La primera vez que le pusieron una bandeja de encebollado al frente no le provocó el mínimo interés. ¿Una sopa? ¿De pescado? ¿En el desayuno? Sacrilegio. Nada que ver con el menú mañanero de huevos, tocino y pan que solía consumir en su natal Canadá.

Ocho años después, quién diría que ese potaje que nos hace inflar el pecho a los ecuatorianos, que nos pone a saltar cada vez que sube en el ranking de Taste Atlas, se convertiría en la estrella de su flamante negocio.

Es que después de saborearlo unas cuatro veces más, en especial en una mañana con chuchaqui, Josh Yentin finalmente entendió el poder de este platillo típico. Desde entonces, asegura, se puede comer al menos dos encebollados a la semana.

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“La descripción del encebollado no era muy llamativa para mí al principio... pero le di otras oportunidades y me convertí en fanático. Amo el encebollado y hasta hoy no me he empalagado de él”, declara.

Conquistado por esta receta, el creador de contenido digital más conocido como Loco Living se alista a inaugurar su restaurante Encebollados del Gringo este sábado 7 de marzo, en Cuenca, donde se ha radicado desde el 2017.

“Yo sé que es algo loco por el hecho de que no nací en este país. La gente lo ve como medio chistoso y a veces, más que chistoso, extraño”, explica el influencer.

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Es curioso, nota, que cuando le preguntas a alguien dónde comer el mejor encebollado, todos tienen respuestas diferentes, porque todos tienen sus preferidos. El ‘encebollado del gringo’ podría ser uno de ellos. Y así tomó la decisión audaz de lanzarse a este emprendimiento.

Por supuesto, aprendió a hacerlo, aunque al inicio se le quemaba hasta el agua, bromea. Para tranquilidad de sus seguidores, él no está en la cocina de su restaurante, sino un personal de la Costa y Sierra para entregar la mejor sazón en su carta, donde además ofrece platillos costeños.

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El ‘sueño ecuatoriano’ del canadiense Loco Living y su pasión por el encebollado: abre su primer restaurante dedicado a esta sopa típica. Foto: instagram.com/encebolladosdelgringo

“Yo sé que puede ser algo muy complicado y que me van a llegar críticos. Pero créame, he puesto todo mi esfuerzo, todo mi corazón, en este negocio porque quiero mostrar al mundo qué tan bueno es nuestro sabor”, explica Josh sintiéndose muy local. “Como dicen los ecuatorianos, el que no arriesga, no gana”.

Romance a la ecuatoriana

En el 2017 Josh Yentin llegó a Ecuador como un ‘mochilero’ extranjero más, después de pasar los dos años anteriores en Asia. Pensaba que su estadía en nuestra nación sería de apenas un mes. Pero el estilo de vida desenfadado en nuestro territorio lo enamoró. Y ese mes se convirtió en ocho años. Aquí se quedó.

El ciudadano de 30 años, originario de Montreal, echó raíces en Cuenca, decantándose por esta ciudad por ser considerada la más bella del Ecuador. Y porque en la Costa, añade, se quema con impresionante facilidad (note que Josh siempre estila tener la cabeza rapada).

Su nombre digital, Loco Living, nació del deseo de conectar con el público anglosajón y latino al mismo tiempo. A pesar de que está familiarizado con la melodía Gringa loca, de Héctor Napolitano, aclara que su inspiración más bien llegó de la famosa frase de la canción de Ricky Martin, Livin’ la vida loca.

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Aunque hoy es una figura pública, Josh explica que su contenido busca rescatar la identidad ecuatoriana que, a veces, los propios locales olvidan debido a las conocidas crisis sociales.

“A veces nosotros como ecuatorianos no nos damos cuenta de lo que tenemos hasta que un extranjero viene y nos muestra la belleza. Quiero que seamos orgullosos de nuestras raíces, de la comida y de las tradiciones”, explica.

Un compromiso más allá de los ‘likes’

Ante las críticas de quienes sugieren que su amor por el país es solo por conveniencia digital, Josh responde con la realidad de su vida: lleva una década lejos de su familia en Canadá, ha aprendido español en los mercados y ha invertido su capital en proyectos locales.

Su compromiso incluye la Fundación Loco Living, donde planea destinar un porcentaje de las ventas de su restaurante para obras sociales como la construcción de escuelas.

“Siento una atracción fuerte por el país... es loco porque estando aquí me siento más conectado a la gente que cuando estoy en Canadá. Llego a Canadá y, la verdad, me siento como un turista”.

Proyecciones y futuro

Para este año, Josh tiene metas claras: consolidar su restaurante y su fundación. En la tercera década de su vida no solo busca el éxito empresarial, sino también personal, expresando su deseo de formar una familia en Ecuador y tener “unos siete u ocho hijos” que corran por las calles ecuatorianas.

La anterior es una escena que se complementa, seguramente, con él degustando un suculento encebollado a media mañana, acompañado de maíz, pan, chifle, limón y ají (“con todos los juguetes”), como a él le gusta, y unificando así el eterno debate de cómo comer este caldo tradicional.

Su mensaje final es de resiliencia y orgullo nacional, invitando a los ecuatorianos a mirar más allá de las malas noticias. “Quiero mostrar a los ecuatorianos que tenemos la mejor comida del mundo... que sigamos orgullosos de donde somos a pesar de todo lo malo que sale en las noticias”. (E)