Hablar de liderazgo en el mundo corporativo aún se entiende como una cuestión exclusiva de jerarquía o mando. De sobriedad y solemnidad. De masculinidad y competencia.
La empresaria ecuatoguineana Bisila Bokoko quiere transformar ese concepto, desafiándolo en conferencias y publicaciones que la han catapultado como una importante voz femenina en el tema.
Recientemente, la revista Forbes Women la incluyó en la lista 50 Over 50, que destaca a mujeres de todo el mundo que demuestran que el éxito profesional puede alcanzar su punto álgido después de los 50 años (Bisila tiene 51).
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Con esa presentación, la autora ha estado en Ecuador al menos en seis ocasiones, compartiendo su historia de superación como migrante, sus miedos personales y los retos que ha superado para emprender, siguiendo su propósito de hacer que los demás conecten con su líder interior.
A mediados de marzo Bisila fue invitada por la Cámara Ecuatoriana Americana de Comercio donde justamente reafirmó este tema con mujeres empresarias, como un compromiso para entender el liderazgo como un camino por el que otras también puedan avanzar, honrando sus raíces.
¿De qué trata su conferencia ‘Un llamado a la raíz?
Es una conferencia para hablar de nuestros orígenes, de cómo las emprendedoras empezamos desde un punto en común. He querido llevar eso más atrás, a nuestras ancestras. Creo que la conexión con nuestras madres, nuestras abuelas, nuestras bisabuelas, es muy potente. Nuestra obligación es primero superar los traumas que van a través de nosotras por el vínculo transgeneracional, que a veces nos impiden a veces conseguir más cosas.
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Tenemos el síndrome del impostor, miedos, perfeccionismos, pero al mismo tiempo también podemos conectar con esa sabiduría ancestral que corre a través de nuestras venas, a través de las personas que nos precedieron para poder abrir el camino a las que vienen.
Hay autores que nos invitan a imaginar cómo sería la sociedad si hubiera sido matriarcal y no patriarcal. ¿Se lo ha imaginado?
Me encanta imaginármelo y creo que volveremos a una sociedad más matriarcal. Estoy segura de que en el siglo 21 vamos a verlo, porque cada vez hay más mujeres ocupando espacios importantes. Creo que la situación geopolítica en este momento también nos demuestra la importancia del equilibrio entre lo femenino y lo masculino.
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Soy súper optimista y pienso que llegaremos a ese equilibrio, creo que no se trata de matriarcado o patriarcado, sino realmente de ese liderazgo humano donde hombres y mujeres podamos trabajar conjuntamente en armonía.
Este mes se conmemoró el Día de la Mujer. ¿Para Bisila, qué temas son urgentes de visibilizar?
Lo que más me gustaría es que las mujeres colaboremos con mujeres. Creo que seguimos todavía compitiendo entre nosotras, en los entornos corporativos hay un complejo de la abeja reina. Para mí, uno de los grandes desafíos que tenemos como mujeres, más que de manera individual, es que seamos escaleras para las otras.
Eso pasará cuando puedas soltar tu silla y abrir más puertas para otras mujeres, para que cambiemos la narrativa de que las mujeres no podemos colaborar conjuntamente. Creo que eso está cambiando, pero tenemos que hacer un esfuerzo para hacerlo más y mejor.
¿Y por qué ocurre eso?
Hay razones históricas y estructurales, no tanto culturales. Si miramos hace 100 años atrás, la única manera en la que una mujer tenía para subir en sociedad era solamente a través de un hombre, el más fuerte o el que más recursos económicos tenía. El macho alfa. Y eso nos hizo competir con otra, cual enemiga.
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Todo esto viene por una mentalidad de escasez que tenemos que cambiar a una de abundancia. Hay espacio y sitio para todas.
¿Qué siente usted cuando las mujeres, como en este momento, la detienen y le piden fotos casi como si usted fuera una celebridad?
Te puedo decir que para una persona que viene del centro de África y doblemente migrante, porque mis padres emigraron a España y yo a Estados Unidos, es algo que a veces no sé ni cómo gestionarlo. Pero lo quiero mirar desde la humildad, porque quiero sobre todo inspirar a otras personas a que sepan que su historia puede cambiar y que puede ser la escalera para otra persona. Y al final no soy yo quien hace esto, es Dios; yo soy el instrumento.
Está completamente de rosado y ese color no se asocia mucho con lo corporativo o lo gerencial. ¿Por qué eligió ese color y qué desea comunicar?
Que la feminidad es maravillosa. Me gusta ser femenina. Creo que durante mucho tiempo las mujeres nos hemos masculinizado para entrar en el mundo de los negocios y por supuesto, estamos acostumbradas a vernos de traje, de chaqueta negra, tratamos de que se nos vea lo menos posible. Y yo lo que trato es de brillar, porque quiero que las otras mujeres brillen.
El rosa es mi color favorito y es mi color corporativo. Es un color alegre, además yo veo la vida de color de rosa y eso es lo que quiero comunicar.
¿Cómo superó los retos de ser doble migrante?
Lo superé porque utilizo la inteligencia narrativa y eso es qué historia te estás contando de ti mismo. Todos tenemos una historia que se repite como un disco en nuestra cabeza. Podría contarme la historia de que todo es difícil, que me pone todo el mundo zancadillas. Pero yo soy una saltadora de vallas, y he saltado muchas. Cómo me cuento mi historia y mi actitud van a determinar cómo vivo.
Claro que me he enfrentado con muchos retos, o sea ser hija de migrantes en una España en los años 70 donde no había negros no ha sido fácil. He sufrido bullying en los colegios, se han reído de mí, se me han cerrado muchas puertas. Pero también he tenido que reventarlas; se me ha negado el sitio en muchas mesas, pero he tenido que coger la silla y ponerme en esa mesa.
Claro que tengo retos, pero yo he querido cambiar la narrativa y cambiar la narrativa significa pensar de otra manera, cambiar mi estructura mental, cambiar de ser una víctima a ser la creadora de diferentes circunstancias con el fin de darles a los demás la oportunidad también de hacerlo.
A usted se le considera una voz influyente de liderazgo. ¿Cómo descubrió ese llamado o ese propósito de vida?
Pues en realidad no ha sido un descubrimiento. El llamado me ha encontrado a mí, porque muchas veces hablamos del sentido del propósito y estamos buscándolo, pero a veces ese propósito viene a buscarte a ti. Yo toda mi vida intenté esconderme, ser lo más invisible posible, pasar desapercibida. Tenía mucho miedo a brillar.
Al final, donde está el miedo está la brújula hacia donde tienes que ir. Muchas veces lo que más miedo nos da como mujeres es brillar, estar en espacios visibles, pero por ahí es. En realidad este propósito para mí es simplemente para mostrar el camino hacia las otras personas. Me costó mucho entenderlo, aceptarlo, pero hoy lo llevo con orgullo.
Hablando de liderazgo, ¿los líderes nacen o se hacen?
Las dos cosas. Hay personas que desde muy pequeñas ya se les ve que tienen esa tendencia al liderazgo, los demás le siguen. Son personas muy abiertas. Yo no era así, para nada,. Luego hay otras personas que crecemos en el liderazgo. Muchas veces te dan un puesto y tú dices no, no voy a poder, pero tú te vas haciendo en ese puesto.
No todo el mundo ha nacido para ser líder, pero te puedes hacer líder en el camino. Desde luego no tenía nada de liderazgo, era más una follower, quería pertenecer, nunca quería ser distinta. Hoy me doy cuenta de que mi diferencia es lo que ha hecho mi marca personal. Sigo todavía trabajando en mi liderazgo. No he acabado con mi trabajo.
Dicen que el mundo está dividido entre líderes y seguidores. ¿Qué opina?
El liderazgo es una actitud, una ama de casa puede ser líder. Todos tenemos personas, madres o padres, que nos han inspirado aunque no tengan puestos (de jerarquía). Hay que ver la diferencia entre lo que es un puesto de liderazgo y lo que es ser líder.
Para mí un líder es una actitud y tú puedes ser líder limpiando baños en un hotel porque es la manera en la que lo haces. Es cómo actúas desde ese liderazgo y empoderamiento, cuando estás haciendo algo y dices ‘lo voy a hacer lo mejor posible, no voy a buscar la perfección, voy a buscar la excelencia’. Y eso para mí es el liderazgo.
No es simplemente de seguidores y personas que seguir, es mucho más que eso. Lo más importante es liderarte a ti, el autoliderazgo es el verdadero liderazgo. Estás aquí trabajando, aplicando la paciencia de esperar porque tienes disciplina, porque quieres lograr tus propósitos. Antes de liderar personas debemos liderarnos a nosotros mismos.
El año pasado presentó el libro El miedo y yo. ¿De qué se trata este libro?
Es una invitación a la vulnerabilidad, que nos hagamos amigos del miedo, porque el miedo va a estar con nosotros desde hasta el último día de nuestros días. Yo siempre digo que nací con miedo. Heredé los miedos de mis familiares, de la migración, los miedos de tener unos padres prácticamente muy jóvenes. Cuando luchas contra el miedo, el miedo es como un monstruo que va creciendo y lo alimentas.
Pero si tú el miedo lo entiendes y te das cuenta que es una brújula que viene a darte un mensaje, y que lo tienes que poner de copiloto, entendiendo la diferencia entre la prudencia y el miedo.
El miedo tiene muchos disfraces porque el miedo puede ser perfeccionismo, cuando la gente dice ‘no estoy lista’, pero luego nunca estás lista y eres la eterna aprendiz y nunca lanzas tu proyecto.
Tienes que mirar el miedo a los ojos y decirle por favor apártate, que voy a ir hacia adelante, porque la valentía no es ausencia de miedo, es hacer las cosas con miedo.
¿Y cuál ha sido uno de sus mayores miedos?
He tenido muchos miedos, pero creo que el más fuerte es el complejo de Jonás, que así lo llamaba Abraham Maslow. Es el miedo a brillar, el miedo al éxito. Por eso uno se va boicoteando y no quieres celebrar tus éxitos, no quieres ser visible.
Otro de los grandes miedos es a la crítica y al juicio, al que dirán e intentar pertenecer siempre. Porque el ser la única niña negra en el colegio sentía rechazo, entonces eso ha hecho muchas veces que haga todo lo posible para que la gente me quiera y buscar la aprobación externa de los demás. Es un miedo por el que tengo que trabajar mucho.
Esos miedos son difíciles de reconocer hasta que vivimos un quiebre o alguien nos lo señala.
Yo los descubrí cuando pase la noche oscura del alma, cuando lo perdí todo. Mi trabajo, mi matrimonio, todo. Cuando te encuentras solamente contigo mismo, ahí es donde te encuentras con todos tus miedos y tienes la opción de estudiarlos, de ver de dónde vienen.
Pero a veces actuamos en piloto automático, no tenemos ese nivel de conciencia. A medida que tú te vas conociendo, tu nivel de conciencia va elevándose y te empiezas a ver y desde ahí lo puedes cambiar. (I)





