De la guerra a la pasarela, ese es el salto que han dado los uniformes militares de los aguerridos soldados que hace 200 años sellaron la independencia de Ecuador, al inspirar a un grupo de jóvenes diseñadores ecuatorianos para una colección de moda que transmite libertad y emancipación.

Botones grandes, cuellos altos, cordones cruzados y bordados dorados, entre otros icónicos elementos de la indumentaria castrense de inicios del siglo XIX, han sido reinterpretados por los estudiantes de diseño de modas del Instituto Yavirac, en el centro histórico de Quito, para dar a luz piezas contemporáneas con aires heroicos.

Es su particular homenaje a la Batalla de Pichincha (1822), librada en la capital ecuatoriana sobre las laderas del volcán que lleva ese nombre y cuyo bicentenario se conmemora el 24 de mayo como uno de los días más importantes de la historia de Ecuador.

Y es en las faldas del Panecillo, la montaña insignia de Quito, donde esta versión de alta costura del ejército independentista comandado por Antonio José de Sucre invade la pasarela del Instituto Yavirac que estaba prevista a exhibirse el jueves 12 de mayo en un desfile junto a otros vestidos inspirados en las aves emblemáticas del país.

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Estudiante Carol Bonilla. Foto: Jose Jacome

En esta colección hay diseños tanto masculinos como femeninos, en homenaje también a heroínas de la independencia ecuatoriana como Manuelita Sáenz, Manuela Espejo y Rosa Zárate.

"Algunas estuvieron detrás de las tropas. Se les conocía como las huarichas y acompañaban a los ejércitos libertarios para apoyarles como enfermeras o cocineras, pero también en los momentos críticos se vestían de militares para luchar", recuerda a Efe Ramiro Sarria, docente que acompañó el trabajo creativo de estos trajes.

Heroínas militarizadas y sensuales húsares

El diseño inspirado en Manuelita Sáenz es un vestido ajustado de tela denim (jean) que combina elementos de la indumentaria femenina y militar de la época para dar lugar a una pieza de corte neoclasicista, movimiento estético de moda en aquellos años, explica a Efe Miriam Rocha, una de las creadoras de este diseño

Mientras una falsa manga cubre el brazo izquierdo como ropaje de la época, una suerte de túnica de organza cuelga del hombro hacia el costado derecho, sujetada por apliques dorados que recuerdan a las charreteras y hombreras que lucían los soldados y por un cinturón con bordados también dorados de hojas de laurel.

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Estudiante Verónica Reinoso. Foto: Jose Jacome

En contraste, otras creaciones inspiradas en los húsares y granaderos evocan con cuerina las largas casacas de cuellos altos que atesoraban estos regimientos, en una elegante y estilizada versión plasmada en blancos y negros con transparencias donde se conservan los botones y los cordones de la pechera.

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“Me enfoqué bastante en la sensualidad, que le permita a la mujer mostrarse como es sin temor a ser juzgada, sin los clichés de por qué usa poca ropa”, comenta a Efe Leonardo Raza, uno de los autores de estas dos piezas con las que quiere “empoderar a quien la lleve y que sea el centro de atención”.

Aves como símbolo de libertad

Junto a los diseños de temática histórica también están los alegóricos a las aves insignia de la provincia de Pichincha, cuya capital es Quito, con piezas inspiradas en especies como el tucán del Chocó, el búho terrestre, el colibrí gigante, el pájaro paraguas, el águila andina o el cocó hormiguero.

Quizás uno de los más espectaculares sea el diseño basado en el colibrí gigante, una pieza verde de aberturas laterales hasta la cintura que permite lucir la espalda para que las miradas se terminen posando en su cola múltiple, que llega hasta el suelo en una alegoría de la parte más distintiva de este pájaro.

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Estudiante Keren Gutiérrez. Foto: Jose Jacome

En el caso del vestido alusivo al tucán del Chocó, este toma sus colores amarillo y negro, con la forma del pico en el escote delantero y de su cola en la parte posterior, expone Camila Villagómez, creadora de esta propuesta junto a otras dos compañeras suyas.

"Para las alas se utilizó una abertura en toda la falda, de modo que al caminar dé la sensación de que está volando, y para simular los ojos se hizo una obertura de pedrería de color verde, mientras que se le puso plumas en todo el ruedo del corpiño y de la falda", detalla Villagómez.

Para el profesor Sarria, el elemento que une los diseños históricos con los de aves es “la libertad”, porque “un ave es símbolo de libertad, y muchas de estas especies están en peligro de extinción, si no las cuidamos, vamos a perderlas para siempre”. (I)