El príncipe Felipe, duque de Edimburgo, que falleció el pasado día 9 a los 99 años, acompañó como esposo a la reina Isabel II durante más de siete décadas.

Conocido por su particular sentido del humor y su fuerte carácter, Felipe de Mountbatten, nacido con el título de príncipe de Grecia y Dinamarca, fue el consorte más longevo en la historia de la monarquía británica. Se retiró de la vida pública en 2017, pero continuaba participando en eventos familiares.

Felipe de Edimburgo, hijo del príncipe Andrés de Grecia y la princesa Alicia de Battenberg, nació en la isla de Corfú el 10 de junio de 1921, aunque abandonó el país heleno con tan solo 18 meses de edad ante la inestabilidad política que llevó a la abdicación de su tío, el rey Constantino I de Grecia.

Gracias a la intermediación del monarca británico Jorge V, la familia real griega abandonó el país a bordo de un barco militar del Reino Unido, donde el pequeño príncipe tuvo que viajar en una cuna fabricada con una caja de naranjas.

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Durante los años de exilio en París, su familia vivió con recursos limitados, a diferencia de la suntuosidad de la corte y los tutores privados que rodeaban a la princesa Isabel, su futura esposa.

Cuando se presentó con 25 años ante Jorge VI para pedir la mano de la princesa, Felipe era un pretendiente controvertido, dado que era extranjero y provenía de una familia empobrecida. Aun así, el monarca dio su beneplácito a la unión de los dos amantes, que se habían intercambiado correspondencia durante la Segunda Guerra Mundial y sellaron su enlace el 20 de noviembre de 1947.

El nuevo príncipe consorte, que dejó de fumar un día antes de la boda, recibió los títulos de duque de Edimburgo, conde de Merioneth y barón de Greenwich.

Las exequias fúnebres del príncipe se cumplieron el 17 de abril. Y ahora, como era de esperarse, surgen interrogantes sobre su herencia.

Más de 13 millones de personas siguieron en directo por televisión la de las exequias fúnebres del príncipe Felipe, duque de Edimburgo, consorte de la reina Isabel II de Inglaterra. Foto: AFP

El Daily Express indica que el duque deja una fortuna sustancial, aunque se desconocen las cifras exactas. Algunas estimaciones han citado cifras tan altas como 30 millones de libras esterlinas (unos 41 millones de dólares), aunque se cree que la marca de 10 millones de libras esterlinas (13 millones de dólares) es más probable.

Felipe acumuló su fortuna personal a partir de su carrera en la marina y de su trabajo en la familia. Por ejemplo, tenía una asignación real regulada por la Ley de Subvención Soberana, de alrededor de 360.000 libras al año (cerca de 500.000 dólares); y recibía beneficios del Ducado de Lancaster, propiedad privada del soberano británico que le proporciona una fuente de ingresos independiente.

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El duque también tenía propiedades y una carteras de acciones, junto con una valiosa colección de arte y libros. Muchos de estos activos se compartieron con Isabel II, y ahora los conservará. Sin embargo -según fuentes reales-, algunos elementos se han transmitido a miembros de la familia. Por ejemplo, sus ponis y su carruaje verde oscuro pasarán a manos de su nieta lady Louise, hija del príncipe Eduardo, conde de Wessex.

Además, el Daily Express indica que el príncipe Eduardo, el hijo menor de la reina y de Felipe, heredará el título de duque de Edimburgo una vez que la reina muera.

En todo caso, en gran medida, todo lo que esté en la herencia de Felipe irá a la reina, lo que significa que no se pagará ningún impuesto a la herencia según la ley que permite la herencia conyugal libre de impuestos. (I)