La historia parecía escrita desde el cierre de la temporada pasada. Tras un 2025 irregular y con la derrota ante Independiente del Valle en el epílogo de la Liga Ecuabet, Barcelona SC arrancó el 2026 con la obligación de pelear desde fases previas por un lugar en la Copa Libertadores.

El sorteo de diciembre emparejó al torero con Argentinos Juniors, un rival que, por presente competitivo y funcionamiento, ya anticipaba una serie incómoda. El primer capítulo en Guayaquil confirmó los temores: derrota 0-1 y más dudas que certezas.

El partido dejó una sensación repetida en el entorno amarillo: un equipo con escasas ideas en fase ofensiva, sin fluidez ni un conductor natural que conecte mediocampo y ataque. La ausencia de un perfil creativo dominante —ese rol que durante años encarnó Damián Díaz— volvió a quedar expuesta. El primer tiempo fue espeso, con ritmo bajo, pocas asociaciones y prácticamente sin intervenciones decisivas de José Contreras o Brayan Cortés. Más que un duelo de Copa, por momentos pareció un ensayo sin profundidad.

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Donde sí hubo contraste fue en la competitividad. Argentinos Juniors mostró mayor rodaje, algo lógico para un equipo que ya transitaba varias jornadas de la Liga Profesional argentina. Esa diferencia se tradujo en el control del juego y en la posesión, con un dominio visitante sostenido durante amplios pasajes. Barcelona, en cambio, evidenció lo que suele afectar a los equipos en su estreno oficial: imprecisiones, desconexiones y dificultades para imponer condiciones incluso en casa.

La segunda mitad apenas modificó el guion. Las situaciones claras del conjunto amarillo fueron contadas: el remate cruzado de Darío Benedetto a los pocos segundos del complemento y el disparo desviado de Tomás Martínez cerca del final. En términos de volumen ofensivo, fue poco para un equipo que necesitaba golpear primero. Defensivamente, tampoco fue un asedio constante del rival, aunque el aviso estuvo: un disparo de Diego Porcel al vertical y, finalmente, el tanto en el tiempo añadido. Paradójicamente, el golpe definitivo llegó cuando Argentinos jugaba con diez hombres, tras la expulsión de Francisco Álvarez.

El escenario de la revancha es tan simple como exigente: Barcelona necesita ganar. Una victoria mínima estirará la definición a los penales; un triunfo más amplio le dará el pase directo. Cualquier otro resultado significará una eliminación prematura y la despedida internacional en pleno inicio de temporada. Pero más allá de la matemática, la discusión pasa por lo futbolístico: ¿mostró Barcelona herramientas reales para pensar en la remontada?

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Hoy, la principal preocupación no es solo la falta de gol, sino la falta de generación. La circulación resultó previsible, con escasa sorpresa entre líneas y poca capacidad para desequilibrar en el uno contra uno. Sin embargo, no todo fue negativo. Milton Céliz aportó intensidad, recuperación y criterio en la salida. Y la nota más alentadora fue Jhonny Quiñónez, que dejó su mejor versión en mucho tiempo: seguro en los pases verticales, activo en los cambios de orientación y con personalidad para conducir. Si Barcelona quiere creer en la hazaña, buena parte de sus opciones pasarán por lo que puedan construir estos nombres en Buenos Aires.

El discurso de César Farías tras el encuentro apeló a la lógica copera: “quedan 90 minutos, nada está dicho”. El mensaje es válido, porque el fútbol admite giros inesperados. No obstante, la remontada exigirá algo más que optimismo. Barcelona necesitará elevar su ritmo, arriesgar más en ataque, mejorar su eficacia en los metros finales y, sobre todo, encontrar una identidad ofensiva que en la ida no apareció. La serie sigue abierta, pero el margen de error ya desapareció. (D)

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