Carlota Roca, de 110 años, se traslada en una silla de ruedas con la ayuda de una enfermera, mientras Víctor Dueñas, compañero residente, va detrás en su paseo por los jardines del Hogar Corazón de Jesús. En medio de la calma, ellos se distraen en ese espacio para contar parte de la acogida que han recibido en ese sitio de asistencia de adultos mayores.

Ambos son parte de los 300 residentes que conviven en ese centro que en junio cumplió 130 años de creación.

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Allí, los residentes tienen hospedaje, alimentación y otros servicios complementarios como el médico, de trabajo social para vincular a los adultos con sus familias, de salud relacionado con consultas y traslados a centros especializados, actividades recreativas y lúdicas, así como terapias cognitivas.

En total 129 hombres y 171 mujeres residen en salas comunes y habitaciones individuales. Ellos tienen edades entre 55 y 110 años.

Carlota es un caso particular al ser la adulta más longeva. Con el apoyo de la enfermera participa activamente en los eventos que realiza el centro de adultos mayores regentado por la Junta de Beneficencia de Guayaquil.

La acompañante la ayuda a arreglarse a diario para participar en cada una de las actividades que comparte con otros residentes. Quien la acompaña recuerda que le han contado que Roca tenía un bazar, que vendía una variedad de artículos.

Vanessa Zambrano, jefe encargada del servicio de gerontología del centro, comenta que Roca es muy activa y acude con su acompañante a los diversos eventos que realizan, como talleres de manualidades, observación de películas y juegos de bingo. Justamente, a los adultos se busca tenerlos activos bajo su propia voluntad.

“Es muy afable, sonriente y empática, su familia es muy presente, la vienen a visitar, sobre todo la vienen a ver”, agrega la doctora. Siempre está al pendiente de sus vestimentas y del orden de su habitación, cuenta su ayudante.

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Víctor Dueñas, de 55 años, es el adulto con la menor edad dentro del centro, el caso opuesto a Carlota. Él se muestra efusivo al recordar que en su época laboral se dedicaba a la producción de televisión en varios medios de comunicación con programas nacionales.

Su ritmo de vida bajó por una dolencia cardiaca y ahora pasa con actividades más relajadas en una de las salas donde reside. “Tenía que conseguir todos los sitios donde íbamos a grabar”, comenta el hombre sobre el rol que tenía hasta hace pocos años.

Él lleva cinco años en el sitio, donde gusta de ver programas de televisión, sobre todo noticiarios y películas de acción, con sus compañeros del Hogar.

Víctor Dueñas, de 55 años, y Carlota Roca, de 110, quien se ayuda con una enfermera, son parte de los residentes del Hogar Corazón de Jesús. Foto: El Universo

Entre las actividades desarrolladas, él recientemente aprendió a cocinar varios platillos en un curso dictado por la Escuela de los Chefs. Allí conoció sobre la preparación de rissotto y selva negra, comenta orgulloso.

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Una vez superada la época más complicada de la pandemia, él augura que muchas actividades como aquella de cocina se repliquen para que sus compañeros prueben sus platillos y bocados.

En el Hogar Corazón de Jesús, los adultos se distraen con distintas alternativas de terapias y cursos. Por ejemplo, en el área recreativa ellos suelen compartir actividades de cine, teatro o paseos hacia diversos puntos de esparcimiento.

Asimismo, en lo psicológico se da acompañamiento individual y grupal. Entre la oferta para mejorar el lado emocional del adulto mayor también se cuenta con la opción de canoterapia, que consiste en el intercambio afectivo con animales que llegan con voluntarios.

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Conforme las medidas sanitarias se han flexibilizado en el país, a partir de este año también se implementan otras alternativas como musicoterapia, jardinería y se retoman las charlas psicoeducativas para los adultos que persisten en los cuidados ante el virus. También para mantener la motricidad tienen proyectos de manualidades.

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Actualmente, por ejemplo, se alistan para trabajar en jarrones y pulseras destinados a las festividades navideñas, cuenta la jefa encargada de gerontología.

Ella destaca que siempre predomina la voluntad de los adultos mayores para permanecer en el centro y participar en cada una de las actividades.

“Se pretende más que nada que ellos tengan calidad de vida, que puedan sentirse bien y puedan tener contacto con personas de su misma edad que normalmente se ve muy poco en la sociedad. Asimismo, darles esa autonomía que a veces la pierden porque de repente estando en casa no se estimulan cosas que aún ellos son capaces de hacer, aquí se trabaja mucho en la parte integral, por eso están los distintos departamentos para que todos esos componentes puedan formar parte de su bienestar y potenciarlo”, dice.

Actualmente, el Hogar Corazón de Jesús convive con un porcentaje de 25 % de los residentes (76 personas) que se considera están desvinculados de familiares, por lo que el área de Trabajo Social busca incentivar el contacto de allegados con los residentes a través de distintas actividades como agasajos por el Día del Padre y otras fechas.

El resto mantiene contactos periódicos con familiares o referidos.

Este año se ha priorizado el ingreso de personas que llegan sin referencias familiares, en algunos casos en condición de calle, por voluntad propia o de una persona que lo refiera. En estos seis meses, el centro pasó de 270 a 300.

En paralelo, el Hogar mantiene el programa de Apadrinamiento Afectivo, en el que voluntarios pueden tener la oportunidad de vincularse con alguno de los residentes para que cada quince días acudan a visitarlos o los acompañen en eventos. Quienes desean convertirse en padrino pueden acercarse al Hogar para conocer el programa.

El centro tiene sus salas con el 100 % de ocupación, mientras que en las habitaciones individuales hay cinco cupos.

Medidas de pandemia

Una de las cosas que más afectaron a los adultos mayores fue la falta de contacto con sus familiares en la época de la pandemia de COVID-19, debido a los cuidados sanitarios por el virus. Desde hace un año el centro permitió el ingreso de familiares en siete zonas destinadas a las visitas de los residentes, siguiendo los debidos cuidados de bioseguridad.

En la época más dura de la pandemia, el centro habilitó una puerta lateral para la comunicación por intercomunicador con su allegado, que se ubica detrás de un plástico, y luego en la garita se hizo un área de visita con un acrílico de limitación. (I)