Noche de copa en Avellaneda… Las caravanas llegan desde distintos puntos de Buenos Aires a ese arrabal industrioso, cruzando el puente que une la Capital Federal con la Provincia de Buenos Aires. Como el puente que separa Guayaquil de Samborondón. Es todo lo mismo, una continuación de la gran urbe, pero juridiccionalmente son comarcas diferentes. Avellaneda, antiguamente un extramuro de la gran ciudad, inundada de frigoríficos, curtiembres, metalúrgicas, talleres y depósitos, hogar de clase trabajadora, es la cuna de dos grandes del fútbol argentino: Independiente y Racing. Uno a doscientos metros del otro. Dos moles monumentales separadas apenas por una calle. La rivalidad hizo imposible pensar en un único estadio para ambos. Cada cual tiene su leonera. Y esa calle que los divide también tiene prosapia de número cinco: se llama Ricardo Enrique Bochini, el máximo orgullo rojo. Veinte cuadras a la izquierda hay otro club, Arsenal, veinte más a la derecha, El Porvenir. Avellaneda respira fútbol por sus cuatro puntos cardinales.