Durante abril, las temperaturas han pasado de rangos habituales de entre 28 y 31 °C a valores que alcanzan entre 34 y 36 °C, con sensaciones térmicas cercanas a los 40 °C.
Este escenario plantea nuevas exigencias para los vehículos livianos, que ahora operan constantemente en condiciones térmicas más severas.
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A nivel internacional, el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático ha señalado que las olas de calor son cada vez más frecuentes e intensas, lo que confirma una tendencia estructural asociada al cambio climático.
El Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología ha indicado que estas condiciones responden a la interacción entre el calentamiento global, la radiación solar y factores oceánicos. Esta combinación genera un entorno operativo más exigente para los sistemas mecánicos y electrónicos de los vehículos.
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Impacto del calor extremo en los componentes del vehículo
Marco Vinicio Noroña Merchán, docente investigador de la Escuela de Ingeniería Automotriz en la Universidad Internacional del Ecuador (UIDE), explica que uno de los componentes más sensibles a estas condiciones es la batería.
Desde una perspectiva técnica, el incremento de temperatura acelera la cinética de las reacciones electroquímicas internas, lo que provoca una mayor corrosión de las placas de plomo y una evaporación más rápida del electrolito.
Según el experto, este fenómeno incrementa la resistencia interna y reduce la capacidad efectiva de almacenamiento de energía. En términos prácticos, esto se traduce en una disminución significativa de la vida útil, que puede alcanzar reducciones de hasta el 50 % en condiciones extremas.
Fabricantes han señalado que el calor es uno de los principales factores de degradación de las baterías automotrices, incluso por encima de condiciones de frío extremo.
El sistema de refrigeración bajo presión
El sistema de refrigeración, por su parte, también enfrenta desafíos relevantes. Noroña Merchán indicó que su funcionamiento depende de la eficiencia del fluido refrigerante, el cual debe cumplir con propiedades térmicas y químicas específicas.
El uso de productos de baja calidad o no certificados reduce la capacidad de transferencia de calor, acelera la degradación de los aditivos anticorrosivos y favorece la formación de depósitos internos.
Estos factores pueden generar fenómenos como cavitación, corrosión en componentes metálicos y fallas en la bomba de agua o el radiador. En condiciones de alta temperatura ambiental, estas deficiencias pueden derivar en sobrecalentamientos progresivos y daños estructurales en el motor.
Deterioro de componentes elastoméricos
Adicionalmente, componentes fabricados en materiales elastoméricos, como mangueras, correas y empaques, presentan un deterioro acelerado bajo exposición prolongada al calor.
La pérdida de elasticidad, el endurecimiento y la aparición de grietas incrementan la probabilidad de fugas y fallas funcionales. En este sentido, fabricantes han advertido que el calor extremo reduce significativamente la durabilidad de estos elementos.
El motor y el riesgo de sobrecalentamiento
Noroña Merchán señaló que el motor también se ve directamente afectado cuando es exigido en condiciones de alta temperatura ambiental.
“La disminución de la viscosidad del aceite, combinada con un sistema de enfriamiento operando cerca de su límite, incrementa el riesgo de sobrecalentamiento y desgaste interno”, dijo.
Si se compara la situación actual con la de hace cinco años, se observa un incremento aproximado del 16 % en la temperatura promedio y de hasta un 25 % en la sensación térmica durante el mes de abril.
Este aumento, sumado a una mayor frecuencia de olas de calor, ha elevado significativamente el nivel de estrés térmico al que están expuestos los vehículos en el país.
En condiciones de tráfico intenso, como las horas pico en ciudades como Guayaquil, el vehículo opera a bajas velocidades, lo que reduce el flujo de aire a través del radiador.
Según Noroña Merchán, esta condición limita la capacidad de disipación térmica del sistema de enfriamiento, incrementando la temperatura del motor y acelerando el desgaste de sus componentes.
Recomendaciones clave para conductores
- Revisar periódicamente el sistema de refrigeración y utilizar únicamente refrigerantes certificados.
- Controlar el estado de la batería, especialmente en vehículos con más de tres años de uso.
- Evitar exigir el motor en horas de mayor calor (de 10:00 a 15:00).
- Reducir la circulación en horas pico, ya que el tráfico intenso incrementa la temperatura del motor por la baja velocidad y menor flujo de aire en el radiador.
- Estacionar en zonas sombreadas para disminuir la carga térmica.
- Verificar la presión de los neumáticos, ya que el calor incrementa la presión interna.
- Respetar los intervalos de cambio de aceite y no extender mantenimientos.