En 2008, desde el balcón de un departamento en Guayaquil, Ahmad Tayarani, de 14 años, y su padre trazan un mapa en una hoja. Dibujan una cancha que vieron a lo lejos. No hay direcciones, no hay idioma. Ellos hablan persa y acá predomina el español.
Minutos después, bajan a la calle. Caminan, preguntan. “Cancha, cancha”, dicen a quienes encuentran en el camino mientras muestran el papel.
La gente mira, señala lugares; ellos corrigen la ruta y avanzan. El mapa es impreciso, pero el fútbol no necesita precisión, solo dirección.
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Así llegan a una escuela: La Canchita, de José Francisco Cevallos, exgloria del fútbol ecuatoriano, donde Ahmad empieza a entrenar.
Ese día, sin saberlo, Ahmad aprende otro idioma: el del deporte, el de la pelota, el de una cancha de fútbol donde la lengua se vuelve universal.
Ahí comienza todo. En un país extraño, el fútbol se convierte en el primer puente.
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Ahmad Tayarani, asistente técnico del Delfín
Llegar sin idioma, quedarse por convicción
De toda la historia de Ahmad Tayarani, este pasaje ocupa un lugar especial. Es el momento en que llegó a Ecuador. Sus primeras impresiones, la ilusión de jugar en un país donde nadie entendía su idioma.
“Pues nada, La Canchita estaba cerca de la casa. Con mi padre la dibujamos, porque no sabíamos hablar español, no sabíamos nada, no entendíamos absolutamente nada”, recuerda, ahora sentado en un restaurante de un hotel en Manta, con el mar de fondo.
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“Mi padre hizo como un mapa de la cancha que había visto desde arriba del departamento, la dibujó y fuimos hasta allá”, agrega.
Ahmad, de 33 años, es asistente técnico de Delfín SC, equipo de Manta, en Manabí. Antes de llegar acá, antes del mapa de La Canchita, hubo otro territorio: Irán.
A los 5 años ya corría detrás de la pelota. A los 8 entró en una escuela de fútbol. Jugaba todos los días después de clases. Era lo suyo.
Luego vino el desplazamiento. Un tío que vivía en Estados Unidos se trasladó a Ecuador. El padre de Ahmad le consultó sobre el país y en 2008 decidió viajar con la familia para conocerlo con la idea de quedarse.
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Llegaron cuatro: padre, madre, una hermana y Ahmad. Dos hermanos se quedaron en Irán.
“Venimos los cuatro y la verdad es que nos gustó mucho cómo era Ecuador, cómo era Guayaquil. A mí me vino bárbaro”, expresa.
Intentó estudiar, pero no lo aceptaban en colegios ni en escuelas de fútbol. No hablaba español y ese era su principal obstáculo.
Tras varios intentos, encontró una oportunidad en una escuela económica. Ahí empezó desde cero.
Aprender desde la dificultad
Pasó dos años repitiendo exámenes. Dos años sin entender casi nada. Aprendía solo mirando.
“Nunca me ponía primero en la fila porque no entendía lo que decía el entrenador, pero veía lo que hacían los otros chicos. Mucha paciencia tenían. El chaleco naranja no sabía que era naranja, el azul tampoco”, señala.
A los 15 años se quebró. Regresó a Irán convencido de que no podía adaptarse.
Allá, una frase cambió todo: “Todos queremos salir y tú vuelves”.
Volvió a Ecuador. Esta vez, decidió quedarse.
Con el tiempo, logró integrarse. Encontró en los idiomas una oportunidad. Estudió Traducción e Idiomas en la Universidad Católica de Guayaquil.
Fue profesor de inglés. También taxista. Abrió una escuela de fútbol para jóvenes y adultos. No se detuvo.
En 2012 entrenó en la reserva de Barcelona SC. No jugó. Su condición de extranjero lo limitó. Aun así, se quedó. Aprendió, observó, construyó relaciones.
Ahí empezó a mirar el juego desde otro lugar.
El salto a la formación
Ahmad inició su carrera como entrenador en academias vinculadas a Alfaro Moreno. Luego pasó a las formativas de Barcelona SC. Dirigió categorías juveniles. Compitió y creció.
En 2018 alcanzó una final juvenil. Perdió. Pero ese torneo le abrió una puerta. Envió su currículo a Independiente del Valle. En 2019 recibió la llamada y se mudó a Quito.
En Independiente del Valle, Ahmad encontró orden, proyecto y método. Trabajó en las categorías sub-12, sub-14 y sub-16. Formó parte de procesos que hoy destacan en el fútbol ecuatoriano.
Después dio el salto a Independiente Juniors, en la serie B. Fue asistente técnico y analista. Aprendió desde adentro el fútbol profesional. El objetivo creció: quería llegar a la serie A.
Decisiones que marcan
Entonces decidió arriesgarse. Dejó la estabilidad en Independiente. Aceptó ir a Técnico Universitario en Ambato. Buscaba dar el salto. No esperó. Eligió desde la emoción, dice.
“Me llama un amigo español, un entrenador, y me dice: ‘Mira, me están llamando de Técnico Universitario para dirigir el equipo de primera y te quiero llevar como asistente’. La verdad, sí creo que fue una decisión emocional; hoy, a los 33 años, creo que he madurado un poquito más, pero la tenía que tomar porque quería dar el salto a la serie A”, expresa.
Duró cinco fechas. Salió del club. Sin trabajo. Con su esposa embarazada.
No fue el único golpe. En Guayaquil City vivió un descenso. De allí pasó a la Universidad Católica.
Un respaldo en momentos críticos
En ese trayecto aparece Jorge Alfonso, entrenador argentino. Un referente y apoyo para él. Ahmad lo llama su “padre sudamericano”. En los momentos más difíciles encontró en él estabilidad.
“Me llama Jorge y me dice: ‘Amad, nos llama a Aucas, me voy como técnico y te quiero llevar como asistente’. Entonces, claro, yo en la Universidad Católica estaba como analista y quería volver otra vez a la cancha, a hacer la carrera de entrenador. Así que dejé a la Católica”, señala Ahmad y expresa que no quiere dar muchos detalles, pero la pasaron mal.
“Nos dieron apenas una fecha de Liga Pro y decidieron ya no contar con nosotros en el primer equipo. Fue una segunda decisión emocional, tal vez. Pero, bueno, cuando las decisiones son emocionales es porque escuchas mucho al corazón y, por ahí, mi corazón decía: ‘Cancha, verde césped, anda, experimenta’. Y no pensaba que íbamos a durar una fecha”, recuerda.
Ahmad siguió. Esperó otra oportunidad.
La oportunidad y el presente en Manta
Esa oportunidad llegó en 2025 con Leones FC. Ascendieron a la serie A. El equipo creció. Su nombre volvió a circular.
Hoy, Ahmad está en Manta, en el banquillo de Delfín SC. Es su primera experiencia en el club. Encuentra un grupo comprometido. Reconoce dificultades administrativas, pero también ambición.
“Delfín es un club con historia, primer campeón de la Liga Pro. Tenemos un grupo espectacular de trabajo. Sí creo que ha sido complicado desde la parte administrativa, pero tenemos gente con muchas ganas de sacar adelante a Delfín este año”, expresa.
Mientras tanto, mira atrás. Irán sigue ahí. Es su origen. Pero Ecuador es donde construyó su vida, donde aprendió el idioma, donde formó una familia, donde se hizo entrenador.
No lo dice como consigna. Lo vive como proceso.
En el estadio, el balón vuelve a ser el lenguaje. Como en 2008. Como en aquella hoja dibujada desde un balcón. (I)




