martes 05 de febrero del 2013 Columnistas

Kevin Gallagher y Estefanía Marchán

China, el nuevo banco de América Latina

EE. UU.

China impone cada vez más su presencia sobre América Latina. Todavía no queda claro si su influencia favorece el desarrollo sustentable en la región.

La abundancia de recursos naturales en la región atrae a este gigante asiático. Nuestro estudio ‘¿Un mejor trato? Análisis comparativo de los préstamos chinos en América Latina’ estima que, desde el 2005, China ha concedido aproximadamente 86 mil millones de dólares en compromisos de préstamos hacia países latinoamericanos. 69% de estos préstamos fueron a cambio de petróleo.

Poniendo estos datos en contexto, en el 2010, por ejemplo, China hizo más préstamos a América Latina que el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco de Exportación e Importación de Estados Unidos juntos. ¿Qué puede significar para la región esta profundización de lazos con China?

Se piensa frecuentemente que, al contrario a las instituciones internacionales y gobiernos occidentales, China ofrece términos de financiación más favorables a América Latina, no impone condiciones políticas a los países prestatarios, y sus préstamos tienen pautas medioambientales laxas. Estas creencias crean ya sea duda o lealtad hacia China en la región. PeroChina se ha convertido en la principal fuente de financiamiento exterior para Ecuador y Venezuela. la realidad es más complicada.

Para empezar, la mayoría de los préstamos chinos han sido reservados para un pequeño grupo de países sudamericanos. Argentina, Brasil, Ecuador y Venezuela –países que, con excepción de Brasil, tienen dificultad de acceder a mercados de capital mundiales– recibieron 93% del financiamiento chino desde el 2005-2011. China se ha convertido en la principal fuente de financiamiento exterior para Ecuador y Venezuela.

Sin embargo, esto no significa que el Banco Chino de Desarrollo (BCD) y el Banco Chino de Importación-Exportación –los dos bancos responsables de la mayor parte de los préstamos chinos– están desplazando a la competencia con términos mucho más favorables. La mayoría de los préstamos chinos hacia América Latina en realidad incluyen términos más estrictos que los préstamos de sus contrapartes occidentales. En general, los países latinoamericanos pagan una prima más alta por los préstamos del BCD. En el 2009, por ejemplo, una línea de crédito de 10 mil millones de dólares para Brasil, proveniente de China, fue extendida con una tasa Libor más 280 puntos básicos, mientras que otro préstamo del Banco Mundial vino tasada al Libor más 55 puntos básicos.

Para mitigar el riesgo de prestar a países con perfiles de crédito dudosos, China respalda sus préstamos con petróleo o exige compras de equipamiento chino y contratos con empresas chinas. Esto parece explicar, por ejemplo, cómo en el 2010 el BCD pudo ofrecer a Venezuela un préstamo de 20 mil millones de dólares respaldado por petróleo. El mismo año, China también otorgó a Argentina una línea de crédito de 10 mil millones de dólares para construcción de ferrocarriles. En efecto, este préstamo acabó financiando a empresas chinas contratadas para el proyecto. Estos términos significan más costos para los prestatarios, pero sin este tipo de arreglos estos países no serían solventes.

Por el lado positivo, muchos de los préstamos chinos están dirigidos a proyectos de infraestructura e industriales, esencialmente cerrando las graves brechas que hay en América Latina en la construcción de infraestructura. Además, las condiciones de financiación para préstamos respaldados por petróleo también parecen ser mejores de lo que se percibe a primera vista. Se piensa a menudo que América Latina simplemente envía barriles de petróleo a China a precios anteriormente acordados a cambio de financiamiento y, por lo tanto, se pierde cualquier incremento en el precio del petróleo. Sin embargo, nuestro análisis demuestra que China compra un número predeterminado de barriles de petróleo por día, pagando el precio del mercado del momento.

Por otra parte, las ramificaciones ambientales de estos proyectos pueden ser seriamente perjudiciales para la región. La mayoría de los préstamos chinos son para industrias sensibles desde el punto de vista ambiental y sus pautas medioambientales no están a la par de las de sus contrapartes occidentales. Esto profundiza la histórica dependencia en las materias primas de la región y pone en riesgo las perspectivas de crecimiento a largo plazo.

En el 2009, cuando las fuentes tradicionales de financiación se extinguieron dado a la crisis financiera, Pekín aprovechó para proyectar su influencia en el exterior. El carácter de estos préstamos y sus consecuencias para la región son más complicados de lo que se piensa generalmente. Existe un conjunto de razones por qué China ofrece préstamos tan grandes a países latinoamericanos. China quiere diversificar sus inversiones; Pekín está interesado en internacionalizar el yuan; y Pekín desea ofrecer oportunidades a sus empresas mientras garantiza el acceso a recursos naturales. Si América Latina reinvierte parte de esos recursos en innovación, diversificación industrial, y cuidado medioambiental, la relación con China podría ser beneficiosa para todos. De otra forma, la relación podría traer riesgos significativos.

* Kevin Gallagher es economista y profesor de relaciones internacionales en Boston University.

Estefanía Marchán es investigadora en el Global Development and Environment Institute (Centro de Desarrollo y del Medioambiente) en Tufts University.

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