La primera sensación no viene del plato. En Indomable, los sentidos en su totalidad se afinan desde el ingreso al restaurante, ubicado en Aventura Plaza (norte de Guayaquil), en tres niveles que dialogan entre sí, luces que acompañan el ritmo, artistas que aparecen en distintos puntos y un menú desarrollado para cautivar distintos paladares.

Aquí, la gastronomía es parte de una escena más amplia. Los sabores latinoamericanos aparecen como un hilo conductor, no como una catálogo exhaustivo. Cada espacio propone una atmósfera distinta y el recorrido invita a quedarse, a mirar, a escuchar.

“La idea nace de un viaje de negocios visitando países vecinos, conociendo otras propuestas y cultura. Y nos dijimos: ‘¿Por qué no un concepto así en Ecuador?’. Esta es la unión de varios conceptos de países como Colombia, México, entre otros”, dice Daniel Park, CEO de Indomable.

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De ese trayecto nace esta visión que entiende al restaurante como experiencia integral, capaz de competir con propuestas internacionales sin perder identidad.

Experiencias

De acuerdo con Park, cada piso del establecimiento tiene una vibra distinta: el último piso (vip) es un ambiente más privado o para eventos; el segundo piso, en cambio, tiene escenario y bar; y en la planta baja tienen shows con el staff de entretenimiento. “Hay una propuesta que va de piso en piso haciendo presentaciones y animaciones”, agrega.

El nombre del establecimiento, explica, evoca la cultura más desinhibida y atrevida que descubrieron durante sus viajes e invita al consumidor nacional a que sea más abierto y empático. “Salimos de lo tradicional y traemos este concepto disruptivo”, revela Park sobre este proyecto, que crea plazas de trabajo para alrededor de 93 personas.

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Sabores sorprendentes

El ecuatoriano Jefferson Macías es el chef ejecutivo de Indomable, que cuenta con una carta de 40 platos. Los sabores funcionan como coordenadas: la cocina propone un recorrido que cruza países y referencias sin necesidad de abandonar la ciudad. Un viaje que sucede en la mesa, mientras la tarde avanza y el espacio cambia.

“Tenemos sabores marcados. Queríamos tener una mezcla de sabores y culturas, así como de técnicas”, refiere.

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La variedad permite recordar recetas y descubrir fusionas deliciosas, como el golden cheese (queso frito con miel de tocino), patacón nikkei (con tartar de atún, sal prieta y guacamole), lomo peruvian (arroz cremoso a la parmesana combinado con lomo saltado estilo peruano), espagueti encocado (con mariscos en salsa de coco) y uno de los más memorables: el ajillo del Pacífico (camarones al ajillo sobre sango de choclo y tropezones de cocolón), por mencionar los recomendados del chef.

¿Qué postre no debe faltar en su pedido?

Un pan brioche relleno de crema de queso salada con higos confitados al ron, receta sugerida por Park (puede servírsela antes o después del plato fuerte).

Macías, originario de Guayaquil, tiene diecisiete años en el campo gastronómico con especialidad en distintas cocinas, entre ellas la ecuatoriana. “Todo está pensado para el maridaje perfecto. El ajillo del Pacífico queda muy bien con un coctel que tenemos de tamarindo”, agrega.

El restaurante tiene capacidad para 200 personas (sentadas) y 280 (en eventos). Atención, de domingo a jueves es de 12:00 a 00:00; viernes y sábado, de 12:00 a 03:00. (I)

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