Sustituir parte de las importaciones de cebada en tres años es el proyecto de la Cervecería Nacional al trabajar con pequeños productores en la provincia de Imbabura.

Para este propósito, la empresa, el Ministerio de Agricultura y el Gobierno Provincial de Imbabura establecieron una alianza para encaminar una campaña de producción de las variedades cañicapa y scarlett con fines industriales.

Publicidad

Además de bajar las importaciones del cereal, estos organismos buscan alternativas agrícolas para los productores de la zona, ofreciéndoles asistencia técnica e insumos a bajos precios, y anclarlos con la industria para la compra de la materia prima y los subproductos.

Juan Carlos Guadamud, líder del programa de cebada de la Cervecería, explica que el proyecto de investigación se inició en el 2009 con una inversión de $ 300.000 al año. En el 2010, con 17 productores se sembraron las primeras 23 hectáreas para conocer su adaptación a la zona; en el 2011 se aumentaron a 150 hectáreas y este año llegaron a 500, para lo cual se involucró a 320 agricultores.

Publicidad

Para la cosecha que se avecina a inicios de agosto esperan recolectar 1.000 toneladas en la provincia.

“Las variedades sembradas actualmente no son las adecuadas para la elaboración de la cerveza, pero el propósito es ir entregando el paquete tecnológico a los agricultores para que vuelvan a tomar la cultura de un cultivo que había desaparecido, hasta poder encontrar la calidad de materiales que requiere la industria maltera y comprar toda la producción”, destaca el técnico.

Actualmente realizan investigaciones junto con el Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias (Iniap) y diferentes casas comerciales para bajar costos de producción a los agricultores; mientras que con la industria mantienen convenios de compra que les ayuda a evitar a intermediarios y que de un precio de $ 16 el quintal se paguen $ 22, resalta Guadamud.

La Cervecería importa de 35.000 a 40.000 toneladas de cebada en grano al año. “Si logramos que el proyecto despegue como esperamos y con la calidad que requiere la industria, dejaríamos de importar del 2% al 4% del cereal”, añade.

Oswaldo Yánez, presidente de la Asociación Agrícola Plaza Pallares, de la comuna Ukshya, parroquia San Pablo (provincia de Imbabura), dice que en la zona son 110 familias las que participan en estos trabajos en 30 hectáreas.

“Esta es una oportunidad para lograr el bienestar en la comuna, no solo por la venta del cereal, sino porque en este momento la cebada es la base de su alimentación y la oportunidad de recuperar una serie de variedades que se habían perdido”, indica.

Segundo Yánez, dirigente de la organización, destaca que por la capacitación y oportunidad de ver directamente el manejo de los cultivos en Argentina, invitados por la Cervecería, han logrado tecnificarse y ahora recogen 55 quintales por hectárea.

Para este dirigente, el desarrollo llegó a la zona. La asociación adquirió con un préstamo del Banco Nacional de Fomento (BNF) un terreno de 375 hectáreas que costó $ 1’056.000, a quince años plazo, para pagarlo entre todos los socios. Las cuotas son abonadas con el dinero que recogen no solo de la cebada, sino de todo lo que cultivan en el lugar. “Ahora necesitamos que nos ayuden con riego para ser más productivos y con mayor asistencia técnica para manejar los campos”, explica el dirigente.

Roselina Caguán señala que han tenido que buscar alternativas y ser más eficientes para lograr pagar las cuotas del BNF, que hasta el momento no les permite ver el fruto de su trabajo.

Empleando su ingenio y cualidades culinarias, las mujeres de la comunidad dan valor agregado a la cebada y preparan harina, arroz de cebada y máchica, que luego venden en los mercados y dejan para alimentación familiar, por su alto contenido de vitaminas, recalca Caguán.

“Ha sido una etapa difícil, se nos va todo en pagar al banco, cuando no logramos recoger la cuota con lo que se vende de la hacienda, todos tenemos que buscar un aporte del pedazo de tierra que hemos heredado de nuestros padres y en donde cultivamos otras cosas. Esperamos con esta nueva alternativa que nuestros ingresos aumenten y que pronto tengamos las variedades que necesita la Cervecería para venderle directamente”, dice la dirigente.

Para la comunidad, los trabajos continúan y otro de sus ideales es un proyecto agroturístico, aprovechando la belleza de la zona, con variedad de flora y fauna.

La dirigente solo espera que para este sueño llegue una organización que los apoye. Necesitan maquinaria, riego y dinero para infraestructura. “Nosotros tenemos la fuerza de trabajo y el ánimo para sacarlo adelante, pero nos falta capital y capacitación”, destaca la agricultora.