El lunes anterior fue reelegido como presidente de la LigaPro Miguel Ángel Loor. La decisión fue tomada por los representantes de 26 clubes del fútbol ecuatoriano (16 de la serie A y 10 de la B) en una sonada victoria de 21 votos a favor y 5 en contra. Unos días antes fue postulado por algunos clubes de Quito Leonardo Stagg, cuya candidatura perdió piso porque muchos clubes lo comenzaron a identificar como el candidato oficial de la Ecuafútbol; algo que desmintió inmediatamente Francisco Egas, presidente de esa institución.

Aunque se conocía que la candidatura de Stagg no estaba fraguada por la FEF, los principales proponentes lo hacían percibir así. Mientras tanto, Loor no perdía tiempo para hacerse promoción en redes sociales, mostrando imágenes del gran respaldo que poseía. Lo que llamó la atención fueron dos hechos que supuestamente están concatenados: 1) una reunión reservada en Quito a la que asistieron los presidentes de la FEF y de la LigaPro; y 2) la comunicación pública de Stagg en la que hizo conocer que no sería candidato a presidente de la LigaPro porque respetables e importantes clubes del fútbol profesional creyeron que no era el momento para un cambio de rumbo en nuestra liga profesional.

Sobre este primer asunto salió humo blanco y un solo candidato: Loor. Al regresar de la capital alegó que el más importante compromiso que adquirió fue trabajar de la mano de la FEF, porque juntos conseguirán el bienestar del balompié nacional. Es importante lo dicho por Loor, por supuesto, aunque nos habría gustado escucharlo antes; por eso, con algo de incredulidad le tomamos la palabra. Siempre fue necesaria esa unidad. Hoy nuevamente la oferta de estos dos altos dirigentes del fútbol ecuatoriano puede representar un nuevo alarde de adhesión. Como ha sucedido la mayoría de las veces, es producto de un viejo dicho: la política es el arte de las conveniencias. En fin, unos juegan con las propuestas y otros ganan las elecciones.

Loor ganó en un legítimo acto democrático. Tiene una gran opción de concretar varios objetivos ofrecidos y que a la fecha no se han cumplido, aunque en el balance de la gestión de él y su grupo hay que entender que debió construir algo que estaba en papeles y lo ha hecho realidad. En eso hay mérito y debe ser reconocido.

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Los clubes tuvieron dificultades para lograr la constitución y funcionamiento de la Liga Profesional. Es así que, tras la elaboración de la primera acta de fundación, en septiembre de 2015, los clubes soportaron la más severa resistencia de Luis Chiriboga Acosta, quien como presidente de la FEF la archivó. Pero, por el escándalo del FIFAGATE, Chiriboga debió renunciar antes de finalizar el 2015 y terminaron así 17 años de permanencia ininterrumpida como titular de la FEF. Carlos Villacís lo subrogó y, en el congreso ordinario del 8 de enero de 2016, se incluyó entre los puntos del orden del día la aprobación de la constitución de la Liga Profesional. Recibió el apoyo unánime, con 72 votos, incluidos los de las asociaciones provinciales.

Aunque parezca mentira, la FEF siguió haciendo lo posible para que la Liga Profesional no fuera realidad. La razón de peso fue que estaba por finalizar el contrato con el Gobierno por los derechos de TV y la Federación tenía interés en abrir un concurso de adjudicación, y lo logró a favor de GolTV a partir del 2018. En medio de una litis jurídica que parecía interminable se desgastó la FEF. Los clubes se sintieron amenazados y afectados en sus legítimos intereses y obligaron a la FEF a desempolvar la creación de la LigaPro con el fin de evitar el clientelismo que permitía un reparto poco técnico de los derechos audiovisuales a favor de los clubes y, a su vez, eliminar de esos beneficios a las asociaciones de fútbol.

Luego se supo que, en España, en los primeros meses del 2018, 19 dirigentes nacionales decidieron apoyar la candidatura de Miguel Ángel Loor como presidente de la LigaPro. Elegido Loor como principal, ofreció la aplicación de un control que permitiera a los clubes manejar sus finanzas responsablemente. Sobre este tema existieron situaciones drásticas, como las del Olmedo, Fuerza Amarilla y El Nacional, que confirmaron lo vulnerable que ha sido el control económico. Ninguno de esos equipos debió participar en la serie A, porque venían con anticipación anunciando padecer dificultades económicas. Creo que la LigaPro deberá crear mecanismos que impidan que casos así vuelvan a suceder.

No se puede discutir que hoy la LigaPro muestra una organización estructural con un organigrama de funciones definidas. Una decisión acertada fue conseguir que la justicia la impartan organismos independientes y con credibilidad, como la Cámara de Comercio de Guayaquil. También, de a poco, la LigaPro muestra avances en el mercadeo publicitario. Pendiente sigue el mejoramiento de los escenarios deportivos y la seguridad en ellos.

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Pienso que el fútbol de nuestro país no ha mejorado su nivel competitivo con 16 equipos, como cuando tenía doce en la serie A. Tampoco se ha elaborado un gran campeonato nacional de ascenso que remplace a la serie B (bajo la dirección de la FEF) y que pueda comercializar sus derechos, como se pensó antes. Otro tema por atender es el uso permanente del VAR. En el acuerdo reciente entre FEF y la LigaPro se anunció que en un esfuerzo conjunto pueden ofrecer esta herramienta arbitral sin costo para el solicitante.

También ha faltado firmeza en la aplicación del código de ética para limitar los permanentes agravios públicos entre dirigentes. Tampoco se ha puesto en práctica el tema de las sociedades anónimas en nuestro fútbol. Está debidamente probado en el mundo que los clubes que funcionan así han atraído capitales y se han orientado a la consecución de fines económicos, sin dejar de conseguir metas deportivas. Y tras los comicios me deja dudas por qué los clubes grandes por su historia, su protagonismo en los campeonatos nacionales y por sus logros, como Barcelona, Emelec y Liga de Quito, hoy no tienen representantes en el Consejo de Presidentes de la LigaPro. Hasta este momento no se ha conocido la razón de fondo de tan importantes ausencias.

En los años 80, Carlos Coello Martínez, uno de los valiosos dirigentes en la historia del balompié nacional, dijo: “Los clubes se tendrán que unir para poder demostrar que son dueños del fútbol”. Ferdinand Hidalgo Rojas, otro importante e histórico dirigente, complementó el pensamiento de Coello: “Los clubes podrán demostrar el poder de la unidad cuando aprendan a gobernarse para administrar ese poder”. Que la LigaPro tenga vigencia es un gran logro, pero será reconocida si cumple los propósitos que inspiraron su creación. (O)