Por WhatsApp recibí una invitación del ministerio del Deporte para asistir a la presentación del nuevo Plan de Alto Rendimiento que, se supone, beneficiará a los deportistas nacionales para que puedan desarrollar lo mejor de sus condiciones en busca de lauros internacionales. Me llamó mucho la atención que se haya programado la presentación sin haber hecho público el texto de dicho documento y que se haya escogido una fecha impropia: el 22 de diciembre. No quiero pensar que se lo haya hecho a propósito, en medio de la euforia navideña cuando no está el horno para rosquitas. Todo se pierde en estas fechas por la parafernalia de los compromisos sociales y la propaganda mercantil.

La presentación de este emprendimiento tuvo la misma fanfarria que usan los políticos para impresionarnos. Luces, tecnología, lenguaje burocrático, discursos plagados de utopías, que es lo que vimos en las breves imágenes que nos pasaron algunos canales. Y las palabras de la estrella de la noche, el ministro Sebastián Palacios, exdeportista que ha incursionado desde años atrás en la política, quien hizo su incursión en medio de abrazos con algunos deportistas de élite que asistieron aquella noche al Palacio de Cristal.

“Desde el Ministerio del Deporte trabajamos todos los días para que Ecuador sea una potencia deportiva en la región y a nivel mundial. Terminamos el año con un nuevo plan de alto rendimiento, un plan construido de manera participativa, junto a expertos y deportistas. Nos enfocamos en la renovación generacional, Este nuevo plan de alto rendimiento hace énfasis en la parte humana del deportista”, dijo el ministro Palacios. Hizo demostración de las nuevas escalas, habló de cifras y reveló que el gobierno que representa invertirá $70′ 577.787 en cuatro años para implementar este plan. Desde las cifras es un alto progreso pues el presupuesto de 2021 fue de solo $13′ 500.00.

Confieso que hubiera preferido una presentación menos teatral y ostentosa. Me hizo recordar una engañosa charanga: la presentación que hizo la Federación Ecuatoriana de Fútbol del entrenador Jordi Cruyff y su cuerpo técnico que devino en fracaso pese al humo artificial y los bailes de rockeras. “Cruyff convertirá a Ecuador en potencia mundial del fútbol”, dijo el presidente Egas. Todo terminó en venta de humo muy caro con millones que nunca se recuperaron. ¿No hubiera sido más positiva una reunión ampliada entre dirigentes del Comité Olímpico y de las Federaciones Ecuatorianas que son las que hacen el deporte de alto rendimiento? ¿No hubiera sido aprovechable la presencia en esa reunión ampliada de exdirigentes y otras personas entendidas en tema tan importante? ¿No hubiera sido mejor que el Plan en su totalidad circule en los medios deportivos? Al excusarme de asistir a la invitación del día 22 pedí me enviaran a mi correo electrónico el texto íntegro del Plan para estudiarlo, pero no he recibido respuesta. Lo he buscado en la página oficial del ministerio y no he encontrado más que boletines de prensa elogiando la iniciativa oficial.

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¿Qué es esto del Plan de Alto Rendimiento? Se trata de asistir técnica, física y económicamente a los deportistas que tienen grandes posibilidades de destacar internacionalmente; facilitarles los escenarios, implementos, entrenadores, cuidado médico y psicológico y solvencia financiera para que puedan desarrollar sus aptitudes sin preocupaciones. La idea en el país arrancó el 27 de agosto de 2013 cuando la presentaron por primera vez el presidente de entonces Rafael Correa y su obsecuente ministro de Deportes José Francisco Cevallos. “Por primera vez Ecuador cuenta con un Plan de Alto Rendimiento debidamente financiado por el Estado y elaborado bajo parámetros técnicos: Son, actualmente 278 exponentes del deporte de alto rendimiento, quienes gozarán de estipendios y contarán con equipos técnicos multidisciplinarios, gastos de transportación, entrenamientos dentro y fuera del país, alimentación, hidratación y vitaminización”. ¿Espléndido, no?

Es lo que imaginamos en principio, pero ese nuevo instrumento de “progreso” ocultaba un detestable ingrediente político: la total ocupación del manejo deportivo. Tres años antes se había dictado la Ley del Deporte, un perverso instrumento de apropiación del deporte por el partido o grupo político gobernante. Luego vino la embestida contra el Comité Olímpico Ecuatoriano y las federaciones ecuatorianas por deporte encabezada por el ministro Cevallos. Días después, la ocupación política de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador y de las federaciones provinciales, cuyas directivas eran elegidas por representantes ministeriales que eran mayoría (¿recuerdan la elección de Pierina Correa como presidenta de la Federación Deportiva del Guayas?)

El plan correísta de alto rendimiento escondía una baraja fuera del naipe. Se proponía reducir la autonomía de las federaciones ecuatorianas para designar a los atletas de alto rendimiento y que la entrega de los estímulos quedara en la voluntad del ministro. Así se podía manosear a los dirigentes, premiar a los obedientes y castigar a los rebeldes. Y no era todo. El tristemente célebre Plan sirvió para la corrupción y el despilfarro. A su sombra se llevó a cabo la construcción de cuatro “Centros de Alto Rendimiento” en Carpuela, Rioverde, Cuenca, y Macas y la habilitación de otro en Durán. Una inversión cuantiosa en estadios, piscinas, canchas sin ninguna planificación ni criterio técnico; un derroche inútil que dejó mucho dinero en quienes manejaron este despropósito.

Una serie de Ecuavisa hace poco más de un mes dejó en evidencia el abandono y destrucción de esos Centros, lo cual es responsabilidad de los ministros que vinieron después de Cevallos, todos impunes hasta hoy y es posible que para siempre. Este delito por destrucción de bienes del Estado no ha provocado la más leve reacción del presidente Guillermo Lasso, ni del ministro Palacios, ni de Contraloría y Fiscalía.

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Creemos firmemente en la utilidad de un Plan de Alto Rendimiento, pero queremos saber quién y cómo va a manejarse; si se va a respetar la autonomía de las federaciones ecuatorianas y de los demás organismos deportivos. El ministro Palacios ha empleado siete meses en hacer la exhibición de su Plan, pero en todos estos meses no ha dicho una palabra sobre la Ley del Deporte. Presentarlo antes de que se expida una nueva Ley es poner la carreta delante de los bueyes. Ningún Plan, o como se llame cualquier iniciativa, tendrá valor mientras tengamos el cuerpo legal que nos impuso la dictadura correísta, que fue imitación de las leyes del deporte de Cuba y Venezuela y más propia de la antigua Unión Soviética y de los países de Europa del Este durante la dominación marxista.

Nos hubiera gustado a quienes pensamos en un deporte limpio de cálculos políticos que parte del tiempo del ministro Palacios lo hubiera dedicado junto a sus expertos a expresar su apoyo o sus observaciones al proyecto de ley que obra en la Asamblea y que fue presentado por el legislador que preside la Comisión de la salud y el Deporte, hace dos meses. Si no se deroga la ley vigente, no servirá ningún plan complementario. No queremos dar crédito al rumor de que el ministro Palacios está elaborando un proyecto propio. Eso significaría que no tendremos nueva ley hasta el 2023, al menos. (O)