Al ingresar, la mirada se cruza rápidamente con un Stan Lee de cartón, enseguida unas jóvenes sonrisas se asoman como señal de bienvenida, libros por todos lados, desde novelas, poemarios, cuentos, best sellers y hasta mangas. El olor particular de los libros nuevos se conjuga con el del café de Zaruma –el preferido del lugar–. A primera vista se percibe un ambiente de hogar, una guarida en donde descansar en la lectura, dando cumplimiento a su nombre: La Madriguera, librería de Guayaquil, que hace poco estrenó nueva casa –literal– al norte de la ciudad.



















