Una veintena de personas espera a sus familiares en los exteriores del área de consultas externas del hospital Abel Gilbert Pontón, más conocido como Guayaquil, en el suburbio. Entre ellas está Karina, una guayaquileña que acompañó a su abuela, una paciente cirrótica de 88 años, a su cita de control; para la cual, pese a ser gratuita, igual deben llevar al menos unos $ 25 para comprar los medicamentos del tratamiento, ya que en los últimos meses no se los otorgan completos en ese hospital.

La mujer, que vive en el suburbio, comentó que los productos en los que gastan dinero incluyen desde medicamentos como espironolactona, propanadol y lactulosa, hasta insumos para las revisiones.

“A veces no hay nada. La vez anterior la traje por emergencia: se llenó de líquidos, y no había ni el catéter ni los esparadrapos para sacarle el líquido; todos los insumos tuvimos que comprar aquí afuera del hospital. Lo de las recetas nosotros siempre le compramos la mitad y luego le completamos la lista”, comentó la mujer.

El caso de Karina se repite en algunos ciudadanos más en los centros y hospitales del Ministerio de Salud (MSP) y del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS). Esta situación de escasez de algunos medicamentos e insumos, denunciada por grupos de pacientes en reiteradas ocasiones, pretende ser solucionada con el plan de externalización de farmacias de la red pública integral de salud.

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Gobierno oficializa receta electrónica y plan de externalización de farmacias de consulta externa para cuatro entidades estatales

El pasado 23 de marzo, a través del Decreto Ejecutivo 378, el Gobierno oficializó el plan de receta electrónica y externalización de farmacias, que lo integran el Ministerio de Salud Pública (MSP), el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), el Instituto de Seguridad Social de las Fuerzas Armadas (Issfa) y el Instituto de Seguridad Social de la Policía (Isspol).

En los exteriores del hospital Guayaquil, otras madres de pacientes también acudieron a comprar diversos insumos. Susana, moradora de Monte Sinaí, comentó que su hijo de 16 años llegó con fiebre y dolores, porque padece de espina bífida.

“No hay el tachito para el examen de orina aquí en el hospital. Entonces, salí a comprarlo a la farmacia; me costó 25 centavos”, comentó la mujer, quien vende comida en las calles para subsistir.

Ella dijo que en días previos se puso mal y acudió al hospital Monte Sinaí, por su zona, y le indicaron que debía ir a un subcentro. “Seamos realistas, en esos subcentros se pierde tiempo. Ya con ese tipo de enfermedades deberían atender directamente. A los pocos días, él se me puso mal y lo traje directamente para acá, al suburbio”, manifestó.

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Ciudadanos acuden a comprar medicina e insumos a las farmacias aledañas al hospital Guayaquil. Foto: Carlos Barros.

Asimismo, en los exteriores del hospital Francisco de Icaza Bustamante también se evidencia la escasez de insumos y de cierta medicina para el tratamiento de las diversas patologías.

Mariana, quien estaba en los exteriores de ese sanatorio, explicó que días atrás trajo de emergencia a su hijo de 3 años, a quien le cayó una olla de agua hirviendo encima luego de un accidente doméstico.

“La atención fue de inmediato; los médicos y enfermeras, muy amables. Pero sí me tocó comprar desde las rasuradoras, para que le rapen la cabecita, [hasta] una crema que se llama sulfadiazina de plata; también compré tarros de leche para que coma. No lo he visto, porque está en un área aislada para evitar infecciones, pero me dicen que ya está mucho mejor. Sí he gastado unos $ 100 en medicina e insumos, pero él ya está mejor. Hoy lo voy a ver”, expuso la mujer.

El problema de los insumos y medicinas también se refleja en los centros de salud del IESS.

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Éricka, residente del sur de la ciudad, mencionó que llevó a su papá, de 88 años, al Centro de Especialidades Sur Valdivia, en la avenida 25 de Julio, en donde le diagnosticaron un cuadro de amigdalitis.

“Mi papi fue con fiebre, dolor de garganta; estaba mareado, le dolía muchísimo la cabeza. Mi papi volaba en fiebre, y nos tocó esperar 20 turnos; no se apiadaron de que mi padre es una persona de la tercera edad, nada. Ahí lo revisaron medio medio. Y luego nos dieron un papelito para que fuéramos a comprar paracetamol y un suero para ponerle afuera”, recordó ella. (I)