tiene a cargo la concesionaria Interagua.

Los habitantes dicen que esta situación lleva años. “Hemos hablado con las autoridades y no hay resolución sobre el asunto”, indica Juan Pinargote, morador de Samanes, colindante con Sauces 4.

“Por más que limpie la casa profundamente y ponga esencias no se va el olor. Esas plantas (de tratamiento) no deben de existir”, dice Marisol Cervantes, residente de la zona.

En Guayacanes, varios negocios de comida han tenido bajas ventas dado que decenas de comensales ya no visitan los comedores porque no quieren servirse su plato favorito por los olores. Aura López, dueña de una mecánica de carros, manifiesta que esos olores son los causantes que algunos de sus clientes ya no vengan a arreglar sus autos. “No deben existir esas lagunas”, señala.

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Asimismo, July Mora vende bolones todos los días fuera de su casa y se ha visto afectada. “Tengo meses que tengo cinco o siete personas que consumen mi bolones. Antes tenía 20 clientes, solo quiero que ya no se perciba ese olor porque al comer con mi familia es molestoso”, afirma.

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El ambiente fétido que se percibe en estos sectores es molestoso hasta para los usuarios y conductores de carros particulares y buses interprovinciales que pasan por la autopista Narcisa de Jesús, porque a pesar de que tienen las ventanas cerradas y ubiquen aire acondicionado el olor ingresa al interior de los autos.

En Sauces 4, los moradores exigen que ya no existan estas lagunas, ya que estos olores pueden causar enfermedades a los pulmones por lo que se respira todos los días.

Andrés Benítez padece de migraña y cuando empieza a invadir el olor fétido en su casa siente ganas de vomitar y se estresa. “En mi sector vivimos en hacinamiento y ese olor se concentra en cada casa y más aún cuando estoy con migraña no se pasa rápido”, dice.

Lo expresado por los moradores de que los olores fétidos no son de ahora tiene asidero en reclamos que se hacían permanentemente hasta el 2018. En junio de ese año, el entonces alcalde Jaime Nebot anunciaba que el Banco Mundial dará en julio de ese año un préstamo de 140 millones de dólares para construir la planta de tratamiento de Los Merinos y ampliar las plantas de oxidación en Los Samanes.

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Estas obras eliminarán los malos olores que desprenden las lagunas de oxidación al sector de la ciudadela Los Samanes (norte), un reclamo continuo de sus moradores, aseguró el alcalde. “En el mes venidero de octubre no habrá olores, partiendo de la base de la información que he verificado y que me han dado los técnicos de Emapag (Empresa Municipal de Agua Potable y Alcantarillado de Guayaquil) e Interagua”, dijo Nebot en declaraciones difundidas por el Municipio el 20 de junio.

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Posteriormente los olores desaparecieron, pero ya desde meses atrás se han vuelto insoportables en la zona. Luego de un proceso, el proyecto Los Merinos ya ha sido adjudicado y funcionará en los predios donde funcionan las lagunas de oxidación.

El proyecto tratará cinco metros cúbicos de aguas residuales por segundo, lo que significa quintuplicar la capacidad actual de las lagunas de oxidación que tratan un metro cúbico por segundo. Según el cabildo servirá a más de 1′200.000 habitantes cuando se ponga en funcionamiento.

Y aquello la proyecta como la planta de tratamiento de aguas residuales más grande del Puerto Principal. Al caer el sol, los habitantes de diversos sectores, incluso de la avenida Samborondón, indican que los olores se mantienen.

Este Diario envió pedidos de información sobre el tema al Municipio, Interagua y Emapag, la mañana del pasado viernes, pero hasta las 17:00 de ese día no hubo respuesta y según una fuente de Emapag, los técnicos no estaban autorizados a dar declaraciones. (I)