La decisión de José Francisco Cevallos de ser candidato a la reelección presidencial de Barcelona causó sorpresa. Esto considerando que unas semanas antes, públicamente, había anunciado la determinación de no postularse por lo desgastante que había sido para él y para su familia el paso por la presidencia del club. Dijo que bajo esas circunstancias era preferible retirarse y dedicarse a sus asuntos personales; pero sin mediar ninguna explicación decidió enfrentar el nuevo reto. Algunos personajes presentes en un importante restaurante ubicado en Urdesa lo convencieron a Cevallos.

Se conoció que sus más cercanos amigos le insistieron en que era necesaria su continuidad, que no era justo que le deje a su sucesor la mesa servida después de tanto esfuerzo realizado. Que su popularidad era demasiada ventaja, en vista de que los probables contendores no le llegaban ni a los tobillos. Todas esas razones lo convencieron y luego del brindis de rigor, dijo que estaba dispuesto a lanzarse al ruedo nuevamente. La noticia de su postulación no tardó en hacerse pública.

Lo que no esperaba Cevallos es que Carlos Alfaro Moreno, quien había sido factor fundamental en su triunfo contra los hermanos Antonio y Luis Noboa, se convirtiera en su rival en las elecciones. La confirmación de que su exvicepresidente iba a ser el contendor desestabilizó la candidatura de Cevallos y ya no hubo tiempo para dar un paso atrás. Y peor en repensar la propuesta. Todo estaba dicho, las cartas estaban sobre la mesa para dos jugadores que conocían sus habilidades para barajarlas.

A Alfaro Moreno la propuesta le cayó como del cielo porque soñaba con ser presidente de Barcelona. Quién sabe, tal vez por eso se tiene siempre reservado para uno y que hace correr tantos riesgos –como la vanidad– o porque quería trascender y poder pasar a la historia si liberaba al club más popular del país del yugo y los pesares que lo han venido mortificando tanto tiempo. Es así que no perdió mucho tiempo en aceptar.

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Todo apuntaba a que la contienda entre dos figuras barcelonistas reconocidas, y con el mismo nivel de popularidad, se convertiría en factor predominante y que los socios deberían votar por el gran arquero o el gran goleador. Pero eso no sucedió porque al anunciar el Tribunal Electoral la victoria cómoda de Alfaro Moreno, se pudo concluir que por primera vez en la historia de BSC se votó por propuestas y no por la figura que encabeza la lista. Esta vez ganó la estrategia sobre el ofertismo desestructurado. Le ganó la planificación a la improvisación.

Desde mi punto de vista, y a mi saber y entender, el ganador de la disputa electoral identificó que existía un arraigado desdén de parte del barcelonismo respecto al manejo de los últimos años del club y que el colchón de popularidad del que todavía gozaba Cevallos no le alcanzaba para que unilateralmente pueda ganar sobre las nuevas propuestas. Se veía claramente que en las dos facciones había visiones totalmente diferentes. La de las alternativas, del retador, y la del continuismo, que profesaba la candidatura a la reelección.

Además era imposible desaparecer errores gruesos como la eliminación por fallas administrativas en la Copa Libertadores 2019, o la falta de claridad para sincerar las cuentas de los pasivos. Esto último apresuró que un grupo de notables, ligados por décadas de servicio al club, auspicien los gastos de una auditoría internacional para evaluar y, fundamentalmente, conocer el monto de la deuda.

También afectaron los permanentes anuncios y amenazas de sanciones contra Barcelona por deudas, lo que demostraba que el flujo de necesidades no estaban ni aprovisionado ni previsto. Hubo la defensa a ultranza, en los tribunales disciplinarios, por la inocencia de un jugador sancionado por dopaje.

También la falta de contundencia para ejercer lo que amparaba al club sobre futbolistas que quebrantaran la disciplina. Por ejemplo, el caso del jugador detenido y condenado por manejar un vehículo con niveles de alcohol superiores a los permitidos y la falta de aplicación del código de conducta contra el infractor no benefició a Cevallos, pese a su afán de ser solidario.

También está el tema de Ariel Nahuelpán, que siendo jugador activo de Barcelona no tuvo mejor idea que demandar a su club para que le resten puntos en pleno campeonato. El argentino siguió jugando en el equipo, como si no hubiese pasado nada. También desgastó las aspiraciones de Cevallos que Nicolás Asencio, uno de sus colaboradores cercanos, dijera que por ser nacido en Argentina Alfaro Moreno no merecía ser presidente del club.

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Se olvidaba el crítico Asencio que él mismo aplaudió cuando el argentino (nacionalizado ecuatoriano después de retirarse) era su vicepresidente deportivo de Barcelona. Pero creo que un tema crucial que impactó en alto grado fue la renuncia, en plena batalla, de Aquiles Álvarez (presidente de la Comisión de Fútbol, en diciembre del 2018) y del propio Alfaro Moreno. Cevallos lo calificó de cobarde, mientras que los renunciantes alegaban que el ‘comandante supremo’ había perdido el norte.

Alfaro Moreno se mostró contundente cuando les dijo a los socios que el principal campeonato que debía ganarse era el financiero, mientras que Cevallos insistía en el ‘Sigamos lográndolo’, y para ello debía continuar en su cargo. Sus principales ofertas fueron aumentar la masa societaria y en el capítulo financiero era repetir lo que hace cuatro años había sido una importante oferta de campaña, pero que hoy la realidad le quitó credibilidad.

Y entonces la motivación expresiva del voto de los socios recaía en: 1) La simpatía del candidato; y, 2) Discernir cuáles eran las propuestas realizables y cuáles eran las encantadoras.

Pienso que Cevallos fue su propio jefe de campaña, mientras que el conjunto y la pluralidad de voces sobre el contenido de la propuesta fue lo que creó una sólida perspectiva para convertir en favorita a la lista de Alfaro Moreno. Comprobado está que una campaña electoral sin estrategia, o con una equivocada, la derrota es segura, así el candidato sea bueno.

Ahora, a Alfaro Moreno y a la nueva directiva les corresponde demostrar la diferencia entre lo que se ofrece y cumplir lo propuesto; el juicio comenzará desde el primer día de su mandato. Además, el nuevo régimen deberá reconocer que tendrá que convencer a muchos que todavía no confían en tantas promesas, por lo que no habrá tregua porque saben que BSC, más que un mandato legítimo de los socios, es una constelación infinita de aficionados que están ávidos de glorias deportivas dentro y fuera de casa.

Esas razones pesan más de lo que pueda decidir una Asamblea de Socios. Los equipos ídolos son un fenómeno social con personería jurídica y su fuerza libera la gloria o condena al cadalso. El hincha del Barcelona tiene derecho a cantar como Héctor Lavoe: “Pronto llegará el día de mi suerte”, pero Alfaro Moreno y su directiva no tienen esa licencia porque con el azar o con la suerte no se solucionan los álgidos problemas que tiene el Ídolo del Astillero. (O)

 

Ahora, a Alfaro Moreno y a la nueva directiva les corresponde demostrar la diferencia entre ofrecer y cumplimiento; el juicio comenzará desde el primer día de su mandato".