Desde finales de 2022, la casa de Daniela Chacón tiene una dinámica distinta. El “viaje”, como cataloga la llegada de su hijo, marcó un antes y un después en su hogar.

El menor, de siete años de edad, revolotea por toda la casa y le brinda una nueva faceta a Daniela: la de mamá. Con él y con su pareja comparte nuevos pasatiempos ahora en su familia extendida.

Dos años le tomó seguir el proceso de adopción a través del Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES) para finalmente tener a su hijo en casa. Sin embargo, él esperó al menos cinco para que un juez lo declare adoptable.

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Los niños mayores son aquellos que lamentablemente, por el sistema, se demoran sus procesos de adoptabilidad y pasan más tiempo en casas de acogida.

Este, de hecho, es uno de los nudos críticos o puntos de pausa que aún persisten en el proceso para adoptar en Ecuador, a pesar de que desde la Cartera de Estado se han acelerado los tiempos para lograr que más niños y niñas encuentren una familia.

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Desde el Gobierno se busca, y se trata, de que el trámite de adopción tome nueve meses, el mismo tiempo que dura un embarazo normal.

La estabilidad emocional, económica y de salud física son requisitos importantes de los futuros padres, y son los que permitirán conocer que la persona sea idónea para responsabilizarse plenamente del cuidado y protección de su hija/o.

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La abogada Marianella Maldonado explica que, en la parte judicial, el sueño de varios niños se desvanece ya que en ese punto es incierto el tiempo que tomará lograr la declaratoria de adoptabilidad.

Los tiempos pueden tomar entre seis meses y dos años dentro de las Unidades Judiciales de Familia. Incluso, antes del Código Orgánico General de Procesos (Cogep), podía alcanzar los cinco años.

“Por el tiempo que toma el proceso, los niños entran a las mal llamadas ‘edades difíciles’ para adopción y se alarga el periodo en el que permanecen en las casas de acogida”, dice Maldonado. Por ejemplo, un menor de tres años puede llegar a los cinco años y recién en ese momento tener la declaratoria y participar de un proceso.

Dos factores generan las demoras, según Maldonado. Por un lado está la falta de abogados por parte de las casas de acogida para tramitar los procesos de adoptabilidad y, en la parte de la Función Judicial, la carencia de jueces especializados para trabajar en estos procedimientos de forma expedita.

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Familias reconocen que niños mayores de cinco años tienen las mismas posibilidades y derechos de ser adoptados al igual que un bebé. Foto: El Universo

Actualmente, en el país existen 264 niños, niñas y adolescentes que cuentan con una declaratoria de adoptabilidad. Dentro de este monto, la mayor parte de concentra en los mayores de cinco años.

Son 47 las entidades de atención en la cuales viven niñas, niños o adolescentes con una medida de protección y que potencialmente cuentan con una declaratoria de adoptabilidad.

Esteban Bernal, titular del MIES, acepta que la fase judicial es un cuello de botella dentro del procedimiento. Por ello se trabaja de la mano con el Consejo de la Judicatura para que los procesos sean más eficientes.

“Conocimos de casos en los que el sistema judicial ha terminado archivando un proceso de adoptabilidad. No le archiva a los padres, no le archiva al MIES, le archiva a un niño o a una niña que está en casas de acogida”, afirma.

Hasta junio de 2022, el grueso de niñas, niños y adolescentes en casas de acogida estaba dentro de los ocho años en adelante, siendo el grupo de 8 a 12 años el más extenso. En ese año más de 2.200 niños estaban asilados en estos lugares.

No le archiva a los padres, no le archiva al MIES, le archiva a un niño o a una niña que está en casas de acogida”

Esteban Bernal, ministro de Inclusión Económica y Social.

Bernal explica que existe una especial atención a este grupo considerado como de prioritaria adopción y se impulsa de manera agresiva el acogimiento de este perfil de niños que lleva más tiempo en las casas de acogida.

La psicóloga familiar Gabriela Torres, quien ha seguido de cerca casos de parejas que buscan adoptar, manifiesta que, aunque cada vez hay más parejas interesadas en niños de la segunda infancia (3 a 12 años), el grueso de las familias quiere adoptar un bebé o a lo mucho niños de hasta 2 años.

Por lo tanto, al momento de lanzarse a un proceso de adopción, los niños grandes son una de las últimas opciones.

“Esto es algo muy impregnado en las familias, ellos creen que tener un bebé es un símil a una hoja en blanco en la que recién se puede escribir. Existe el temor de que un niño grande sea difícil de manejar, criar o guiar, más allá del prejuicio, es el temor”, dijo Torres.

De 15 casos que ha tratado en los últimos dos años en Guayaquil de parejas que no han logrado concebir y barajan la opción de la adopción, solo tres han estado abiertas a la posibilidad de adoptar un niño mayor a cinco años y una ha considerado adoptar hermanos.

Torres destaca que aquellos padres que se decantan por “niños grandes” es porque reconocen que hasta esa edad han transitado por todos los procesos legales que pudieran tener pendientes antes de ser insertados en una familias.

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Kelly Villao y Salvador Vallejo adoptaron a dos hermanos (10 y 7 años) el 18 de abril del 2022. El proceso les tomó 12 meses.

Ellos conocían de los inconvenientes que se podían presentar al optar por menores de cuatro años, por lo que decidieron colocar como rango de edad durante el proceso hasta los 10 años.

“Los niños pasan alrededor de cuatro años en el sistema legal ecuatoriano, vimos que tener un bebé o menor de cinco años iba a ser complejo por no decir imposible. Quisimos tener una opción que sea más sencilla”, cuentan.

La pareja realizó dos veces el procedimiento, pero fue en la segunda oportunidad que cumplió con el perfil de familia idónea para adoptar. De hecho, durante la fase de preparación con el MIES es en donde se desmitifica la adopción, sobre todo, de niños grandes.

Su familia se completó en 2022 con la llegada de los pequeños al círculo familiar en el que existen primos que comparten la misma edad. “Superamos el duelo de no tener hijos biológicos y gozamos de unos niños risueños con los que se puede viajar y compartir”, afirman.

Para la abogada, Marianella Maldonado, el grupo de la segunda infancia tiene las mismas posibilidades y derechos de insertarse en una familia al igual que un niño más pequeño.

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En este grupo, asegura, es en donde debería existir un verdadero involucramiento por parte de los miembros del Consejo de la Judicatura para darle a ese niño, que se ve en situación de desamparo y que permanece en una casa de acogida, un hogar estable en un periodo razonable.

Desde el MIES también se trabaja de la mano con 16 organismos internacionales que dan soporte y permiten incorporar parejas, padres y madres para las adopciones de grupos prioritarios, en este caso, los niños de la segunda infancia, hermanos, niños y niñas con discapacidad.

Una manera de dar celeridad a los procesos, afirman expertos, es que el mismo juez que emite la declaratoria de adoptabilidad sea quien lleve a cabo el proceso de adopción. Asimismo, incrementar el cuerpo de abogados presente en las casas de acogida para acelerar las partes judiciales dada la cantidad de niños que se albergan.

“Volteen a ver a los niños de la segunda infancia, son niños que necesitan amor y que entregan mucho más amor. Son niños que también se pueden formar y crear un vínculo al igual que un bebé”, afirman los padres de familia. (I)