El antropólogo y escritor Hugo Benavides es un guayaquileño que está en constante estudio del comportamiento humano. En su último libro Las políticas del sentimiento, imaginando y recordando a Guayaquil, invita a examinarnos como sociedad tomando como figuras centrales a Julio Jaramillo y Medardo Ángel Silva. Reside en Nueva York, donde es profesor y director del departamento de Sociología y Antropología de la Universidad Jesuita de Fordham.

¿Hugo, usted menciona en la sinopsis de su libro que se trata de una crítica a Guayaquil. ¿Por qué señalarla y no comprenderla?

Creo que no va por ahí la contribución del libro. Es menos una crítica perniciosa o inclusive una exhortación a mejorar, sino más bien a mirarnos más claramente a ver cómo somos en verdad, ya que solo a partir de eso puede darse una aceptación de nosotros mismos. Hace muy poco conocí al escritor guayaquileño Francisco Santana, y ambos nos quedamos maravillados de que al conocernos conversamos sin agredirnos en Guayaquil. Y aunque ambos lo decíamos con gracia, es verdad, es un milagro interactuar en la ciudad sin agredir o ser agredidos. Y mi libro busca entender de dónde viene esa hostilidad; la genealogía colonial y poscolonial de esa violencia.

Reside en Estados Unidos, ¿cómo es esa experiencia de escribir acerca de una ciudad desde tan lejos?

Muchas personas me han hecho esa pregunta y desgraciadamente la mayoría de veces lo hacen de una manera defensiva. Creo que en cierta manera es exactamente lo contrario. Solo se puede escribir de una experiencia una vez que uno ha tenido la posibilidad de pensar esa experiencia de afuera. Es imposible escribir de un fenómeno cuando uno está inmerso en ello. La única manera de escribir sobre una ciudad es saliendo de ella, y poder tener esa visión, si no neutral, al menos menos prejuiciada.

¿A qué se debe el nombre de su obra Políticas del sentimiento?

Creo que ese es el meollo del trabajo, que los sentimientos no son actos individuales sino sociales, o más bien una educación sentimental de una realidad social. Y que Medardo fue un excelente vehículo para la ciudad, y logró de una manera individual responder a una realidad social increíblemente asfixiante.

¿En su libro toma como referencia a dos personajes: Medardo Ángel Silva y Julio Jaramillo, ¿por qué se decidió por estas figuras? y ¿qué tuvo de especial trabajar con ellos para su obra?

Genial trabajar y entender mejor nuestra relación con estas figuras icónicas guayaquileñas; figuras que de alguna u otra forma todo guayaquileño conoce desde su infancia. Les guste o no tenemos una opinión sobre ellos y sobre todo hemos sido formados por la producción cultural de ambos. En cierta manera esa es la pregunta esencial del libro cómo o por qué estos dos hombres ocuparon un lugar en el imaginario nacional guayaquileño: ¿Cómo se dio eso y a qué se debe? (I)