Vestidos de negro, con chompas de cuero, botas del mismo material y camisetas alusivas a bandas del género, varios quiteños se congregaron en la pista del parque Bicentenario para desconectarse con la música a través de tonos guturales y mensajes de resistencia.
Bandas como Descomunal, A.N.I.M.A.L, Nervosa, Romasanta u Horcas transformaron el escenario en un lugar donde la guitarra eléctrica, los efectos visuales y de sonido, la batería y el cabello de los artistas moviéndose descontroladamente incentivaron a las personas.
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Era la banda quiteña Descomunal, formada en el año 2002, quien pidió a los asistentes colocarse a sus extremos. En el medio, un hueco en el que se iban a chocar quienes estaban en la derecha contra los de la izquierda.
A esto lo denominaron el ‘pogo de la muerte". Una rotonda masiva, donde los fanáticos se golpean el cuerpo al ritmo de la música y se mueven en círculos, mientras mueven la cabezas y agitan banderas.
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El signo de metal lo realizan con la mano derecha. El del medio y el anular van hacia abajo, y seguidos se quedan el pulgar, el índice y el meñique.
Muchos repetían este símbolo que representaba a la comunidad afín al género musical. Otros veían de lejos el pogo y más de uno entraba en una especie de hipnosis.
Juan Carlos Alcívar, asistente al evento, escuchaba detenidamente la música con su esposa, Johana Cevallos. Ambos gustaban del concierto y sentían relajación cuando oían la música.
“Es algo distinto. Hay que aprender a vivirlo para sentirlo, definitivamente es un estilo de vida”, expuso Alcívar.
Tres pasos más adelante estaba Esteban Jacho. Él había asistido solo al concierto y esperaba a su banda favorita A.N.I.M.A.L, que era la última en tocar.
“Me encanta porque me libero. No son gritos, es pasión. Hoy no estoy en el pogo porque estoy lesionado, pero adentro sientes una conexión impresionante”, contó el aficionado.
El último día del Quitofest estuvo marcado por poca presencia de gente en el espectáculo, pero de mucha energía a base de metal hardcore. Así, los tres días del evento llegan a su fin en la planicie principal del parque Bicentenario. (E)