Alfredo Baquerizo, habitante de las calles Víctor Hugo Briones y Clemente Ballén, barrio Garay, centro oeste de Guayaquil, demanda la reapertura del malecón del Salado, en el tramo denominado Plaza de la Música, donde él vive, para que los moradores dispongan otra vez del sendero que suponía una franja segura para los caminantes.
Comenta que ante el cierre del espacio ribereño, incluso meses antes de la pandemia del COVID-19, según él y sus vecinos, deben sortear tramos desolados de calles exponiéndose a ser asaltados.
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La Plaza de la Música, ideada por el Municipio para actividades artísticas, comprende 18 cuadras, según Xavier Zurita, presidente del comité promejoras del barrio Garay.
La música movió al Malecón del Salado
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Él manifiesta que la solicitud de reapertura de ese segmento del malecón del Salado se enfoca en el tema seguridad. “Asaltaron a una señora y el pillo trepó las rejas”, cuenta sobre un episodio reciente.
Washington de la S asegura que supuestamente con menos guardias privados el parque lineal es invadido por consumidores de drogas. Agrega que los que se dedican al reciclaje extraen piezas para vender a locales. “Fines de diciembre y por inicios de enero nomás se robaron como 30 lámparas”, sostiene.
A diferencia del malecón Simón Bolívar, donde hay acceso a camineras, parqueos y áreas comerciales, el malecón del Salado permanece cerrado durante estos once meses de pandemia del COVID-19.
El tramo del que ciudadanos piden la reapertura al Municipio de Guayaquil comprende desde el puente El Velero hasta el puente de la calle 17 (Milagro), donde habría seis puertas que hoy se mantienen con candado. Pero hay empleados que permiten el ingreso del personal de limpieza.
El morador Richard Estrada remarca que el espacio recreativo es abierto, con bancas separadas y visitado prácticamente por residentes del barrio Garay. De ahí que considera que el riesgo de contagio es reducido manteniendo las normas sanitarias de prevención.
Los vecinos mencionan que sitios aledaños como la plaza Guayarte o el mismo malecón Simón Bolívar reciben a visitantes, que por eso insisten en la reapertura de la Plaza de la Música con la consecuente dotación de guardianía privada en sus varios accesos.
Mercedes Valarezo argumenta que los niños necesitan su espacio abierto para correr y alude también que este ha sido invadido por consumidores de drogas y que ante el cierre están obligados a sortear tramos desolados para llegar a casa.
El presidente del comité promejoras del barrio Garay y vecinos como Gustavo Arce aseguran que la solicitud de reapertura de la Plaza de la Música, vista desde el aire como una guitarra, fue remitida al Municipio de Guayaquil y que están a la espera de respuesta.
Paseando por el malecón del Salado
Los moradores supuestamente también han solicitado a la Corporación Nacional de Electricidad (CNEL) que mejore la iluminación de calles.
Ante el cierre, algunos vecinos ocupan las rejas de la Plaza de la Música como tendederos de ropa.
El espacio dispone de cubículos comerciales, hoy cerrados. Marjorie Mazzini, dueña de un local, comenta que ella no pudo sacar insumos como bebidas gaseosas y frituras.
Ansiosa de volver a trabajar, expone sus dudas sobre si adeuda valores por alquiler al cabildo. Espera que no.
La Plaza de la Música fue constituida como atractivo de Guayaquil hace más de diez años. Supone la prolongación del malecón del Salado en zonas como la Universidad de Guayaquil y la plaza Rodolfo Baquerizo. (I)