A principios de mes, la selección australiana de sóftbol fue la primera delegación en llegar a Japón de cara a los Juegos Olímpicos de Tokio (23 julio-8 agosto), pero por el momento su primer rival es el aburrimiento por el estricto protocolo sanitario en vigor.

“Resulta difícil”, admite el entrenador principal del equipo, Laing Harrow, desde el ‘campamento base’ de las australianas en Ota City, a unos 100 kilómetros al norte de Tokio. “Es obligatorio combatir el aburrimiento ya que hay mucho tiempo muerto”, añade.

En el pasado, Tokio esperaba que sus Juegos fueran una fiesta, pero el covid-19 lo ha cambiado todo.

Para el sóftbol, una disciplina cercana al béisbol, este evento supone su regreso olímpico tras su despedida en Pekín-2008. El valor es todavía mayor al tener en cuenta que no estará en los Juegos de París-2024.

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Encerradas en el hotel

La pandemia obligó a trasladar de 2020 a 2021 los Juegos Olímpicos y para esta edición los organizadores han tenido que diseñar un protocolo con normas sanitarias estrictas para los participantes, teniendo en cuenta que en Japón apenas el 4% de la población está vacunada completamente.

La selección australiana de sóftbol aterrizó en Japón el 1 de junio. Primero tuvo que estar tres días encerrada en su hotel, donde solo puede utilizar tres pisos.

Después han podido romper ese aislamiento extremo, llegando a disputar partidos de entrenamiento contra formaciones japonesas, pero el equipo debe entrar y salir del hotel por una puerta distinta a la del resto.

Las australianas, vencedoras en el pasado de una medalla olímpica de plata y tres de bronce, disponen igualmente de su propia sala para comer, de su propio gimnasio y de lugares de reunión destinados únicamente al equipo.

No tengo ni idea del número de clientes del hotel. No vemos a nadie”, afirma Harrow.

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La única interacción con la población local, fuera de los partidos de preparación, se produce cada mañana, cuando las autoridades japonesas acuden al lugar para someter a las jugadores y miembros de la delegación a un test de detección el covid-19.

Es una pena, hemos venido otras veces a Ota City y siempre es estupendo estar con la población local”, lamenta el seleccionador.

Pero no se puede hacer nada. Simplemente tenemos que mantener esta burbuja, no podemos poner a nadie en peligro”, añade.

Impacientes

Sin poder realizar visitas culturales, salir a comer fuera o tener contacto con la población japonesa, el día a día de las deportistas se limite a sesiones en el gimnasio o ver películas y series en Netflix.

“Pero somos más bien afortunadas porque disputamos partidos, podemos pasar cinco o seis horas en el terreno de juego. Eso ocupa una buena parte de la jornada”, celebra Harrow. “Nos sentimos realmente bienvenidos” en Japón, afirma este técnico de 51 años.

La burbuja sanitaria, más allá del tedio, no parece minar el entusiasmo de las australianas, pero otras delegaciones podrían verse más afectadas. A principios de abril, Corea del Norte renunció a participar en los Juegos Olímpicos aludiendo a los riesgos de infección por el covid-19.

La selección australiana de sóftbol decidió viajar a Japón y someterse a los controles y protocolos antes que el resto. La preparación olímpica la debía realizar inicialmente en Estados Unidos, pero finalmente los planes no pudieron salir adelante.

Estando ya en Japón, las aussies pueden concentrarse al 100% en su desafío de colgarse la medalla de oro.

Todas las chicas y el cuerpo técnico han trabajado muy duro en los tres últimos años para estar en posición de representar a Australia”, señaló Harrow.

Impacientes por competir, las jugadoras aprovechaban la primera jornada de descanso en Ota City para realizar torneos de tenis de mesa, llenando su tiempo en la cuenta atrás hacia los Juegos. (D)