AGENCIAS
MÉXICO.- Frida Kahlo olía a Shalimar de Guerlain, adaptaba sus zapatos a sus piernas desiguales y usaba ropa indígena como aliada para disimular la fragilidad de su cuerpo; estas y otras de sus intimidades salen ahora a la luz gracias a una exposición en Ciudad de México.
La colección titulada Las apariencias engañan: los vestidos de Frida Kahlo, que se abrió ayer, reúne parte de los 300 objetos personales de Kahlo (1907-1954) hallados en baúles dentro de uno de los baños de la Casa Azul, ubicada en el barrio capitalino de Coyoacán, donde Frida nació y vivió con el muralista Diego Rivera.
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Rivera (1886-1957), esposo de la pintora, pidió a su amiga, la coleccionista de arte Dolores Olmedo, mantener bajo llave los objetos hasta 15 años después de su propia muerte, para proteger la privacidad de Kahlo. Ella cumplió su promesa en vida, pero cuando falleció los baúles fueron abiertos y se descubrieron aparatos ortopédicos, joyas, cartas, fotografías, zapatos y vestidos “relativamente bien conservados”.
La comisaria de la muestra, Circe Henestrosa, dijo estar convencida de que el alma de la pintora está presente aún en todas las cosas que usó en vida. Añadió que la exposición explica cómo ella construye su identidad a partir de dos vertientes: la discapacidad y los elementos de la tradición indígena.
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El hallazgo de una fotografía en la que la pintora aparece con los miembros de su familia vestidos con el tradicional traje de tehuana confirma que Kahlo no solo se vestía así para complacer a su esposo, sino por razones más intrínsecas.
Dado el limitado espacio de la Casa Azul, solo se ha podido ubicar parte de lo hallado, aunque los objetos y vestidos irán rotando durante el año que durará la exposición. Esta incluye tres corsés artísticos, uno de ellos diseñado en cuero por el artista Jean Paul Gaultier para la firma japonesa Comme des Garçons. También tres vestidos en flores, encaje y algodón del italiano Ricardo Tisci para la casa francesa Givenchy.