Caminaba por la calle Pichincha con su hija de 7 años cuando un hombre que pasó en sentido contrario le rozó el brazo izquierdo y le dijo: “¡qué rica que estás!, mijita”. Aquella rápida acción desconcertó a Isabella, de 28 años, quien por seguridad apretó más la mano de su hija y aceleró el paso hacia el malecón Simón Bolívar, donde iban a pasear.

No era la primera vez que escuchaba aquella “frase asquerosa y morbosa” en las calles de Guayaquil. Le han dicho palabras más obscenas cuando anda sola o con amigas, pero jamás imaginó que le “faltarían el respeto” junto a su hija. “Son unos enfermos, ya hasta miedo da ahora andar sola con la niña”, cuenta.

Su caso es uno más de los cientos que se replican a toda hora y en cualquier lugar, sobre todo en espacios públicos como la calle, el transporte urbano, parques, plazas y otros.

Uno de los recientes casos de acoso con repercusión mediática, tras conocerse la denuncia que hizo la víctima en redes sociales, fue el de un guardia de la Metrovía que en cuatro ocasiones diferentes le lanzó besos y le decía “mamacita”, “esto es lo que te gusta” a una joven en la parada Caraguay, sur de Guayaquil.

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El 26 de enero ella pudo filmar al guardia. Y regresó con su novio para confrontarlo.

“Es mujer y está guapa, lanzarle un beso no es faltarle el respeto, es algo normal”, le refutaba el celador al novio, e incluso lo acusó de “no ser hombre” porque no tenía su comportamiento, el de “un caballero” que le decía “mamita” a la joven porque “está guapa”. Ese día, la Metrovía anunció que separó al guardia y que tomó contacto con la denunciante para ofrecerle su respaldo.

A raíz de aquello volvió el debate sobre el acoso sexual y callejero que a diario viven las mujeres, así como el tema de que supuestamente los piropos o halagos son bien o mal recibidos, dependiendo de quién los emita.

Una experta en Derecho y docente universitaria, así como una psicóloga clínica y defensora de los derechos de la mujer afirman que nadie tiene derecho de expresarle o hacerle un comentario a una mujer, y a cualquier ciudadano (incluidos los hombres), sobre su apariencia o físico, aspecto sexual y aspecto reproductivo sin que la otra persona previamente lo haya permitido y desee.

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Esto incluye lo que algunos llaman halagos como ‘guapa’, ‘hermosa’, ‘preciosa’, ‘cosita rica’, ‘ricura’, entre otros.

Por delitos de violencia contra la mujer o acoso sexual se podría procesar penalmente al agresor, además de las sanciones administrativas, en el caso de funcionarios públicos, o internas en el caso de trabajadores privados.

“Una expresión verbal hacia una mujer es invasiva, es de alguna manera intimidante porque llega e impacta en la integridad global de una persona. En el caso de las mujeres, al escuchar una voz de un desconocido que le habla con una intimidad –como si fuera una pareja cuando le dice: ‘mi vida’, ‘mi amor’– hay un daño emocional y psicológico porque produce miedo, temor, desesperación”, explica Annabelle Arévalo, psicóloga clínica de Cepam y activista de los derechos de las mujeres.

El guardia que debía brindarle seguridad en la Metrovía la acosaba lanzándole besos y llamándola mamacita. ‘Pensó que ahí quedaba como otras veces’

El impacto emocional de estas palabras, frases o ‘halagos’ hace que algunas personas sientan temor de salir a la calle o en casos más graves, que las mujeres tengan hasta ideas suicidas.

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Vanessa, de 32 años, es una de las mujeres que dejó de salir por un tiempo por las frases y palabras groseras que le decían hombres cuando la veían caminar.

“Me ponía hasta faldas largas y anchas para que no se marcara tanto mi físico (su anatomía); no me maquillaba, salía con la cara lavada, pero nada daba resultado. Ahora al que puedo le voy contestando también de forma grosera, los voy encarando”, expone esta mujer, quien recuerda que desde que tenía diez años se sentía vulnerada por los besos y frases obscenas que le gritaban por la calle, incluso en compañía de su mamá.

Pamela Aguirre Castro, doctora de Derecho y directora del Observatorio Jurídico Social de la Universidad de Especialidades Espíritu Santo (UEES), recuerda que hay instrumentos internacionales en que está reconocido el derecho de la mujer a vivir libre de violencia, como lo dispuso la Convención de Belém Do Pará, aprobada por la Asamblea General de la OEA en 1994, y reformada luego, de la cual Ecuador es parte.

Por ello, dice Aguirre Castro, el Estado tiene la obligación de prevenir y erradicar la violencia contra la mujer. No obstante, agrega, a veces se malentiende y se cree que el derecho penal (proceso que entabla la víctima) es la única vía para prevenir este tipo de conducta que lesiona el derecho de la mujer de vivir libre de violencia.

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Sistema para prevenir violencia de género solo servirá si se asigna presupuesto completo; si dan servicios suficientes y protocolos claros, sin revictimización, dicen defensores de DD. HH.

“¿Cuál es la primera obligación del Estado para evitar este tipo de conductas? Es la educación. Y ojo, esto tiene que ver con la educación en valores y los códigos de conducta que deben tener los funcionarios. Por ejemplo, en las universidades existen códigos de conducta para prevenir el acoso”, expone esta experta en Derecho.

Agrega que en el caso de un funcionario público, este tiene un deber reforzado de protección y de actuación, pues ejerce su rol en nombre del Estado. “Sea un guardia de seguridad, un agente de tránsito, un militar, un funcionario público de cualquier entidad, está actuando a nombre del Estado, entonces ellos tienen un deber reforzado respecto a las obligaciones estatales, funcionales e internacionales”, remarca Aguirre Castro.

Las cifras del acoso y de la violencia

65 de cada 100 mujeres en Ecuador han sido víctimas de algún tipo de violencia (física, sexual, psicológica, patrimonial) en alguno de los distintos ámbitos a lo largo de su vida, según la última Encuesta de Violencia Contra las Mujeres que publicó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), en el 2019.

En la Fiscalía hubo un promedio semanal de 37 denuncias solo por acoso sexual en el 2019 y en el 2020 antes del estado de excepción por la pandemia. Luego de aquel estado, las cifras bajaron a 32 denuncias de acoso sexual por semana en el 2020.

¿Se puede detener en el momento al acosador o agresor?

Sí. Si el agresor expresó algún comentario que atentó contra la integridad de la víctima o hizo alguna acción que la vulneró, como tocarla, enseñarle sus genitales, entre otras, la Policía puede detenerlo de inmediato. Hay rutas y protocolos establecidos en diferentes espacios e instituciones para estos casos.

Nadie, absolutamente nadie tiene derecho a hacer un comentario sobre la apariencia, sobre el aspecto sexual, reproductivo, de una mujer ni de ninguna persona. Eso por el respecto a un derecho humano que tenemos: el de la vida privada.

Pamela Aguirre Castro, experta en Derecho y docente de la UEES

Si ocurre en la calle y se da aviso a la Policía, esta debe detenerlo enseguida porque sería un delito flagrante, según las activistas que atienden a diario casos de violencia contra la mujer.

¿Se pueden denunciar penalmente estos casos?

Sí. También se puede denunciar a la Fiscalía el acoso o violación que se sufre por estos casos, pero ahí se debe tener el nombre del agresor.

Incluso en la página web de la entidad judicial se indica que los datos del agresor en el formulario a llenar son obligatorios, para poder continuar con el proceso. Aplica para violencia sexual, psicológica y física; para femicidios; pornografía con utilización de niños y adolescentes, y delitos contra niños y adolescentes por medios electrónicos, se lee en el área que se invita a denunciar de manera on-line estos casos.

Es obligatorio tener el nombre del acusado para denuncias en Fiscalía

El conocer la identidad del agresor es uno de los problemas frecuentes de las mujeres que experimentan a diario un acoso sexual y callejero, pues el hombre lanza sus frases y continúa su camino o actividad. También se han dado casos en que las mujeres han tenido que esconderse en algún sitio o pedir ayuda porque los agresores (hombres desconocidos) las han empezado a seguir, ocasionándoles más angustia.

“Cuando no ubican al agresor o al denunciado generalmente queda en la impunidad este delito (acoso o violencia) y aquello puede cometerse y repetirse muchas veces. Ahí hay trabas en las leyes en cuanto a procedimiento, a tiempos que toca mejorar, porque nos quedamos en la indefensión”, expone Annabelle Arévalo, del Centro Ecuatoriano para la Promoción y Acción de la Mujer (Cepam).

Una de las rutas en la transportación masiva

Arévalo cuenta que en el caso de la Metrovía, el sistema de transportación masiva municipal de Guayaquil, esta cuenta con una campaña en contra del acoso sexual desde hace algunos años. Incluso, el Cepam participó en la construcción de piezas comunicacionales y de la ruta que debían seguir los guardias de la Metrovía cuando un pasajero era o se sentía vulnerado por otro. Así, ellos mejor que nadie deben conocer el procedimiento o protocolo a aplicar.

En esta ruta, si un pasajero vivía este acoso, avisaba o alertaba al chofer, quien a su vez comunicaba al guardia. Y este último llamaba a la Policía para detener al agresor en una de las estaciones de la Metrovía.

Y esta misma ruta, dice Arévalo, debieron haber aplicado con el guardia de la Metrovía denunciado en redes sociales por acoso.

“Tenemos protocolos de atención y capacitación. Este guardia no puede seguir en el sistema, porque claramente no los respeta”, respondió, aquel 26 de enero, Paola Carvajal, directora de la Agencia Metrovía, sistema de transportación masiva donde ocurrió el acoso denunciado en redes.

¿Qué otras sanciones o acciones se pueden aplicar a los agresores?

Pamela Aguirre Castro, doctora de Derecho y docente de la UEES, dice que en el caso de funcionarios o trabajadores públicos está la sanción administrativa que se puede aplicar, aparte del tema penal.

En el ámbito privado, también hay códigos de buenas conductas y prácticas para erradicar la violencia, donde esta última está totalmente prohibida y es objeto incluso de sanción por áreas como Recursos Humanos.

¿Dónde denunciar?

A la Policía o al uniformado más cercano que vea en la calle; al ECU911. También en la Fiscalía, si se tiene el nombre del agresor. Otra opción en casos de extraños es dar la voz de alerta para que transeúntes o usuarios de servicios ayuden a detenerlo un momento hasta que llegue la Policía.

Hay rutas y protocolos establecidos en algunas entidades.

También puede llamar a línea telefónica gratuita 1800-112-112 del programa municipal Amiga Ya No Estás Sola, que atiende las 24 horas (los siete días de la semana) a víctimas y testigos de violencia contra la mujer.

El daño psicológico que ocasionan estos mensajes, estos llamados halagos entre comillas, que no son halagos porque son una violencia verbal que recibimos, puede llegar inclusive hasta las ideas suicidas en mujeres cuando no logran separar de alguna manera estas situaciones que son de personas que no... quieren además identificar que no pueden invadir a una persona de esa manera.

Annabelle Arévalo, psicóloga clínica de Cepam y activista de los derechos de la mujer (I)