Hoy 10 de enero se cumplen diez años de la muerte de David Bowie, uno de los artistas más influyentes y enigmáticos del siglo XX. Nacido como David Robert Jones en el barrio londinense de Brixton, dedicó su vida a desafiar los moldes del arte, la identidad y el espectáculo.

Conocido por varios por su apodo ‘El Camaleón’. Ya desde niño, Bowie mostró inclinaciones artísticas poco comunes. Cantaba, bailaba y se apasionaba por la música estadounidense. A los quince años fundó su primera banda, The Konrads, y desde entonces se mantuvo en constante búsqueda de nuevas formas, nuevos sonidos, nuevos disfraces. A lo largo de su carrera fue Ziggy Stardust, el Duque Blanco, un clown, un pirata espacial, un dandy glam y un rocker crudo, sin dejar de ser siempre él mismo.

En Changes, una de sus canciones más citadas, lo expresó con claridad: “Lo que quiero es ser un hombre diferente”. Bowie publicó 27 álbumes de estudio y dejó un catálogo inagotable que incluye himnos como Heroes, Starman, Modern Love, Life on Mars, Let’s Dance, China Girl o Under Pressure, en colaboración con Freddie Mercury.

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Su música cruzó géneros como el pop, glam, soul, punk y electrónica. Con la misma naturalidad con la que cambiaba de peinado, podía trabajar junto a Lou Reed, Mick Jagger, John Lennon o Tina Turner. Durante su carrera, Bowie también participó en películas (Labyrinth, The Man Who Fell to Earth) y formó parte de proyectos arriesgados como Tin Machine, con un sonido alejado del pop.

El día que murió David Bowie

Su despedida no fue menor: el 8 de enero de 2016, día de su cumpleaños 69, lanzó Blackstar, un álbum introspectivo y oscuro, lleno de simbolismos. Murió dos días después, en Nueva York, a causa de un cáncer que había mantenido en secreto. El videoclip Lazarus, estrenado poco antes, parecía un adiós al mundo ya planeado.

Una década más tarde, su figura sigue siendo objeto de homenajes y análisis. Esta semana, el canal británico Channel 4 estrenó Bowie: The Final Act, un documental que retrata su último año de vida y que reúne testimonios de músicos, amigos y productores. Entre ellos, su amiga Dana Gillespie lo describe como un “vampiro artístico”, capaz de absorber lo que necesitaba de los demás y seguir adelante con una nueva etapa, sin mirar atrás.

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También se recuerda una de sus decisiones más personales: en 2003 rechazó el título de caballero ofrecido por la reina Isabel II. “No es por eso que he trabajado toda mi vida”, respondió entonces. Fue fiel a sí mismo hasta el final. (I)