El beso de la mujer araña, la película dramática musical estadounidense escrita y dirigida por Bill Condon, ya se encuentra en los cines ecuatorianos. El filme está liderado por Jennifer López, quien interpreta a Íngrid Luna y además participa como productora ejecutiva de esta nueva adaptación cinematográfica del musical de 1992 de Terrence McNally, John Kander y Fred Ebb, basado a su vez en la novela homónima publicada en 1976 por el escritor argentino Manuel Puig.
Esta versión se convierte en la segunda adaptación cinematográfica de la obra, luego de la recordada película de 1985 dirigida por Héctor Babenco, protagonizada por William Hurt y Raúl Juliá. La historia, que nació como novela, fue transformada primero en obra teatral en 1983 por el propio Puig y luego en un musical de Broadway en 1993 por Kander & Ebb junto con Terrence McNally, logrando giras internacionales y múltiples reconocimientos.
Una historia marcada por la prisión, la política y el amor
La trama describe la relación entre dos hombres que comparten celda durante la dictadura militar argentina. Luis Molina, un peluquero gay encarcelado por presuntamente “corromper a un menor”, convive con Valentín Arregui, un preso político marxista que busca derrocar al gobierno dictatorial de la nación. A pesar de sus diferencias, ambos desarrollan un vínculo improbable mientras Molina intenta escapar de los horrores del encierro narrándole a Valentín las películas que admira, protagonizadas por una actriz de cine clásica: Íngrid Luna.
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En esta nueva versión, Molina es interpretado por Tonatiuh Elizarraraz y Arregui por el actor mexicano Diego Luna, quienes acompañan a López en un elenco que explora la represión política, la intimidad, el miedo y el deseo en un contexto de encierro.
López encarna a tres personajes con “sonidos y apariencias diferentes”, según explicó. Según la actriz, cada uno tiene “su toque personal, pero con una universalidad que creo que es la esencia de la película: el amor, ser visto y aceptado”.
Para construir a Íngrid Luna, se inspiró en cómo la comunidad queer glorifica figuras como Judy Garland o Barbra Streisand. A Aurora la describe como “una mujer frágil, soltera y que no entiende por qué no encuentra el amor, se siente maldita y hay una fragilidad en ella”. De la unión de ambas surge la Mujer Araña, “una criatura feroz, de presencia sobrenatural, con un poder diferente y más oscuro que la luz”.
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“Todas quieren lo mismo, solo buscan ser amadas y vistas. Y para mí, eso es la película”, añade la actriz.
La obra, prohibida en la década de 1970 por atreverse a abordar la política y la homosexualidad durante la dictadura militar argentina, regresa cuatro décadas después con un mensaje que López considera clave para la actualidad.
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“Puedes ser cualquier tipo de persona, pero si observas su alma y su humanidad, dos personas podrían enamorarse si se dejan atrás todas las diferencias políticas, religiosas, de preferencia sexual, de raza, de género”, afirma la actriz, quien subraya la vigencia del mensaje en un contexto marcado por la persistente hostilidad hacia la comunidad LGTBIQ+.
El filme también marca el primer protagónico en cine de Elizarraraz. El actor, hijo de una madre inmigrante de México, se muestra orgulloso de sus raíces y explica que su nombre significa “El Sol Azteca”.
“Fui a la escuela pública. Nací prematuramente, y la única razón por la que no estábamos endeudados masivamente fue por los programas socializados como Medicare y Medicaid. Me aferré a la academia como una forma de sobrevivir, pero el arte fue lo que hizo que mi corazón se elevara”, cuenta.
Sobre su papel, añade: “Poder representar no solo a la comunidad LGBTQIA sino también a la comunidad latina es el regalo más grande de mi vida”. El actor recuerda una escena en la que López, como Aurora, le canta a Molina: “¿Por qué tienes que estar donde estás? Ven conmigo a convertirte en una estrella del cine”. “Menos de un año después aquí estamos, haciendo precisamente eso”, concluye.
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Para Luna, el proyecto supuso “un reto hermoso” y un “homenaje a un cine que ya no se hace”, evocando los musicales de las décadas de 1940 y 1950. El actor destaca el trabajo junto con los coreógrafos y la experiencia de compartir escena con Jennifer López.
“Trabajar con Jennifer fue algo espectacular porque ella justamente es una bailarina y una cantante espectacular, y me ayudó muchísimo en todo el proceso”, relata. Confiesa que adaptarse al trabajo frente al espejo, común entre bailarines, le tomó tiempo.
Una de las enseñanzas que más lo marcaron fue una frase de su compañera de reparto: “Cuando bailas se ve qué estás pensando y qué estás sintiendo, no hay manera de esconderlo. Entonces, tienes que disfrutar”.
Un espectáculo visual y musical
Filmada en vibrante Technicolor y con escenarios deliberadamente artificiales que evocan el Hollywood de los años 40, la película utiliza las canciones como un lenguaje para expresar lo que los personajes no pueden decir en el mundo “real”. En el centro de la historia se encuentra el vínculo emocional entre dos hombres que no pueden reconocer plenamente lo que sienten el uno por el otro, mientras las tensiones políticas y los secretos se intensifican.
En ese universo musical, López es quien más brilla. En secuencias retro, canta y baila con vestuarios que recuerdan más a un espectáculo en vivo que al realismo psicológico, entregando una actuación que combina glamour, teatralidad y emoción. (E)
































