Técnicamente, este es el primer libro de Jorge Enrique Abello, a quien, admitámoslo, todos conocemos principalmente por su faceta de actor, y tal vez ni siquiera lo llamemos por su nombre sino directamente don Armando Mendoza, el temperamental galán de Yo soy Betty, la fea. O de Los tacones de Eva. O de La costeña y el cachaco.

Pero si se quiere mirar los detalles, él ya había metido las manos en la literatura al coescribir La despedida con su colega Raúl Ocampo, a quien conoció en el rodaje de Ana de nadie. Además, es director y tiene su propia casa productora, El Ojo en la Pared.

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Y ahora es el autor de Saturno tropical (Planeta, 2025), una novela negra que abre con un incidente macabro, una mujer cuyo cuerpo se quema, pero sin fuego y sin signos de robo ni violencia. Es la hija de una familia prestigiosa, y es también la víctima de un crimen casi perfecto porque, a pesar de la gravedad de sus heridas, Alicia no ha muerto.

Al contrario, según descubren los médicos, su actividad cerebral los obliga a pronunciarla viva, y dentro de ella algo ha empezado a crecer.

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Y que Alicia sigue viva empiezan a entenderlo no solo los médicos, sino sus familiares, que la ven aparecer fugazmente. Pero también nosotros, que nos encontramos con ella hablando en primera persona, soñando o delirando, tal vez en otro plano al no poder estar en su cuerpo conectado a una máquina.

¿Quién querría matar a “la mujer más bella del mundo”, la heredera de la fortuna más grande de Barranquilla? Sospechosos hay muchos, todos ellos gente cercana que hace espíritu de cuerpo para encubrirse y proteger su estatus.

La policía de delitos contra la mujer, que solo cree en la evidencia, se multiplica para resolver el caso. Como parte de las medidas, traen de Bogotá a la Milagrosa, la capitana Patricia Oleas, quien en remoto tiene como asesor a un profesor de Criminología.

¿Qué hace Abello con este libro? Nos da investigación policial, historia del arte, intriga familiar; de paso se divierte musicalizando su historia como quiere. Cambia de locación, de narrador y de diálogos sin dar indicaciones, obliga a los lectores a estar muy atentos, bajo pena de poner en boca de un personaje palabras que son de otro.

De paso, como él mismo admite, desafía la rivalidad que hay entre costeños y cachacos (bogotanos) al elegir Barranquilla, pero poner en los roles principales a los brillantes y excéntricos cachacos Patricia Oleas y Félix Fuenmayor (detalle que exaspera a los personajes barranquilleros).

Al mismo tiempo reflexiona mucho sobre el sentido de vivir y de morir, y sobre la conciencia. Pero sobre todo sobre la autodeterminación de la gente que ha sido golpeada y traicionada y tiene el valor de pedir ayuda, de reinventarse y de empezar de nuevo.

El actor dice que decidirse a empezar Saturno tropical le tomó diez años. Escribirlo, cinco meses. “Me divertí bastante escribiéndolo”, dice Abello en una entrevista a propósito del lanzamiento. “Soy el menor de cinco hermanos y nací a diez años del último, así que me tocó aprender a jugar solo”, comenta, describiendo su proceso de escritura.

“Yo me senté a armar un rompecabezas que llevaba uniendo una década, muy divertido”, añade, agradeciendo a su editor, que decidió darle la libertad de un niño. “Y los niños somos delirantes, absurdos, tenemos una imaginación sin límites; y todo lo que hacemos, por más que sea imaginativo, tiene sentido”.

Después de pasar 35 años en “el ojo público”, esta es la primera vez que decide dar a conocer, a través de la ficción, su manera de ver la vida. “Lo que guardan mis pensamientos, lo que esconde mi mirada y el deseo enorme de preguntar: ¿por qué matamos lo que amamos?, como una tarde de invierno sentenció Oscar Wilde tras los helados muros de la cárcel de Reading”. (F)