Pop Up Cinema es la primera plataforma nacional de streaming de cine por suscripción que produce contenido original, y que se presentó la noche del viernes 3 de diciembre en el MAAC Cine. No solo es productora, sino distribuidora y exhibidora, con su propia aplicación para dispositivos móviles, sitio web, que hacen posible navegar y reproducir el contenido en televisores inteligentes.

Se puede descargar Pop Up Cinema en el Play Store de Android, en el App Store de Apple, o en PopUpCinema.ec. Desde el 4 de diciembre está activa para Ecuador, Latinoamérica, Estados Unidos y Europa.

Ricardo Velasteguí, uno de los socios fundadores, explica que la idea nació en la pandemia, en medio de la incertidumbre de lo que fuera a pasar con el teatro, que era su fuerte. Les pedían contenido digital. ¿Por qué no grabar las obras y subirlas? “Tenía mucha resistencia a eso porque sentía que no estábamos preparados. Muchos actores intentaron en Zoom, con buenas y malas experiencias, pero yo no quería arriesgarme a eso”.

En cambio, pensaron en una especie de Netflix teatral. “Pero Netflix nos pone la vara muy alta, y por eso nos apresuramos a que nuestra plataforma sea lo más cercano” a esa experiencia de streaming, y a adaptar el formato de teatro a cine.

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No es teatro grabado. Es el guion teatral transformado al formato cinematográfico”. Lo que veremos en esta primera etapa serán pequeños cortos basados en las obras de teatro que funcionaron en Pop Up Teatro, además de series, documentales, películas.

Alberto Pablo Rivera (New Rock Cinema), otro de los socios, se suma a este proyecto por su amor a la actuación. “Nunca la vamos a dejar, pero también tenemos otros objetivos. Ricardo ha estado dirigiendo teatro, yo cine, y hemos fusionado la experiencia de ambos (Velasteguí con el trabajo actoral, Rivera con la cinematografía); y vamos a seguir filmando para alimentar el sitio”.

Velasteguí expresa que la selección del contenido ha sido un proceso intuitivo, comedia, drama, teatro a ciegas, blanco y negro. “Cada uno tiene su estética, su lenguaje, su estilo, su argumento”, técnicas y colores.

El equipo actoral es el mismo de los escenarios de Pop Up Teatro, que han visto su trabajo plasmado “para siempre”, dice Rivera. Han sido dos años de preproducción y producción. “Nadie se iba a imaginar que iba a ir del teatro al cine (y al streaming)”, complementa Velasteguí. Nos explayamos mucho en los silencios y las pausas, cortamos mucho texto, actoralmente fue increíble”.

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A la inauguración de Pop Up Cinema asistieron actores que han tomado parte en el contenido, entre ellos, Giovanna Andrade, Sebastián Perdomo, Adriana Bowen, Valentina Abreu y Michelle Prendez. CORTESÍA Foto: El Universo

Pop Up Cinema se ha convertido también en la primera empresa en pagar regalías anuales a los actores (a través de Uniarte, la Sociedad de Gestión de Derechos de Propiedad Intelectual de Autores e Intérpretes). También pagarán derechos a los músicos a través de Sayce. No hay comerciales ni ‘ads’ dentro de la plataforma. La publicidad será integrada mediante product placement, dentro del contenido original.

El filme más corto tiene 15 minutos, y el más extenso llega a las dos horas. Es la libertad de una plataforma propia, que no se rige por los formatos del cine o la televisión tradicional. Cada pieza dura lo que debe ser. Esa flexibilidad fascina a los creadores.

Otra cosa que los llena de fascinación es poder contar cualquier historia, por ejemplo, Paciente cero (el relato del primer caso de COVID-19 en Ecuador). Esa posibilidad de poder contar en breve historias locales es lo que los mentalizadores consideran metarrealidad, llevar experiencias reales y cercanas al terreno de la ficción.

Finalmente, expresan, quieren dar al público identidad ecuatoriana. “Realmente no tenemos tantas opciones con nuestras historias, nuestros acentos, nuestra gente, nuestras locaciones”, y todas las formas de cultura reflejadas en el streaming, aportan los dos socios, que recuerdan la emoción general entre los espectadores ecuatorianos de la serie Cobra Kai (Netflix) por los pocos segundos en que en la serie se menciona que una de las familias proviene de Ecuador, y se imaginan lo que sería hacer que la identificación de esos cuatro segundos se convierta en una experiencia de cuarenta minutos. (E)