Acompañada por sus dos hijos, Soraya Córdova salió del Colegio Nacional Guayaquil emocionada por una nueva matriculación en su núcleo familiar. Esta vez uno de sus hijos irá al colegio por la zonificación.

A ella le llena de alegría porque es la misma institución de la que sus dos hermanas mayores también formaron parte. Así, el próximo 4 de mayo arrancará una nueva historia para su hijo.

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Con los papeles en la mano en un sobre manila, contó que ella también quiso estudiar en ese colegio cuando era joven, pero no lo logró. Años después, dos de sus hijas pasaron por esas aulas y una de ellas, Shantal, logró ingresar a la universidad, también en Guayaquil, tras rendir su examen.

“Se graduó y entró a la universidad estatal; entonces, sí doy fe de que la educación es buena”, afirmó.

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No dejó pasar el tema de la reputación del colegio debido a los casos disciplinarios que ha tenido a lo largo de los años. “Tiene problemas como todos, pero hay buenos maestros”, sostuvo.

Dijo que la satisfacción no está en el trámite, sino en ver a sus hijos vestir ese tradicional uniforme blanco con rayas azules que ella imaginaba para sí. “Yo soñaba con venir aquí; verlos a ellos fue una alegría”, agregó con nostalgia.

Cuando el ingreso a un colegio era una odisea

En estos días, en las afueras de los portones del Colegio Vicente Rocafuerte y del Colegio Nacional Guayaquil, se empieza a notar a padres que llegan con documentos en mano y conversaciones sobre las matriculaciones para este nuevo periodo lectivo.

Asimismo, se encuentran otros grupos pequeños que se acercan, preguntan y se retiran tras recibir información en estos planteles, que aún mantienen un lugar específico dentro de la elección educativa en la ciudad, incluso en un contexto en el que gran parte del proceso de matrícula se gestiona por vías digitales.

Hubo un tiempo en el que estudiar en el Colegio Nacional Guayaquil o en el Colegio Vicente Rocafuerte no dependía de una asignación, sino de insistir, madrugar y esperar a que un cupo se abriera, mientras afuera se acumulaban familias que intentaban asegurar un lugar para sus hijos en planteles que ya entonces eran mencionados como referencia en la ciudad.

Ese recuerdo aparece ahora en madres que, años después, ven a sus hijos cruzar esos mismos portones en condiciones distintas, pero con la misma expectativa que en su momento tuvieron de pertenecer, porque lo que antes fue una aspiración que no se concretó hoy se cumple a través de ellos.

En las afueras del Colegio Vicente Rocafuerte, familias gestionan sus documentos y mantienen la tradición de la búsqueda de cupos en instituciones emblemáticas. Foto: José Beltrán

Ignacia Ramírez contó que su hija fue asignada al Colegio Guayaquil y la noticia se recibió con alegría en casa. Mientras esperaba información sobre el proceso, recordó cómo se hablaba de ese colegio cuando ella estudiaba. “Era uno de los más antiguos, el más prestigioso, era difícil entrar”, apuntó.

En su caso, no pudo hacerlo. Explicó que en ese entonces había que llegar desde la madrugada, esperar, intentar, sin garantía de conseguir una matrícula. “Había que dormir afuera para lograr un cupo, acampar”, señaló. Hoy, el ingreso de su hija ocurre sin ese escenario, pero con otra responsabilidad que, según indicó, asume de cerca. “Hay que ayudarla, acompañarla para que termine”, manifestó.

Las generaciones de vicentinos

En el Colegio Vicente Rocafuerte, la relación con el colegio toma otra forma. Martha Tercán explicó que su vínculo empezó por una asignación, pero con los años se mantuvo en su familia. Tiene hijos que ya se graduaron y otros que siguen estudiando ahí. “No tengo quejas; pero, como todo, siempre hay que estar pendiente de los muchachos”, señaló.

Para ella, la decisión de continuar no se basa en lo que escuchó de otras personas sobre el colegio, sino en lo que ha visto a lo largo de los años, su historia y su tradición.

Mencionó que sus hijos han podido seguir estudiando luego de terminar el colegio y eso influye en mantener a los más pequeños en el mismo lugar. “Han tenido oportunidades para seguir; eso cuenta”, indicó.

El proceso de matrícula digital no detiene la afluencia en varios colegios de Guayaquil. Foto: José Beltrán

Estos colegios siguen presentes en lo que se comenta entre las familias, en lo que se recuerda de generaciones anteriores y en lo que se espera para los hijos que recién ingresan.

Antes, el ingreso a estas instituciones ponía de nervios y conseguir un cupo llenaba de incertidumbre. Ahora, en muchos casos, se llega por asignación zonal. Lo que no cambia es la forma en que estos planteles siguen generando expectativas, por su tradición, su historia. (I)