En Japón se puede alquilar prácticamente todo: un amigo, una pareja e incluso una familia completa.
Ese curioso universo, donde los vínculos se ofrecen por horas y la compañía está garantizada mediante tarifas, se sitúa en el centro de la película Familia en renta, que llegará a los cines de Latinoamérica el 8 de enero de 2026.
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La producción de Searchlight Pictures ya está siendo aclamada por la crítica y cuenta con un 94 % en Rotten Tomatoes. Está protagonizada por Brendan Fraser y dirigida por la directora japonesa Hikari.
La historia retrata una industria cada vez más consolidada en Japón: las agencias que permiten alquilar familias, amistades o figuras afectivas para cubrir necesidades sociales, emocionales o de presentación.
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En la nueva película, Fraser interpreta a Phillip, un actor estadounidense que vive en Tokio y que consigue empleo en una agencia especializada en roles sustitutos para desconocidos. Su personaje comienza a desempeñar papeles de familiar, amigo o pareja, según la solicitud de los clientes. A través de estas experiencias, Phillip empieza a construir conexiones que desdibujan los límites entre la actuación y la vida real, lo que lo lleva a enfrentar dilemas morales y, al mismo tiempo, a redescubrir el sentido de pertenencia, el propósito y la belleza silenciosa de las relaciones humanas.
El interés de Hikari por este fenómeno se remonta a 2018, cuando comenzó a investigar el negocio de las familias de alquiler. La práctica surgió en Japón en los años 80 y hoy existen alrededor de 300 agencias operando en el país. A ellas recurren personas de distintas edades que buscan actores y actrices capaces de ocupar por unas horas un lugar emocional: un novio para presentarse ante la madre, un amigo para ir al cine, un esposo para experimentar la vida conyugal solo por un día. La lista de necesidades posibles es prácticamente infinita.
Los usuarios pueden especificar edad, apariencia física y estilo de vestir de la persona que desean contratar. Las tarifas, que reflejan la urgencia de conexión social, rondan entre 15.000 y 30.000 yenes por persona (lo que equivale a entre 150 y 300 dólares estadounidenses) por unas pocas horas de interacción. Según describe la directora, “los roles pueden ser falsos, pero la emoción es real”.
Aunque las familias de alquiler pueden ser un tema controvertido, para muchos representan una manera de sostener las apariencias, recibir apoyo afectivo o llenar un vacío emocional, aunque solo sea temporal. La soledad y el aislamiento moderno, problemáticas que no conocen fronteras, aparecen como un denominador común entre quienes recurren a estas agencias.
Otro factor que influye en la expansión del fenómeno, explica Hikari, es la baja aceptación social de la terapia en Japón. “La gente prefiere contratar a alguien para compartir sus problemas de manera informal o sencillamente conversar… No son terapeutas profesionales con licencia, pero brindan apoyo y perspectiva”, señala.
La directora también quiso alejarse de una mirada etnocentrista: se apoyó en personajes japoneses para asegurar una narrativa equilibrada, con matices orientales y femeninos. Por eso, figuras como Tada (el dueño de la agencia, interpretado por Takehiro Hira) y sus compañeros de trabajo tienen un peso clave en el relato. (E)