Cuando Doménica Bourne tenía 14 años, su tiempo se repartía entre el colegio y la danza. Madrugaba para ir “bien desayunada” a las clases de la Escuela Gratuita de Arte Semilleros, programa social que funciona desde el Teatro Centro de Arte (TCA), gracias a la Fundación Sociedad Femenina de Cultura. El tiempo para el esparcimiento era reemplazado por lo que considera su pasión, pues la disciplina y organización siempre fueron claves.

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Antes de llegar a Semilleros, Bourne estaba en una pequeña academia que cerró. Su familia no estaba en las posibilidades de pagar sus clases en otro lugar, hasta que supo del programa y convenció a su mamá, preparó una coreografía para la audición y entró directamente al tercer nivel de ballet. Aquí estuvo un año. “Conocí a nuevas personas que se hicieron como mi familia”, afirma la balletista que posteriormente a Semilleros consiguió una beca para la Escuela Inge Brückmann, perteneció al cuerpo de baile del TCA, impartió clases por cinco años y ahora sueña con abrir su propia academia.

Bourne es uno de los talentos de un programa que este año celebra 15 años de existencia y resistencia.

Doménica, balletista que se forjó en Semilleros.

En el 2006 la Fundación Sociedad Femenina de Cultura emprendió el proyecto Semilleros bajo la dirección de Rosario Delgado, desde entonces han brindado formación gratuita a más de 1.000 niños y jóvenes -de colegios vespertinos- en las áreas de ballet (cinco niveles), danza folclórica, música folclórica, pintura y teatro.

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Desde hace dos años la dirección está a cargo de José Manners, él indica que anualmente al menos 130 niños y jóvenes, de 7 a 14 años, se benefician de este espacio. “Yo estoy muy enternecido hasta cierto punto. La misión de la fundación es que estos niños que acogemos cada año encuentren esa guía en su carrera y sigan haciendo lo que más les gusta”, señala Manners.

“Es el programa que caracteriza a la fundación, porque la misión de la fundación también es promover el arte y la cultura, entonces qué mejor que haciéndolo en este grupo de jóvenes que están ávidos por conocimientos, ávidos por mantener su tiempo libre no en las calles, sino dentro de un salón de clases...”, añade.

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Clases de música se imparten de manera gratuita en Semilleros.

Manuel Cobos supo de Semilleros en el 2009, a los 9 años de edad, cuando fueron a darlo a conocer a su escuela. “Había un número de becas, y entre esos estudiantes estaba mi nombre... Yo elegí música porque era lo que me gustaba, quería aprender y ver cómo me iba”, recuerda el joven que durante dos años fue parte del programa.

“Me ayudó a apreciar el arte de una manera diferente (...), una vez que terminó mi beca me dije ‘quiero seguir estudiando’, porque se me despertó esa curiosidad...”, relata Cobos, quien detrás de su firme convencimiento por la música hizo que lo inscribieran en el Conservatorio Antonio Neumane, en donde se graduó luego de siete años. Le siguió una beca en la Escuela del Pasillo Nicasio Safadi Reves y actualmente cursa el sexto semestre de la licenciatura en Producción Musical y Sonora en la Universidad de las Artes.

“Todo empezó en Semilleros, que como lo indica su nombre, fue esa semilla... Si yo no hubiera empezado aquí, no me hubiese extendido con mis estudios musicales, porque a partir de allí pasó de un hobby a una opción laboral”, resalta el joven de 21 años.

Manuel Cobos en sus clases de música que recibió en el 2009 y 2010. Foto: Cortesía

María Fernanda Chacón es otra de las artistas que fueron parte de la escuela. Ella entró a los 11 años. “Me enseñó a tomar más en serio esta carrera (...). Si no hubiera sido por la danza, no habría incursionado en este mundo tan maravilloso como es el arte”, menciona Chacón, quien hoy es profesora en una academia.

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María Fernanda Chacón en una de las presentaciones de Semilleros.

Es por eso que el director Manners considera que luego de Semilleros lo que sigue es una carrera imparable para algunos de los que fueron estudiantes. “Conocer a estos chicos me estremeció las bases, dije ‘estamos haciendo las cosas bien’, niños que de pronto no hubieran tenido esta oportunidad de ser universitarios... están haciéndolo, creo que gracias a esta semillita que les hemos sembrado”, manifiesta.

Sembrando por encima de las adversidades

Por motivo de la pandemia las clases se desarrollaron en la modalidad virtual.

Tradicionalmente las clases son de mayo a enero del año siguiente. Lo aprendido lo demuestran sobre el escenario del Teatro principal en una clausura donde los padres invitan a demás personas para que se deleiten del trabajo de sus pequeños artistas, lo que permite establecer un costo por las entradas y a su vez generar un fondo para los gastos que se den en el montaje, afirma Manners.

Debido a un factor económico el programa de este año no ha comenzado aún. “No hemos conseguido los fondos suficientes, el programa está en espera, en nuestra ambición esperamos empezar en junio y culminaríamos en febrero de 2022”, refiere Manners.

Clases de música se imparten de manera gratuita en Semilleros.

El año pasado, debido a la pandemia, las clases se efectuaron de manera online. “Fue un año de reinventarse y resiliencia, porque no es lo mismo definitivamente dar una clase de ballet sin tener un modelo a seguir presencial o sin una corrección adecuada del pie... decirlo por una pantalla pequeña del computador es muy difícil. Fue una labor quijotesca que tuvieron todos nuestros profesores y por eso estamos tremendamente agradecidos”, expresa el también maestro. (I)