La goleada propinada por Emelec al campeón boliviano Independiente Petrolero en la Copa Libertadores el martes será recordada siempre por diversas razones. Sin duda, por ser el resultado más amplio que el equipo guayaquileño ha conseguido en todas sus participaciones del máximo torneo interclubes de Sudamérica. También será reconocida porque le permitió clasificar a los octavos de final ya que era indispensable para los azules no solo ganar sino convencer a sus seguidores, que se encontraban muy desalentados por el fracaso en la primera etapa de la LigaPro. Además, sirve de alivio para el cuerpo técnico de Ismael Rescalvo, señalado por no estar a la altura del refinado paladar del hincha millonario.

Solo en los 15 minutos iniciales, Independiente Petrolero, aprovechando que su rival jugaba incómodo y bajo presión, pudo poner en duda la superioridad de Emelec. Sorprendía la desorientación que el local sufría en la cancha. El primer gol, de Alejandro Cabeza, desató el nudo y propició el desenlace; sobre todo, estabilizó la ansiedad. Mientras el elenco eléctrico asentaba su nivel futbolístico, el rival se cayó tanto anímica como futbolísticamente. Los millonarios percibieron aquello y lo aprovecharon. Los goles comenzaron a llegar uno tras otro y el partido terminó 7-0 a favor del dueño de casa. Bien pudo imponerse por una mayor cantidad de goles, la mayoría perdidos por el individualismo y la ambición desmedida. El rendimiento fue muy celebrado por los 15.000 espectadores que asistieron al George Capwell. Sabían que la clasificación a octavos se había confirmado. Al término del partido, los aplausos se incrementaron y el tradicional cántico “¡Y ya lo ve, y ya lo ve!” encendió la Caldera, que hizo sentir su apoyo invariable en las buenas y en las malas.

Joao Rojas, Alexis Zapata, Sebastián Rodríguez, Bryan Carabalí, Dixon Arroyo y José Cevallos fueron dueños del medio campo y construyeron la goleada histórica. Un 7-0 no se lo consigue todos los días.

Revisando los apuntes, los recortes de los diarios, los libros, me encuentro con la coincidencia de otra fecha que la recuerda por siempre el emelecismo. Fue hace 60 años. Emelec, que en 1961 había sido campeón nacional, por primera vez inscribía su nombre para participar en la Copa de Campeones de América, hoy denominada Copa Libertadores. En esos años el torneo era exclusivo para los monarcas nacionales y en la disputa de 1962 participaron nueve equipos. Al campeón ecuatoriano le correspondió el grupo 3, que lo conformaron también Universidad Católica de Chile y Millonarios, de Colombia. Esta época es recordada porque Emelec poseía dirigentes de gran jerarquía, entre los que constaban Gabriel Roldós Garcés, un joven presidente; Antonio Briz Buide, que ejerció la presidencia de la Comisión de Fútbol y que hace seis décadas se convirtió en principal del club, acompañado de otro baluarte de la dirigencia emelecista, Otón Chávez Pazmiño. Ellos se encargaron de configurar una inolvidable época dorada del club. Tomaron decisiones trascendentales como la incorporación de Fernando Paternoster como entrenador. También auspiciaron a jugadores muy jóvenes como Carlos Maridueña, Galo Pulido, Jorge Bolaños, e incorporaron otros de la talla de Eustaquio Claro y el Pibe Roberto Ortega.

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La Libertadores 1962 tuvo algunas particularidades dignas de recordar. Los millonarios debutaron el 7 de febrero, ganando 4-2 a Millonarios de Colombia, un partido jugado en el estadio Modelo Guayaquil. En esos tiempos, los equipos podían reforzarse con jugadores de otros clubes. Emelec se reforzó con Hugo Mejía (arquero); Pedro Gando (delantero) y José Aquino (delantero), de Everest; Vicente Lecaro y Luciano Macías (defensas), de Barcelona, y José Merizalde (volante), del Patria. En los registros históricos de la Conmebol consta que en ese partido contra Millonarios, el arquero de Emelec, Cipriano Yulee, fue el primero en tapar un tiro penal en la historia del torneo.

El 7-2 histórico

La noche de la coincidencia es la del 21 de febrero de 1962. Visitaba Guayaquil la poderosa Universidad Católica, que traía en sus filas a los seleccionados Sergio Valdés, Mario Soto, Alberto Fouillioux, quienes pocos meses después fueron figuras en el Mundial 1962, jugado en Chile y en el que ese país quedó tercero. El Modelo, como era de esperarse, se llenó con más de 40.000 espectadores. El partido, bajo las órdenes del uruguayo Víctor Vaga, se inició a las 20:30 de ese miércoles. Los primeros 15 minutos, Emelec no encontraba la pisada. La Católica chilena se mostraba superior, tanto así que se adelantó en el marcador con dos goles anotados en el cuarto de hora inicial.

Enrique Raymondi (d) anota uno de sus cinco goles contra la Universidad Católica de Chile en la Copa Libertadores 1962. Foto: Archivo

El público presente temía una derrota vergonzosa, pero sucedió lo inesperado. Emelec descontó con un penal cobrado por Lecaro. Ese gol encendió la música y comenzó el baile. Apareció el Maestrito Raymondi y, con una certeza inigualable, inició la función con un rosario de goles. En menos de 15 minutos convirtió cuatro goles seguidos, lo que permitió que Emelec terminara el primer tiempo adelante por 5-2. En el intermedio, el comentario del público era como si existiera un parlante encendido. La elocuente admiración se expresaba en un murmullo generalizado, mientras que los chilenos, sorprendidos, no dejaban de escuchar el sonoro olé.

Faltaba la obra de arte del Pibe Bolaños, que a los 58 minutos consiguió el sexto gol, y para cerrar la faena inolvidable Raymondi marcó el quinto en su cuenta personal y el séptimo de Emelec. El 7-2 sellaba esa mágica noche del Ballet Azul, una de las más espectaculares goleadas del fútbol ecuatoriano. La prensa chilena tituló ‘Vergonzosa goleada a los cruzados’. La alineación de Emelec fue con Yulee; Arellano, Lecaro, Macías; Claro, Merizalde; Gando, Bolaños, Raffo, Raymondi y Aquino. Todavía dirigía el equipo Mariano Larraz, quien había sido campeón de 1961. La portada de la sección deportiva de EL UNIVERSO del 22 de febrero de 1962 resaltaba: ‘Triunfo del campeón ecuatoriano Emelec para la historia’. Y así se repitió tras 60 años.

Se la sigue recordando a la goleada de 1962. Coincide con la última presentación de Emelec en la Copa en curso, aplastando por 7-0 a Independiente Petrolero, la noche del 24 de mayo. Guardando las distancias, los rivales y las circunstancias del partido, Emelec recordará siempre estas goleadas de siete tantos en Libertadores. Hay quienes opinan que existen eventos con características similares que se explican con el tiempo como simple casualidad, pero que toman relevancia por esa inclinación que tenemos los seres humanos de creer en el sincrodestino. Sea coincidencia o no, estas goleadas sirven para enaltecer el pasado y también elogiar el presente, asimismo, para el aficionado que siempre busca sentido de esos hechos que comparecen como coincidentes, pero que suceden por obra y gracia del destino. A estas goleadas históricas entre la primera participación azul en la Copa y la última las pueden separar 60 años, pero el sentimiento es el mismo. (O)