La abogada y activista guayaquileña Anunzziatta Valdez Larrea presenta La audacia de los sueños, un libro testimonial en el que ella y otras treinta voces reconstruyen décadas de hitos históricos, reformas legales y aportes democráticos y educativos en los que participaron.
No es una biografía, aclara la autora, sino un registro de los procesos sociales y reivindicativos en los que han participado ella, otras mujeres y algunos hombres, enfocados en el reconocimiento de derechos de mujeres, niños, jóvenes, personas con discapacidad y otros grupos vulnerables.
“He invitado a 30 de esos actores para que aporten al comentario de los procesos que narro, los que hemos llevado en los últimos 50 años”, indica Valdez. Eso no excluye lo anecdótico, y a la par que el trabajo realizado están allí las vivencias, sueños y decisiones personales de la autora. “Todo lo que me constituye como persona; situaciones difíciles y reconfortantes, pero cuando tenemos un sueño podemos superar todo, si ponemos el empeño necesario”.
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Ahí están los inicios de la abogada, exdiputada y presidenta del Contrato Social por la Educación. “Comencé trabajando en el área de mujeres, ese fue el mayor énfasis de una buena etapa de mi vida, y ahí los procesos tuvieron dos partes: eliminar todas las normas legales que oprimían a la mujer en el plano civil y penal y que le impedían desarrollar sus derechos humanos básicos”.
Esos obstáculos, detalla, implicaron la reforma del Código Civil y la eliminación del concepto de la potestad marital, que era un derecho exclusivo del varón por el cual la mujer, al momento de casarse, pasaba a ser declarada por la ley relativamente incapaz de administrar sus bienes, decidir sobre los hijos, movilizarse libremente y salir del país.
Valdez, junto con la abogada Nieves Sotomayor, desarrollaron el proyecto de reformas, y lo presentaron en el gobierno de Jaime Roldós. “No se pudo concretar por el lamentable accidente que tuvieron (el mandatario y su esposa), pero yo continué. Felizmente tuve la coyuntura de que Cecilia Calderón, que dirigía el FRA después del asesinato de su padre, me pidiera ser candidata a diputada. Gané la diputación en 1984 y presenté la propuesta que finalmente se aprobó y desde ese momento ya las mujeres tuvieron pleno derecho dentro del área familiar”.
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Esa fue solo la primera parte. “Luego vino la materia penal. Las mujeres estaban prohibidas de denunciar la violencia que ejerciera el marido sobre ella. Yo presidía la fundación María Guare y era vicepresidenta del Colegio de Abogados, y elaboramos una propuesta de reforma de creación de las Comisarías de la Mujer y la Familia”. Estas entidades empezaron a funcionar en 1994.
La activista habla de la conmoción social que causó esta medida. “Los medios de comunicación por primera vez pudieron constatar el nivel de violencia, porque las mujeres hacían largas filas para poner su denuncia”. También motivó una movilización social de mujeres, y en 1985 se expidió la Ley de Violencia contra la Mujer y la Familia. “Ahí se establecen no solamente sanciones al agresor, sino medidas de protección para la víctima”.
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Luego vino lo que Valdez llama la etapa de empoderamiento. “Fui presidenta de la Comisión de la Mujer, el Niño, la Juventud y la Familia, de 1998 a 2002. Me tocó trabajar otra vez con Cecilia Calderón y con otras mujeres también muy valiosas, Margarita Carranco, Susana González, de Cuenca. Trabajamos más allá de banderas políticas. Y en esas circunstancias hicimos reformas a la Ley de Elecciones”. Básicamente, las mujeres eran las últimas en las listas o de plano no había ninguna.
“Esta ley, que se llamó ‘de cuotas’, se aprobó en el 2000, pero no se pudo aplicar porque el Tribunal Supremo Electoral, días antes de finalizar el periodo de inscripción de las candidaturas, dictó reglamentos abusivos indicando que por esta ocasión no se aplicaría la ley. Tuvimos que presionar de diferentes maneras. Finalmente se presentó una demanda contra el TSE ante el Tribunal Constitucional y este dictó sentencia, obligando al TSE a cumplir con la ley. Desde ese momento, la participación (política) de la mujer subió del 8 % al 41 %”. Así se mantiene, asegura.
Otro logro que rescata fue el ingreso de las mujeres como oficiales de armas y de servicio a las Fuerzas Armadas, la Comisión de Tránsito del Guayas y el incremento de ellas en la Policía Nacional (no llegaba al 1 %). “Ese proceso lo desarrollé como diputada, cumpliendo con mi función fiscalizadora, y dio como resultado: las mujeres están en un porcentaje no igualitario, como deberían de estar, pero sí relativamente alto, 28 %, y tiene que seguir subiendo”.
La audacia de los sueños es una celebración de todas las puertas que se abrieron en estas últimas cinco décadas, destinadas a la validación y a la credibilidad de la mujer, después de siglos en que ellas no tenían ninguna de las dos. “Había tan poca credibilidad de lo que decía la mujer, que el Código Penal establecía que no podían ser testigos en causas penales las personas condenadas a penas de reclusión extraordinaria, los sordomudos que no pudieran darse a entender por escrito, los rufianes y las mujeres”, señala.
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Pero quiere que se sepa que nunca trabajó sola. “Siempre estuve acompañada de otras personas. Hombres y mujeres; las figuras masculinas fueron determinantes en muchos procesos. Para la ley que eliminó el código de la potestad marital fueron claves el doctor Gil Barragán y el doctor Carlos Feraud Blum, quienes apoyaron esa iniciativa en mi primera diputación”. En la creación de la comisaría de la mujer, un actor principal fue el doctor Marcelo Santos y el asesor jurídico del Ministerio de Gobierno Nicolás Cassis Martínez; en la historia de la ley de cuotas fue importante el apoyo del doctor Santiago Velázquez Coello. “Y en el proceso de las Fuerzas Armadas, el ministro de Defensa Diego Unda… cuando ya lo había advertido con un juicio político”, recuerda.
Un episodio especial fue la expedición del Código de la Niñez y la Adolescencia, tema en el que acredita a Cecilia Calderón. Y recuerda con aprecio la Ley de la Juventud y el establecimiento del 12 de agosto como el Día de la Juventud.
“Es un libro sociológico”, asegura Valdez, pues tuvo que abrirlo relatando cómo era la sociedad ecuatoriana hace 50 años. “Y eso implicó abrir mi intimidad, cómo era mi familia de origen, mi familia conyugal, los procesos que pasé para superar los condicionantes”. Y sí, también hay una crítica reflexiva sobre la posición de las instituciones religiosas frente a la situación de la mujer; en su opinión, muy poco alineada con las enseñanzas de Cristo.
“Nunca he sido agresiva, nunca he sido imponente, pero sí firme, persistente y convincente en los derechos que defendía”, describe la abogada, que siente que su carrera, lejos de ser desgastante, ha sido estimulante. Cada vez que se conseguía un logro, sentía que todos los esfuerzos habían sido compensados. Y eso es lo que siento ahora, una gran satisfacción. Escribí este libro porque creo que la historia de la lucha de las mujeres debe ser conocida”.
La presentación de La audacia de los sueños será el martes 27 de enero a las 10:00 en el MAAC.
Costo de preventa: $ 10. Posteriormente estará en librerías y en línea ($ 15). El conversatorio será liderado por Nelsa Curbelo, Cecilia Calderón, Cecilia Endara y Nieves Sotomayor. El análisis literario lo llevará Clara Medina. (F)

























