A primera vista es la historia de un joven que busca plasmar su nombre en las páginas de los grandes talentos de la humanidad, si se rebela a los guiones que su familia y la sociedad del siglo XIX le imponen (o siente que le imponen). Es la percepción que transmite el ambicioso Pedro Sidenius, un joven de un pequeñísimo pueblo austero en la península de Jutlandia, en Dinamarca, quien aspira a convertirse en un ingeniero e inventor.

Para el protagonista de la película Pedro, el afortunado (2018), en medio de sus sueños está su devota familia cristiana, que no aprueba su decisión de marcharse a Copenhague a estudiar a la universidad; los deseos de su padre de que se transforme en clérigo, como él; y la misma religión en sí, que aparentemente les impide ver a sus parientes la nobleza de sus sueños.

Una vez en la capital danesa, Pedro quiere ejecutar un inusitado proyecto que sin duda acelerará el desarrollo tecnológico de su país. Una idea tan novedosa que para algunos es bastante mérito para que se sienta “afortunado”. La fortuna intelectual.

Pero en una segunda vista, todas las acciones que Pedro determina para acercarse a su meta nos hacen cuestionar si sus motivaciones realmente son dejar un legado a su nación o simplemente ser considerado el genio de su época, y así justificar sus (problemáticos) medios.

Lo cierto es que, en cualquiera de los dos casos, lo impulsa un orgullo juvenil que amenaza sus aspiraciones, en la misma medida en que la ruptura familiar, la ausencia de espiritualidad y la falta de maneras prudentes para afrontar las convenciones de su tiempo le enseñan que en el fondo hay otro tipo de fortunas, la fortuna intrínseca, algo que Pedro aprenderá muy tarde. Eso es lo que se puede comprobar cuando se cruza con Jakobe, una muchacha judía de una familia adinerada, cuyos comportamientos y elecciones contrastan con los de él.

Este filme es la adaptación cinematográfica del libro del mismo nombre, Lykke-Per (en danés), escrito por el novelista danés Henrik Pontoppidan (nobel de Literatura en 1917) y publicado en 1904. Es considerada una de las novelas más importantes de la narrativa danesa, razón por la cual el cineasta Bille August, igualmente de Dinamarca, convirtió la historia en una película de casi tres horas disponible en Netflix.

Bille August (i.) con los actores Esben Smed (Pedro) y Katrine Greis-Rosenthal (Jakobe).

Aunque en la producción August se tomó algunas libertades —como el final, que no coincide con el del libro—, el director quiso recrear una narración que siga siendo empática y al mismo tiempo conmovedora: Pedro es un héroe, no por lo que llega a obtener o atesorar, sino cuando hace las paces con su destino. Una consigna atemporal y universal que en esta ocasión se reflejó en las locaciones de Copenhague y con un diseño de vestuario pulcro a la vez que hermoso.

En el rol principal figura Esben Smed, quien se destacó en el European Shooting Stars de la Berlinale 2017, una iniciativa de la European Film Promotion para la promoción internacional de actores emergentes de los 37 países miembros de la EFP. Le acompañó Katrine Greis-Rosenthal, cuyo papel como Jakobe le otorgó en el 2019 los premios Bodil, uno de las distinciones más antiguas en las artes cinematográficas danesas; y el Robert, el premio que entrega cada año la Academia de Cine Danesa.