Robert Maudsley es uno de los asesinos más temidos de la historia, además de ser la persona que sirvió de inspiración para el escalofriante personaje de Hannibal Lecter interpretado por Anthony Hopkins en la película de 1991, “El Silencio de los Inocentes”.

Gracias a un pasado terrible, el conocido “Hannibal, El Caníbal” dejó varios asesinatos sangrientos a su paso, y aún hoy, su nombre genera escalofríos en Inglaterra y el resto del mundo.

Robert Maudsley: El origen de su maldad para inspirar a “Hannibal Lecter”

Según reseña el Clarin, al nacer, los padres de Robert lo abandonaron junto con tres de sus hermanos en un orfanato, pero años más tarde, lo recogieron de vuelta para cobrar un seguro de manutención.

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La infancia y juventud temprana de Maudsley jugaron un papel fundamental para convertirlo en el monstruo que es, pues sufrió abuso físico y sexual agravado por parte de su padre, y su madre era adicta a la cocaína.

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Más adelante estuvo involucrado con drogas como la cocaína y la marihuana, y cayó en la prostitución para poder pagar sus vicios.

Los crímenes que cometió Maudsley

El primero de sus asesinatos le valió la cadena perpetua, pues teniendo 21 años, golpeó y estranguló hasta la muerte a un pedófilo que le había mostrado fotografías de los niños de los que abusaba.

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Luego de que lo catalogaran como “mentalmente inestable”, lo recluyeron en el centro psiquiátrico Broadmoor de alta seguridad, en donde, junto con un compañero, torturó a otro recluso que fue acusado de pedofilia.

Maudsley fue trasladado a la cárcel Wakefield, en donde se encontraban los más peligrosos criminales de Inglaterra.

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En 1978, Maudsley asesinó sanguinariamente a dos reclusos que habían ingresado a la cárcel por torturar y matar a mujeres y niñas.

La prensa británica lo apodó desde entonces como “Hannibal, El Caníbal” luego de que Maudsley confesara haberse comido parte del cerebro de uno de los compañeros reclusos que asesinó.

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La prisión de cristal de “Hannibal Lecter”

Desde el momento en que cometió los crímenes dentro de la prisión, las autoridades se apresuraron en buscar una forma de aislar a Maudsley por el gran peligro que representaba.

En 1983, Robert Maudsley entró a su nueva celda, un cubículo de cristal enterrado en el sótano de la prisión de Wakefield, de 5,5 metros de alto por 4,5 metros de ancho, y tan gruesa como para ser a prueba de balas.

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“Hannibal, El Caníbal” permanece encerrado 23 horas de cada día en su cubículo, y sólo tiene una hora para hacer ejercicio y recibir un poco de aire exterior. Allí se encuentra hasta hoy en día.

En una oportunidad, Robert Maudsley expresó: “Si hubiera matado a mis padres en 1970, no habría muerto ninguna persona más”, dejando ver así el profundo odio que guarda por quienes él consideraba que eran los culpables de su miseria. (E)

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