No se ubican al azar. Entre ellos existe una coordinación previa que les permite turnarse los lugares y horarios, evitar coincidir en un mismo punto y distribuir el flujo de personas que recorre estas calles, principalmente en tramos donde se concentran entidades públicas, comercios y paradas de transporte.
En el centro de Guayaquil, entre la avenida 9 de Octubre y otras calles, como Boyacá, Chile, así como sectores de la Bahía y zonas cercanas al Registro Civil de Guayaquil, más de una veintena de personas con discapacidad visual desarrollan actividades musicales en la vía pública, distribuidas en distintos puntos de alta circulación peatonal bajo un sistema de organización interna.
Publicidad
En esta zona siempre hay música de fondo mientras se realizan trámites, se camina entre locales o se atraviesa la jornada laboral; a veces al mediodía, a veces entrada la tarde, pero al detenerse en las esquinas se identifica a quienes sostienen ese sonido en las calles. Las personas no videntes que, con un parlante y un recipiente para aportes, ocupan espacios definidos y acompañan el ajetreo del centro.
“Tratamos de organizarnos para no coincidir, porque si uno está en una esquina y otro en la otra, nos hacemos competencia entre nosotros mismos”, explicó Juan Carlos Jiménez, de 36 años, uno de los cantantes que forman parte de este grupo.
Publicidad
Jiménez empezó a trabajar en la calle en 2020, luego de perder su empleo en el sector privado durante la pandemia, una situación que -según él- afectó a varios trabajadores con discapacidad que quedaron fuera de sus puestos laborales y tuvieron que buscar alternativas inmediatas de ingreso.
“Nos tocó buscar otros medios y yo lo encontré a través de la música”, manifestó, al explicar que antes mantenía un salario fijo y que el cambio implicó adaptarse a una dinámica diaria en la que los ingresos dependen del movimiento de personas y de la permanencia en los puntos asignados.
Su jornada pasa entre la avenida 9 de Octubre y movimientos por mercados, terminales y otros espacios donde exista concentración de peatones. “Hay que buscar alternativas, porque uno vive del día a día”, sostuvo.
Precisó que el número de personas dedicadas a esta actividad se ha incrementado en los últimos años. “Cada vez hay más compañeros cantando, las oportunidades se van reduciendo”, afirmó.
Según su estimación, solo en Guayaquil hay alrededor de 25 personas con discapacidad visual que realizan actividades similares, gran parte de ellas concentradas en el centro, donde se organizan mediante grupos de mensajería para coordinar turnos.
Jiménez agregó que cuenta con formación académica como licenciado en Ciencias de la Educación y que ha participado en concursos para ingresar al sistema educativo sin lograr incorporarse por ahora.
“He aplicado, pero no hemos tenido esa oportunidad”, señaló, y añadió que uno de sus objetivos es continuar su formación con una maestría.
A esta dinámica se suma Ana Paula Ramírez, de 31 años, quien ocupa otro de los puntos dentro de este circuito y que, al igual que sus compañeros, organiza su presencia en función de los horarios acordados.
“Canto desde que tengo uso de razón”, afirmó, al explicar que su vínculo con la música se inició en la infancia, en el coro de su escuela, y continuó en espacios de formación musical vinculados al Municipio, donde integró el grupo Notas de Luz y participó en producciones junto con otros artistas.
Su llegada a la calle se dio hace aproximadamente dos años, en un proceso que, según indicó, combinó su afinidad por el canto con la necesidad de generar ingresos ante la falta de empleo estable. “Es algo que me gusta, pero también es por necesidad”, manifestó.
Ramírez señaló que sus ingresos diarios dependen del movimiento en la zona y del horario en el que trabaja, por lo que prioriza jornadas diurnas por seguridad y toma precauciones frente a factores como la lluvia.
Al estar expuesta, diversos desafíos también son un factor en su día a día. En una ocasión, mientras realizaba un cambio de dinero sufrió una situación que logró resolver con ayuda de un acompañante. “Un señor se llevó un billete, pero mi amigo reclamó y lo devolvió”, indicó.
Al igual que Jiménez, confirmó que la organización entre ellos surgió como una necesidad. “Antes era el que primero llegaba se quedaba todo el tiempo, ahora tenemos horarios para que todos ganemos”, explicó.
Dentro de ese mismo sistema se encuentra José Armando Balón, de 47 años, quien lleva aproximadamente 25 años vinculado al canto y que actualmente alterna sus presentaciones entre distintos puntos del centro y otros sectores de la ciudad.
Balón es no vidente de nacimiento y cursó estudios en Derecho en la Universidad de Guayaquil, aunque no concluyó la carrera. A lo largo de su trayectoria ha realizado presentaciones en eventos privados, como cumpleaños, matrimonios y bautizos, además de su actividad en la vía pública.
“Depende del movimiento, tampoco uno puede estar todos los días en el mismo lugar”, explicó, en referencia a la rotación que mantienen para sostener sus ingresos.
Añadió que presenta limitaciones físicas producto de un siniestro de tránsito ocurrido en 2006, cuando fue atropellado por un bus, lo que le obliga a alternar su jornada con pausas. “No puedo estar mucho tiempo parado”, manifestó.
Entre ellos pueden generar de $ 15 a $ 40 al día.
En las calles donde se ubican, la actividad se sostiene no solo por el trabajo individual, sino por redes de apoyo que se han formado entre ellos, incluyendo acompañantes y comerciantes informales que colaboran en tareas como el manejo de dinero, el traslado o la vigilancia de sus equipos.
La organización interna, el uso de la música como herramienta de ingreso y la permanencia en puntos estratégicos del centro configuran una dinámica que se repite a lo largo de la 9 de Octubre, donde estos artistas se distribuyen según acuerdos propios y en función del movimiento diario de la ciudad.
La actividad continúa durante la semana con variaciones según la afluencia de personas, en un esquema que implica coordinación, adaptación y trabajo constante en el espacio público. A su paso, ciertos transeúntes les muestran su apoyo. (I)