Una familia llega de vacaciones a una playa escondida en una reserva natural cuyos datos encontraron en internet. Tratan de olvidar o al menos de no hablar de que podría ser un último viaje; la salud física y la salud matrimonial están amenazadas. Los niños, aunque no lo digan, están conscientes de ello, pues se han creado su propio mantra para darse confianza: “Nunca nos dejaremos. Nada nos separará”.

Pero esta no es una playa tan secreta, pues tendrán que compartirla con otras tres familias que aparecen de repente, y con los misterios que esconde entre rocas y cuevas. En este lugar, el tiempo se comporta de manera diferente y caprichosa. Antes de darse cuenta, todos han empezado a ganar edad rápidamente, un par de años cada hora, con todos los cambios y problemas del envejecimiento. ¿Podrán salir de allí antes de que termine el día?

K. Austin Collins, de The Rolling Stone, comparó Viejos (también titulada en español como Tiempo) con Psicosis, la película de Alfred Hitchcock, por la manera en que deja al espectador buscando pistas por la mayor parte de la narración, en una especie de espera angustiosa de una explicación al final. “No puedes simplemente explicar lo inexplicable, lo horrífico, lo raro”, advierte Collins.

Allison Wilmore, de Vulture, elogia en su crítica la manera en que Shyalaman hace de la isla la protagonista, con los humanos como personajes secundarios, a menudo en segundo plano, objetos del horror, que no saben lo que les pasa ni lo que les espera. “Shyalaman —acompañado de su camarógrafo habitual, Mike Gioulakis— puede hacer que una toma de palmeras sea siniestra, solo con mover la cámara”. Es una metáfora sobre el paso del tiempo en la que no importa tanto el desarrollo de los personajes, adultos o niños, sino que estén apropiadamente aterrorizados, y este es uno de los aspectos que Wilmore cuestiona más.

M. Night Shyamalan en el festival de Sitges, Cataluña, 2018. Foto: Shutterstock

Es su mejor película desde El sexto sentido”, opina en cambio Peter Bradshaw, de The Guardian.Es horror de alto concepto”, con el que se identifica fácilmente cualquiera que ha estado en una playa demasiado calurosa en un feriado. En Viejos, Shyalaman recupera el volante que, según Bradshaw, parecía haber perdido en La aldea (2004) o El fin de los tiempos (2007). El director se introduce en la película, en un significativo cameo (él literalmente conduce a los turistas hasta la playa).

Viejos es una adaptación de la novela gráfica Castillo de arena (Editorial Astiberri), de Pierre Oscar Lévy y Frederik Peeters.

Novela gráfica 'Castillo de arena' (Editorial Astiberri), de Pierre Oscar Lévy y Frederik Peeters.

Viene bien conocer algo del libro, insinúa Brian Tallerico, de RogerEbert.com, quien entiende que el paso del tiempo cambia según las fases de la vida, “pero especialmente cuando ves a tus hijos crecer a toda prisa y te preocupa no poder ser testigo de lo mejor de su jornada”. Viejos juega con esta temática y con estos sentimientos de una manera atemorizante. Este es su motivo, y no le importa tanto resolverlo o explicarlo todo en el final; si se pierde de vista esto, podría parecer algo decepcionante.

Shyalaman ha dicho de Viejos: “Me asustaba que fuese una idea demasiado intelectual”, uno de sus mayores miedos como cineasta. También le preocupa ser visto como un director de cine de miedo, porque dice que él no hace terror, “nunca”, sino algo “oscuro e inquietante”.

¿Por qué escogió la historia de Viejos? “Cada una de mis películas refleja lo que estoy viviendo en ese momento”. Y en esta muestra su preocupación por ver cómo sus padres envejecen. “Mi padre y mi madre se están haciendo muy mayores y quería explorar lo que siento”. Solo que en Viejos lo ha revertido: padres preocupados por sí mismos, pero más por sus hijos.