Carmen Amelia Salazar Carranza es milagreña, pero su amor por la medicina la trajo a estudiar a Guayaquil. Una carrera sacrificada de viajes diarios y mucho estudio que la convirtió en médica general de la Universidad de Guayaquil. Pero eso no quedó allí. Ella sintió vocación en cuidar a las embarazadas junto con sus recién nacidos, por lo que decidió especializarse en ginecobstetricia.

Ella tiene 50 años y más de catorce ejerciendo esta especialidad. Actualmente es la jefa del servicio de ginecología del hospital Los Ceibos, en Guayaquil. La doctora brinda atención a mujeres gestantes, realiza la visita el área de partos para darles ánimo a las madres y ayudarlas con el proceso de dar a luz, dirige las cesáreas, partos de emergencia y también visita a las madres con sus recién nacidos.

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Este domingo 12 de mayo, Día de las Madres, ella lo celebrará junto con sus cuatro hijos: Abigaíl, Rafael, Miguel e Isabel. Ellos son sus hijos biológicos con su esposo, Freddy Martínez. Pero también confiesa que tiene hijos de corazón, los que le ha dejado esta profesión.

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Una de ellas es Amelia, quien lleva ese nombre en su honor. Carmen dice que la historia de Amelia marcó su carrera porque su mamá, la paciente embarazada, llegó muy angustiada y triste ya que había tenido abortos involuntarios por seis ocasiones y ya tenía 38 años.

“Su desesperación era que quería ser mamá. Ya había visitado ocho ginecólogos y no podía. Le dije que vamos a hacer todos los estudios y diagnósticos de por qué no desarrolla sus embarazos, solo llegaban a la semana siete u ocho y ya no les latía el corazón. Tuvimos el diagnóstico, hizo su tratamiento”, recuerda.

Añade que ese embarazo fue como si ella hubiera estado embarazada también. “Ella llegaba a la semana doce y me llamaba: ‘Doctora, estoy bien, no he sangrado’. Y yo le recomendaba que se alimentara bien, que cuidara sus emociones, hizo yoga, y llegó a la semana 38 y tuvo su bebé. Ella en agradecimiento le puso mi nombre, Amelia”, explica.

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La ginecobstetra Carmen Salazar revisa a su paciente Danna Díaz, de siete meses de embarazo, en el hospital Los Ceibos. Foto: José Beltrán/ El Universo Foto: José Beltrán

Esa bebé fue uno de los 4.000 partos que ella ha asistido en su carrera en estos catorce años. Ahora, Carmen atiende un aproximado de 16 pacientes embarazadas por día y en el área que dirige en el hospital Los Ceibos asiste un promedio de diez a catorce partos.

“Dios es grande cuando creó a la mujer, porque somos gestoras de vida. Tenemos que cuidar nuestro cuerpo. Si nosotros nos ponemos en armonía, esa vida que va a nacer de nosotros será una vida que llevará amor”, expresa ella.

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Su primer embarazo y maternidad

La doctora Carmen Salazar visita a las mujeres que están en labor de parto humanizado. Foto: José Beltrán/ El Universo Foto: José Beltrán

Carmen dice que no ha sido fácil ser madre y médica especialista. Ella recuerda que con 28 años tenía 39 semanas de gestación y estaba de guardia en el hospital de Milagro, en Guayas, cuando empezó a sentir mucho dolor, malestar en el estómago.

Añade que terminó su guardia y entregó el turno hasta lo último, luego pidió que la examinaran, y le indicaron que ya estaba en labor de parto, cuatro horas después tenía a su primera hija en brazos, a quien llamó Abigaíl.

Su primogénita ahora tiene 22 años, estudia Medicina y hasta es su colega en el hospital Los Ceibos. Rafael, su segundo hijo, también empezó a estudiar la misma carrera; Miguel, el tercero, está en el colegio; e Isabel, la última, inició sus estudios en un centro de educación especial.

“Ella es una bendición. La tuve cuando ya estaba ligada, de 43 años. Ella tiene síndrome de Down. Y ha sido muy difícil todos estos años, pero junto con mi esposo hemos estado siempre ahí en cada terapia, ella ahora es una niña que sabe leer, queremos que se defienda por sí sola”, comenta.

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Carmen confiesa que el camino de la maternidad y ejercer su profesión es complicado, pero ambos roles los cumple con amor y entrega.

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“Cuando hice la especialidad, mis primeros hijos eran pequeños. Estaba doce horas de turno en la mañana, doce horas de turno en la noche, guardias, clases, vivía en el hospital. Fueron tres años en que yo llegaba a casa y solo los veía dormidos, me ayudaron mucho mi mamá y mi esposo”, manifiesta ella.

La doctora dice que vive enamorada de su profesión de ginecóloga, porque es una especialidad clínica quirúrgica y sobre todo porque iba a atender dos vidas, la de la madre y la del bebé. (I)