Cádiz, España, 1992. Luis Miguel (Diego Boneta) se alista para asistir al funeral de su padre, Luis Rey, quien acaba de fallecer a los 47 años, sin responderle la pregunta que atormenta constantemente al cantante: ¿dónde está su mamá? El último episodio de la primera temporada dejó entrever que Luis Rey (Óscar Jaenada) sí se llevó consigo un secreto a la tumba pues, mientras agonizaba, le hizo prometer a su primo Tito (Martín Bello), por la sangre de su familia, que nunca le contaría sobre Marcela (Anna Favella) a Micky, apodo familiar del intérprete.

Los esperadísimos primer y segundo capítulos de la segunda temporada, subidos a Netflix este domingo a las 19:00, demostraron que las tensiones familiares no terminaron con la muerte de su padre, pues pronto surge un enfrentamiento entre Luis Miguel y su abuela paterna, Matilde (Lola Casamayor), por la custodia de su hermano menor, Sergio (Axel Llunas), quien reside junto con ella en España.

Los fanáticos encontrarán en los nuevos episodios un interesante remix de conflictos, angustia, música, sensualidad y el estilo de vida que solo puede darse una estrella como Luis Miguel, por ejemplo, cuando en el 2005 celebra una fabulosa fiesta en un yate en el mar Mediterráneo en compañía de hermosas mujeres, que nunca dejaron de rodearlo durante su carrera.

La producción se mantiene alternando entre esas dos líneas de tiempo (1992 y 2005) de la vida del Sol de México. La caracterización física de Boneta destaca especialmente en esa transición, al haber usado prótesis faciales y físicas para envejecer a su personaje.

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La investigación para encontrar a Marcela a cargo del Mossad (inteligencia israelita) continúa, mientras que la mirada se fija también en el tercero de sus hijos (Sergio, el hermano más pequeño de Luismi), quien comienza a destacar también por su voz. Otro de los personajes a fijarse en esta segunda temporada es Patricio Robles (Pablo Cruz Guerrero), quien se incorpora como promotor interno en la empresa de Hugo López (César Bordón), mánager de Luis Miguel.

Luis Miguel pudo haber dejado atrás a su padre, pero continúa rodeado de personas con gran ambición en su equipo de trabajo, entre ellos el personaje de José Pérez (Juan Ignacio Cane), quien lo convence de aceptar un concierto que por razones técnicas le ocasiona una lesión en el oído que marcará la vida del cantante.

Uno de los mejores amigos de El Sol, Mauricio Ambrosi (Fernando Guallar), cobra protagonismo en el segundo capítulo, mientras Luis Miguel se recupera de su dolencia. “Ya hemos hecho 90 millones de la gira, creo que ya es momento de descansar”, lo aconseja.

También percibimos más profundamente la manera en que la desaparición de su madre afectó al cantante, casi cerca de la obsesión, aislándose de sus familiares, amigos, de las cámaras y de su público.

Poco antes de finalizar el segundo capítulo, escuchamos el tema escrito por Juan Luis Guerra y que fue uno de los grandes éxitos de Luis Miguel, Hasta que me olvides, incluido en su disco Aries (1993). Solo para terminar más enamorados de esa voz en la que seguiremos pensando hasta la próxima semana. El tercer episodio se estrenará el domingo 25 de abril, a las 19:00 (hora de Ecuador). (I)