El trajín de quitarse los zapatos, remangarse el pantalón para cruzar calles anegadas y esperar más de lo habitual el transporte público no es la única incomodidad que deja el invierno en Guayaquil. Con las lluvias también emerge otro problema: la presencia de ratas en distintos puntos de la ciudad. Las precipitaciones inundan madrigueras, alcantarillas y terrenos baldíos donde suelen refugiarse estos roedores.
Ante la acumulación de agua, buscan alimento y lugares secos en la superficie, lo que facilita su ingreso a viviendas y negocios de la urbe.
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A esto se suma la inadecuada disposición de basura y restos orgánicos, que se convierten en una fuente constante de comida. En sectores con drenaje deficiente, la situación se vuelve más evidente y molestosa.
En Sauces 4, en el norte de la ciudad, Cristóbal Sampedro aseguró que el panorama es recurrente. Cada mañana, cuando sale rumbo a su trabajo, observa ratas desplazándose por los bordillos de las veredas. El vecino atribuyó la problemática a la falta de responsabilidad de quienes no respetan los horarios de recolección de basura o dejan las fundas en las esquinas. “Las personas no respetan los horarios. A otros les da hasta pereza dar unos tres pasos para ubicar la basura donde corresponde. Esa es la problemática de todos los años”, afirmó.
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Explicó que la situación empeora con las lluvias y con la presencia de recicladores y perros que rompen las fundas. “Riegan la basura en el piso y eso atrae a las ratas”, reclamó.
Sampedro consideró que cualquier control en la calle pierde efectividad si no existe la colaboración ciudadana.
“No sirven de mucho los controles si la gente no actúa con conciencia”, sostuvo.
En el centro, sobre la avenida 9 de Octubre, Ernesto Magallanes describió una escena similar en las primeras horas del día. A las 06:30, cuando se dirige a su oficina, observa ratas en los árboles o saliendo de las alcantarillas. “Usted pasa por aquí temprano en la mañana y verá muchísimas en los árboles y saliendo de las alcantarillas”, dijo. Incluso en mediodía, cuando sale a comer, ha tenido experiencias desagradables.
“He tenido la mala suerte de ver una que otra en los locales donde almuerzo. Y no solo ratas, a veces las cucarachas se pasean por los pies de la gente mientras comen”, comentó.
En el sur, en la intersección de García Moreno y Rosendo Avilés, comerciantes y residentes también reconocieron la presencia de estos animales.
Jorge González, quien tiene un negocio desde hace unos diez años en el sector, señaló que ha detectado rastros en su establecimiento. “Sí tengo algunas ratas que se me meten, porque veo excrementos de ellas”, explicó. En una ocasión, por descuido, dejó sus viandas y las encontró dañadas. “He dejado por olvido mis viandas y me las han dañado totalmente. Son ratas grandes las que pasan por ahí”, detalló. Calculó una pérdida de cerca de $ 30.
González coincidió en que la basura acumulada incide directamente. “El camión pasa después de las 07:00 u 08:00, pero sacan la basura a destiempo. Una basura acumulada atrae ratas”, advirtió. Con el invierno, agregó, la situación se complica. “Ahora con las fuertes lluvias, las fundas se rompen y así es como salen las ratas”. Aunque aclaró que no son demasiadas, insistió en que el problema existe y molesta. Él solicitó jornadas de desratización en la zona.
“Que hagan una brigada, que pongan algo para ver si salen un poco de ratas. Antes hacían eso. No sé por qué este año no han venido”, expresó.
María Apolinario, quien ha vivido desde hace trece años en la zona, aseguró que el problema ha sido más evidente en su vivienda. Y para enfrentarlas, optó por colocar veneno. Las pérdidas no han sido menores. “Se meten en la comida”, contó.
También mencionó daños en la cocina y la presencia constante en el patio.
Mientras las lluvias continúan, según ellos, la combinación de basura en sumideros y terrenos sin edificar crea un entorno favorable para la proliferación de roedores y otros animales que causan molestias y pérdidas en la urbe. (I)