La Catedral Metropolitana de Guayaquil acogió este sábado 7 de febrero la misa de honras en memoria de monseñor Antonio Arregui, arzobispo emérito de la ciudad, fallecido el jueves 5 de febrero a los 86 años.

La ceremonia reunió a decenas de fieles que acudieron para rendir homenaje y elevar oraciones por quien fue una de las figuras más representativas de la Iglesia católica local.

La eucaristía fue presidida por el cardenal Luis Cabrera, arzobispo de Guayaquil, en medio de un ambiente de recogimiento y respeto.

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Al término de la celebración, los restos de Arregui fueron trasladados al mausoleo arzobispal de la Catedral y, luego de ello, se permitió el ingreso de los asistentes para despedirse.

La Catedral de Guayaquil se llenó para despedir a monseñor Antonio Arregui. Foto: José Beltrán

Virginia Peña, feligresa de Sauces 2, destacó el trato cercano del arzobispo emérito.

“Era muy encantador, más que todo porque acogía a todas las personas. Siempre estaba pendiente de los voluntariados, que es lo importante. Porque eso es la iglesia, somos todos. Y a él no le importaba nada, sino que ayudaba a todos. Es duro”, expresó.

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Añadió que la concurrencia reflejó el aprecio de la comunidad. “Ver la cantidad de personas, que son muchísimas, dice muchísimo sobre quién fue”, señaló.

Jaqueline Saavedra España acudió como asistente tras recibir una invitación, a pesar de que no conoció personalmente a monseñor Arregui.

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“Con la cantidad de personas que vinieron, se ve que ha tenido aceptación, hizo una excelente labor y eso ha influido para que tenga esa concurrencia. Primera vez en mi vida que yo veo un velorio así de lleno”, manifestó Saavedra, quien reside en Las Acacias.

Durante la homilía, el cardenal Cabrera recordó la gestión pastoral de Arregui. Señaló que entre 2003 y 2015 creó 68 parroquias, algunas ubicadas en las diócesis de San Jacinto de Daule y Santa Elena.

También destacó que en la vida pública su palabra “clara y serena” defendió la dignidad humana, la justicia y la paz, lo que le valió respeto incluso entre quienes no compartían su fe.

“Pensemos en el cariño del pueblo, la fecundidad de su ministerio, tantas vocaciones, comunidades fortalecidas, corazones transformados. Hoy creemos que recibe la mayor recompensa, la vida eterna”, expresó Cabrera.

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Añadió que no solo se despedía a un arzobispo, sino que se agradecía a “un padre, un pastor, un hermano, un amigo, un servidor del Evangelio”.

El cardenal afirmó además que, en lo personal, fue “un hermano y amigo” que incluso en la enfermedad estuvo cercano con consejos prudentes y acompañamiento discreto en momentos importantes de la Arquidiócesis.

“Gracias, Antonio, por tu cercanía, por tu sencillez y por tu generosidad. Gracias por tu palabra firme y tu corazón compasivo, por tu amor preferencial a los pobres y por tu amor incondicional a la Iglesia y a este pueblo”, manifestó durante la misa.

Monseñor Arregui Yarza nació en España en 1939 y desarrolló gran parte de su vida ministerial en Guayaquil, donde fue obispo auxiliar y luego arzobispo entre 2003 y 2015.

Tras cumplir 75 años presentó su renuncia, conforme al Derecho Canónico, la cual fue aceptada por el papa Francisco. Desde entonces fue arzobispo emérito de la ciudad.

Durante su servicio impulsó obras como el Banco de Alimentos Diakonía, la red de dispensarios Redima y la red educativa de colegios católicos. En noviembre de 2025 se retiró del servicio eclesial en la Catedral, en una ceremonia en la que ofició la ordenación de seis diáconos y dos sacerdotes.

En las últimas horas previas a su fallecimiento, fieles habían pedido oraciones por su salud. Este sábado, la Catedral volvió a llenarse para despedirlo y acompañarlo en su descanso final en el mausoleo arzobispal. (I)