Convencido de la influencia que genera en su vida la energía, el artista visual Pedro Herrera Ordóñez se abrió camino internacional con una gama de obras que sus manos labran. Él trabaja en cerámica, fotografía y pintura sobre óleo y todo lo que su mente cree lo moldea sin dificultad. Su taller, desde hace 35 años, está ubicado en un modesto edificio del sector de Santa Prisca, ingreso norte al centro histórico, un barrio tradicional de Quito, aunque en dos años migrará hacia Imbabura, a una zona rocosa. Es, además, coautor del libro Deseábulos. Recientemente realizó una exposición en el Centro Cultural en San Pedro, California, un centro “lleno de artistas”.
¿Cómo fueron sus inicios?















