El 2026 ha sido poco indulgente con Rosalía. Una reciente intoxicación alimentaria y haber estado al borde de la cancelación por decir que es capaz de “separar artista de su obra” (en el caso de Pablo Picasso) es parte del pastel.
Ahora la cantante española está de vuelta en su país natal, de gira con su reciente proyecto Lux. Y eligió la Semana Santa (30 de marzo y 1, 3 y 4 de abril) para su primera parada, en el Movistar Arena de Madrid. Una decisión que no ha caído en completa gracia con sus fanáticos.
La cereza en todo esto es que las cuatro fechas escogidas para empezar el tramo español de su gira mundial, así como así como las cuatro en Barcelona (13, 15, 17 y 18 de abril), se agotaron y dejaron a miles en la cola virtual, lo que solo sumó a la frustración.
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“El Titanic cabe en un pintalabios, pero yo no quepo en el ‘Lux Tour’ de Rosalía”, ironizaba uno de los miles de comentarios en redes tras la venta de su gira en España.
Las polémicas de Rosalía en 2026
Cuando el noviembre se publicó su cuarto álbum de estudio, el mundo entero pareció caer rendido a su acercamiento desde el pop a la música clásica. Billboard, Rolling Stone o The Guardian lo colocaron en el podio de lo mejor del 2025. Lux concluyó el año pasado como el disco en español de mayor éxito entre el público, solo por detrás de Debí tirar más fotos de Bad Bunny.
Sin embargo, no despertó el mismo entusiasmo su aproximación a una noción muy personal de la espiritualidad. Se la acusó de utilizar la iconografía católica con fines estéticos.
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A los fanes tampoco les gustó lo que considera “tibieza” al manifestarse en torno a cuestiones clave. “Me rodeo de ideas feministas. No me considero moralmente lo suficientemente perfecta como para considerarme dentro de un ‘ismo’, pero sí me inspiran y me rodeo de ideas feministas”, afirmó en la pública española Radio 3, por ejemplo.
Más recientemente se disculpó por otras declaraciones en las que afirmaba ser capaz de separar artista y obra en el caso de Pablo Picasso. “No estoy en paz con lo que dije (...) Pensaba que era un hombre muy tremendo, lo típico que has oído hablar de ello, pero no tenía conciencia de casos reales de maltrato”, rectificó en un video en sus redes.
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Su conciencia social ya había estado en el ojo del huracán, cuando sus seguidores esperaban que condenara de forma mediática el genocidio en Gaza.
“El hecho de no haber usado mi plataforma de forma alineada con el estilo o expectativas ajenas no significa en absoluto que no condene lo que está pasando en Palestina”, respondió la artista con un comunicado en el que alegó que “el señalamiento debería direccionarse hacia arriba”. En enero y por sorpresa, actuó en el concierto Manifest x Palestina.
En la reciente gala de los premios Brit, la catalana se llevó el premio a mejor artista internacional y dejó una actuación emblemática junto a Björk con más de 12 millones de reproducciones (frente a los 5 millones de Harry Styles).
Con ese puntapié inició su dichosa gira. “¡Fue increíble, incluso mejor de lo que habíamos soñado!”, reconoció la artista tras el estreno en Lyon (Francia) de su espectáculo, a pesar de los cuestionamientos que provocó su número de ballet.
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“Este es el problema con mi niña, las bellas artes no son fáciles, no es me hecho una ópera al chaz chaz, el ballet no es me pongo unas zapatillas y así como enchiladas sale rapido, asi se siente su disco, barato. Como cuando pintas en dorado algo en vez hacerlo de oro puro”, resume la retahíla de críticas en su contra.
Días después, en Milán, forzada por “una intoxicación alimentaria muy grave”, canceló su concierto a los pocos minutos de empezar.
Rosalía publicó una imagen con la que quiso tranquilizar a sus seguidores. “Me siento mejor. Muchas gracias por todo el amor y la comprensión”, escribió la intérprete que este lunes tiene una oportunidad de abandonar el calvario y volar -como señala el dicho- “de Madrid al cielo”. (E)





