En abril anterior Loretta Lynch, dos veces fiscal del Distrito Este de Nueva York, juró como secretaria de Justicia del régimen de Barack Obama, presidente de los Estados Unidos. Cuarenta y dos días después ella destapaba el más grande escándalo de corrupción que se recuerde en los anales del deporte: los atracos, sobornos, extorsiones, asociaciones para delinquir, fraudes fiscales, chantaje, lavado de dinero y más prácticas mafiosas en el fútbol mundial.

Lo novedoso fue la valentía con que destapó la olla podrida que en 2001 el escritor inglés David Yallop hizo conocer al planeta con su libro Cómo nos robaron la Copa, cuya circulación quiso detener Joao Havelange mediante amenaza de enjuiciamiento al autor. La obra se vendió por millones en todos los idiomas y el brasileño, descubierto en sus negociados, jamás propuso ninguna acción. En 2006 el escocés Andrew Jennings volvió a sacudir el ambiente futbolero con su libro Tarjeta Roja, sobre sobornos millonarios en la FIFA y las implicaciones de Havelange y su secretario -luego sucesor, Joseph Blatter-. Jennings produjo además documentales, entre ellos Corrupción en la Copa del Mundo, que estremeció los cimientos del fútbol, aunque no mereció intervención judicial alguna.

La quietud y complacencia de las autoridades en todo el planeta se justificaba con el argumento de que la FIFA era una entidad de derecho privado que se gobernaba por sus propias reglas al margen del control estatal. Ese manto de impunidad que se extendía a las seis confederaciones que la forman y a las más de doscientas federaciones nacionales miembros. Cada vez que el poder estatal intentaba ejercer algún control, la FIFA amenazaba al país involucrado con dejarlo al margen de la ‘familia’ e impedirle participar en el campeonato del mundo y las competencias regionales.

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En nuestro país vivimos una muestra del ‘poder’ esgrimido por ese ‘Estado fantasma’ llamado FIFA y su engendro, la Federación Ecuatoriana de Fútbol. Cuando un club pequeño acudió a una acción constitucional de protección para impedir que se reúna un congreso ilegal para reelegir a Luis Chiriboga, que está en la FEF desde 1998, la decisión favorable de un juez provocó una tempestad. Surgió entonces el más novedoso aporte a la cultura jurídica del país, una ‘doctrina’ cuya profundidad intelectual habría provocado la envidia de Antonio Parra Velasco, Luis Felipe Borja, Alfredo Pérez Guerrero y otros maestros del derecho: la ‘Doctrina Saltos Guale’.

Según el ‘sabio’ asesor jurídico de la Ecuafútbol, este organismo no estaba sujeto a la Constitución ni a las leyes de la República. Su dependencia era hacia la FIFA y a sus propios estatutos, esgrimiendo para ello el artículo 63 de la Ley del Deporte de 2010, que dispone que el fútbol profesional se rige por las normas de la hoy vapuleada FIFA y las normas internas dictadas por la propia FEF. El juez que había dado curso a la acción de protección dio la razón a la FEF, deslumbrado por el talento de nuestro émulo de Papiniano y Justiniano, los más notables juristas del Derecho Romano.

Así estábamos hasta que doña Loretta destapó la alcantarilla. Cuando los dirigentes alzaban las copas para brindar por la impunidad que los había hecho millonarios, entraron los policías suizos y los agentes del FBI y sacaron envueltos en sábanas blancas a siete de los más altos directivos para llevarlos a los calabozos y tramitar su extradición a Estados Unidos. ¿La acusación? La más vergonzosa trama de inmoralidad y enriquecimiento ilícito de la que haya noticia. La ‘Doctrina Saltos Guale’ rodó por los suelos.

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Todo era conocido a través de los medios independientes del país hasta que el brazo justiciero de Loretta Lynch llegó al Ecuador. En la tarde del jueves incluyó en su acusación por corrupción al siempre intocable y protegido presidente de la FEF. Según el documento de cargos, el argentino Alejandro Burzaco “hizo pagos anuales de seis cifras a los acusados Juan Ángel Napout, Manuel Burga, Carlos Chávez, Luis Chiriboga, Rafael Esquivel y Luis Bedoya para asegurarse su apoyo”. Lynch resaltó que “dos generaciones han sido manchadas por actos de corrupción” y por eso su misión ahora “es limpiar este lindo deporte. Nadie podrá esconderse ni escaparse. Todos los detenidos serán declarados culpables”, precisó la fiscal general de EE.UU.

“Desde 1991 hasta el presente, dos generaciones de dirigentes del fútbol conspiraron para solicitar y recibir más de $ 270 millones, a menudo en alianza con dirigentes deportivos y de marketing, que buscaban contratos lucrativos”, denunció.

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La reacción del suspendido presidente de la FEF fue de soberbia la noche del jueves: “No he renunciado ni voy a renunciar”. Su alter ego, Carlos Villacís, respaldó a su presidente. Ese espíritu de cuerpo lo hará corresponsable, igual que a todos los miembros de la institución. Que nadie venga alegar ahora que no sabía nada. Tampoco vale la excusa de que los problemas de Chiriboga son personales. Su presencia en la Conmebol no era por ser quien es sino por ser presidente de la FEF. Así que los problemas son de todos.

El episodio más penoso es el que han dado ‘las viudas’ del presidente. Poco les ha faltado para llorar en cámaras y micrófonos. “¿Qué será ahora de la Selección, si hasta se han llevado (en el allanamiento) los papeles donde están los estudios de los rivales?”, dijo un veterano comentarista de un canal estatal. También me mostraron un tuit de otro comentarista de un canal oficial a quien le reclamaron su indolencia ante tantas tropelías. “Yo no soy periodista investigador, yo soy analista del fútbol”, dijo. Si él hubiera investigado algo no lo habrían llevado invitado a Brasil 2014. Cuando le refieren el caso coyotaje respondió: “Para mí, Luna es el mejor en su puesto y lo llevaría mil veces a trabajar conmigo”. Yo lo creía más honorable a este presentador. Me ha defraudado. “Me invitaron a viajar gratis, pero nunca firmé la venta de mi conciencia. Solo fui un aliado”, dijo sin ponerse colorado.

La Fiscalía acepta que recibió la documentación sobre el presidente de la FEF el 5 de octubre. Después de dos meses allanaron las oficinas de la Ecuafútbol y se llevaron los computadores, congelaron las cuentas de Chiriboga y dos funcionarios y se aprestan a iniciar diligencias investigativas. ¿Por qué no lo hicieron hace dos meses?

La secretaría de Justicia de EE.UU. encabeza esta labor de limpieza del fútbol. Habría que aprovechar la ocasión y que la Fiscalía ecuatoriana pida a la Embajada estadounidense que envíe las listas de las ‘delegaciones’ de la FEF que viajaron a ese país para establecer quiénes fueron los autores del tráfico de personas, pues la versión de un responsable único nunca convenció más que al periodismo adicto, mucho peor si al condenado lo esperaron en las puertas del penal y lo llevaron otra vez al cargo desde donde cometió el delito. (O)

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El episodio más penoso es el que han dado ‘las viudas’ de Chiriboga. Poco les ha faltado para llorar en cámaras y micrófonos. En Twitter les reclaman su indolencia ante las tropelías.