Una mala racha que se estira y que, lejos de mostrar señales de quiebre, comienza a adquirir tintes de auténtico maleficio. En su estreno oficial con Barcelona SC, Darío Benedetto no logró cambiar la historia y la sequía goleadora continúa siendo un tema imposible de ignorar.
El delantero argentino, uno de los fichajes más rutilantes del club canario en el reciente mercado de pases, arrancó como titular en el duelo de fase 2 de la Copa Libertadores ante Argentinos Juniors. Sin embargo, su presencia en el campo no se tradujo en peligro real ni en ocasiones claras. El grito sagrado, una vez más, quedó ausente.
Fueron 60 minutos en cancha antes de que César Farías optara por su reemplazo. Más allá del contexto colectivo —un Barcelona con escasa generación ofensiva—, la actuación del Pipa volvió a quedar bajo la lupa. No hubo remates determinantes ni intervenciones que cambiaran el curso del encuentro.
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El dato que enciende las alarmas es tan contundente como incómodo: el último gol oficial de Benedetto fue el 5 de febrero de 2024, cuando aún defendía la camiseta de Boca Juniors, en la victoria 2-0 sobre Tigre por la Copa de la Liga argentina. Desde entonces, el delantero no ha vuelto a convertir en competiciones oficiales.
Posteriormente, Benedetto pasó por Olimpia de Paraguay y Newell’s Old Boys, etapas en las que no consiguió regularidad ni pudo reencontrarse con su faceta goleadora. La tendencia tampoco cambió en la pretemporada con Barcelona SC, donde los amistosos tampoco ofrecieron el desahogo esperado.
El presente del atacante abre inevitablemente el debate. Benedetto llegó a Guayaquil con cartel de goleador, con pergaminos y jerarquía comprobada, pero la realidad actual muestra números en rojo. En un equipo que necesita gol y peso ofensivo para revertir una serie internacional adversa, su falta de eficacia se vuelve aún más visible. (D)



